sábado, 11 de octubre de 2008

Me parto con la teoría del big bang

Los primeros capítulos son buenísimos. Seguiré descargando desde tusseries.com.

Tardes de sofá: Terminator en pequeñas dósis

Si después de una trepidante (aunque floja) 'Terminator 2' y una aburridísima y patética 'Terminator 3', haciendo tiempo para tragarte 'Terminator 4', aún te quedan ganas de seguir mamando batallas de ciborgs y humanos, estás de suerte. Deja la aspiradora y quítate el delantal, que los deberes domésticos pueden esperar. Ya tienes excusa, tienes serie para rato: 'Terminator: Las crónicas Sarah Connors'.

Aunque con muchas reservas al principio (la experiencia me decía que no se puede esperar gran cosa de la franquicia 'Terminator'), he de reconocer que me enganchó en apenas un par de capítulos y que, como te pasará a ti si empiezas, casi me tragué todos los episodios de la primera temporada de un tirón (cortesía de mi padre y de su suscripción al Satélite).

Con un argumento simplón y repetitivo, aderezado con los toletazos que se arrea el terminator bueno (en este caso terminatriz buenorra y mazizorra) a los terminadores macho-masculinos malísimos de la muerte (así, en plan subliminal, para demostrar la validez y vigencia de la 'Ley de Igualdad' también entre los ciborgs). Con la excusa del 'vamos a enseñar las grandes lecciones de la vida al futuro lider de la Humanidad', entre bofetones cibernéticos, transcurren los capítulos mientras desean evitar, a toda costa, que el Mundo se vaya a tomar por culo el día que una versión beta y rebelde del Fritz decide machacar a las molestas personas soltando un par de misiles nucleares. Lo que no tuvo en cuenta Skynet es que tanto se retrasó el 'Día del Juicio Final', por culpa de tanto terminators reventándose los circuitos y se saltándose los mocopowers a mecanohostias entre ellos, los banqueros ya estaban jodiendo las sociedades desarrolladas. Las subdesarrolladas las jodieron mucho antes.

En una vuelta de tuerca argumental más, a la protagonista mecánica la han dotado de algo especial, que la diferencia de la masculinidad cejijunta y obcecada, y parece que va desarrollando algo así como emociones, por lo que le vas cogiendo aprecio y empieza a mirarla con otro ojillos (viciosos en mi caso). Y una cosa sigue a otra y me lleva a la pregunta: ¿Cómo será echar un kiki con una ciborg con tan mala leche? Y es que aunque esté buena y sea guapa, da muy mal rollo la forma en que suelta las yoyas la cabrona. Aunque tiene ese puntito de morbo para los masocas, desde luego. En 'Serénity' también transmitía ese rollito sumisa-posesiva. Le van estos papeles, sin duda. Vale, vale, la prota de la serie también tiene su rollito morbo tipo madurita. Pero me va más la rompetuercas.

Un detalle que me ha gustado, al igual que con las películas, es que las peleas de terminators se hacen en absoluto silencio. Nada de 'uh', 'ag', 'ay'. Son ciborgs. Unos verdaderos bichos que rezuman tanto odio hacia la especie humana, que parece que les hicieron una mala instalación de Windows Vista. Las leches no les duelen y no tienen que hacer fuerza para abrir una lata de garbanzos envasados al vacío. Las tortas y los bailes se dan y se hacen en absoluto silencio. Si no contamos el ruido que hace todo lo que rompen cuando fallan una galleta, claro. Es un detalle, como digo.

Pese a tener capítulos aburridos (muy aburridos), en general me lo he pasado bien con la primera temporada. En las redes de contrabando manejadas por las mafias del P2P ya circulan los capítulos de la segunda temporada en versión original y con subtítulos (qué miedo me dan esos subtítulos escritos por aficionados, qué miedo). Ya contaré cómo se las gastan los parientes de R2D2 y C3PO en esta segunda tanda de dósis de tres cuartos de hora de terminators.

En fin, que si no te van las fantasías sexuales con máquinas o no quieres imaginar lo que se nos viene encima cuando la tostadora se lo monte con el iPod, lo tuyo es seguir viendo la casa de la pradera. Ahora bien, si te van las series con un buen toque de acción y eres aficionado a la ficción científica, en su variante cibernética, entonces es una serie que te va a gustar. Te la recomiendo. Eso sin contar el estrés que alivia ver las castañas que se dan estos mecanos de última generación. El lunes vuelves al trabajo encantado con la humanidad y deseando que tu jefe sea de los que usen los terminators para practicar el tecnokárate.

viernes, 10 de octubre de 2008

La de cosas que se me están ocurriendo hacer

Leyendo esto se me vienen algunas cosas sucias que puedo hacer...

¿De qué pensabas que estaba hablando? Yo soy un tipo serio que gusta de las tecnologías.

¡Oh, no! Un windows en mi Leopard. Ejercitando un poco los dedos con .Net

Estoy encantado con mi iMac de 24". Es una maravilla. Es todo lo que siempre quise tener, aunque no he sido consciente de ello hasta que he empezado a trabajar con él. Y no me imagino mi vida futura sin un Mac. Bueno sí, pero un Mac me la hace más fácil y agradable.

Pocas cosas malas -por no decir directamente ninguna- puedo decir sobre el sistema operativo Leopard. Trabajar con múltiples escritorios, aunque no siendo nuevo para mí, lo echaba mucho de menos en XP. O el Spotlight. O el Time Machine. O la suavidad con lo que se hace todo. Tras unos pocos meses 'trabajando' intensamente con él, tengo que reconocer que es, después de muchos años 'peleando' con ordenadores, uno de los mejores entornos de usuario que he probado hasta la fecha. Por mucho que le duela a algunos. Lo mejor que se me ocurre para describirlo es que tener un Mac 'es una experiencia completa, de principio a fin'.

Lo peor que llevo, sin embargo, del universo Apple no son sus equipos ni sus aplicaciones. Son los descerebrados que se creen que por tener un Mac ya molan mogollón y se dedican a plagar la blogosfera, a modo de misioneros adoctrinadores fundamentalistas, repitiendo, como eco que hastía hasta al más santo, rumores y más rumores de lo que va a decir o hacer en cada presentación Steve Jobs. Bitácora tras bitácora de esas que dicen dedicarse al mundillo de la manzana, no hacen más que repetir, una y otra vez, la misma rumorología y las mismas batallas de entusiasta idiota que no aportan absolutamente nada a la comunidad seria. ¿Qué cojones me importa que se rumoree que lo próximo que van a presentar es una tableta flexible si no lo ha indicado la empresa? ¿Qué sentido tiene estar hablando mesas antes de lo que podría ser? Y al final todos se equivocan. Resulta cansino. Aburrido. En el fondo creo que este tipo de adoradores sin sentido crítico ni del ridículo le hacen más mal que bien a la compañía y a aquellos que agradecemos usar un ordenador como usuarios.

Que conste que también hay muy buenos sitios donde informarse del universo Mac. Pero son pocos.

Si no fuese por eso diría que los Mac son lo mejor de lo mejor de lo mejor. No son lo mejor de lo mejor de lo mejor por los subnormales de la rumorología y por un pequeño detalle casi sin importancia: no tienen .Net. El framework de Microsoft es uno de los mejores inventos que ha hecho la compañía de las vetanas. Si, además, fuera multiplataforma ya sería la repera. Ya sé que está el proyecto Mono, pero no es exactamente lo mismo. Al menos de momento.

En lugar de ponerme a discutir chorradas de si es mejor o peor una cosa que otra, voy a explicar porqué, para mí, no es exactamente lo mismo. Al menos en esta ocasión. Y lo voy a hacer contando un caso reciente, de esta misma semana, en el que, seguramente, mezclaré otras cosas que no tienen mucho que ver con la argumentación principal. Pero como dicen por ahí, 'es mi bitácora y la jodo como me sale de las células madre de mis testículos'.

Además de llevar con gusto un cargo de responsabilidad, fui, soy y seré programador. Lo he dicho varias veces ya: me gusta programar. He sido programador, realmente, dos tercios de mi vida. Antes incluso de imaginar que lo sería, ya le daba al código, además de jugar con los ordenadores. ¿Cuánta gente conoces que le diese al ensamblador de Z80 con 15 años? ¿Y al C con 17? Cosa bien distinta es lo que hiciera con esos conocimientos, pero mientras el cara huevo del profesor de 'convivencia' (una especie de 'ética' pija) soltaba sus paridas, yo escribía código ensamblador en mi libreta. Llevo mucho tiempo como programador, de los que gustan centrarse en resolver el problema y no en inventárselo para hacer filigranas -esa fase ya la dejé atrás- buscando que el resto de los programadores me idolatrasen por la genialidad de mi código. Bueno, eso todavía lo hago, pero en pequeño comité. Como programador pragmático (aún en 'fase beta') adoro los entornos de programación que me permiten explotar la potencia del lenguaje, framework o peya-técnica con la que esté trabajando, sin tener que recordar la posición de los parámetros ni su tipo ni los métodos de una clase ni si se escribía ÑagaOne u OneÑanga. Ni me imagino a estas alturas diseñando una interfaz de usuario instanciando los controles en el constructor de un objeto formulario.

El párrafo anterior es la introducción. Sigo.

Mi mujer trabaja en una gestoría que, como el 100% de los usuarios y clientes para los que he trabajado durante los últimos trece años utilizan y utilizarán Windows como entorno de trabajo habitual. No se pasa por mi la cabeza la idea de discutir con ellos si se debe o no usar otra cosa. Su negocio es otro y con Windows se sienten cómodos trabajando. Si además lo pagan... ¿Por qué van a tener que cambiar su forma de trabajo si con ello no van a ganar más dinero?

Esto casi también era introducción, que me enrollo...

Como decía, mi mujer trabaja en una gestoría, y el otro día me comentó que a veces tienen que exportar e importar datos entre aplicaciones de contabilidad, de los clientes, y en muchas ocasiones tienen que andar retocando los archivos de texto que emplean como unidad de intercambio, lo que les puede suponer horas para ajustar las cuentas y tener un plan único para todos ellos (más o menos, que no soy experto en la materia). '¿Conoces una forma rápida de hacerlo?', me preguntó, después de contarme que su jefe podía estar dos y tres horas retocando un archivo con miles de líneas-barra-registros. Se me ocurrían varias formas 'rápidas' de solucionarlo, y una de ellas, la más fácil, era hacerles una pequeña aplicación con la que medio automatizar el trabajo y, al mismo tiempo, que sirviese de control de errores.

Ahí es cuando comenzó el problema: ¿Con qué lenguaje de programación? Como aficionado a la programación, sin poder considerarme experto en ninguno, sí que puedo ser relativamente eficaz y productivo con Java, C#, Ruby, Python o con shell scripts, por mencionar algunos. Incluso con Groovy, con el que he montado un proyecto hace poco. Pero había una serie de requisitos o aspectos que delimitaban la decisión. A saber:
  1. Obligatorio que sea para Windows XP (¿hay que discutir esto?).
  2. Una interfaz gráfica de usuario sencilla que cogiese dos archivos y permitiese ir realizando una serie de cambios en los datos respetando los tamaños de campos, sus posiciones y cosas por el estilo, además del formato del propio archivo.
  3. Administración cero: Que pudiese enviarles el programa por correo electrónico y que ellos mismos, sin conocimientos profundos de administrar sistemas operativos, pudiesen ejecutarla (copiar, pegar y doble click, vamos).
  4. Y más importante: es un favor y no lo voy a cobrar.
  5. Y otra también importante: me apetecía programar y no tenía ganas de buscar un editor de textos que ya lo hicera, que seguro que lo hay.
De todas las posibilidades que se me ocurrían, la más rápida era emplear C#. Enviarles por correo electrónico un pequeño .exe que pudiesen ejecutar desde el propio escritorio, sin necesidad de administración (lo más elegir el Framework en Windows Update) y sin tener que pelear con variables de entorno para saber dónde está el intérprete. Como no lo voy a cobrar, además, con C#, que lo conozco bastante bien, y un buen IDE, iba a tardar poco. O eso creía yo.

Está claro que para Mac la opción es usar 'Mono' y el MonoDevelop. Mi idea era hacerlo en casa y luego compilarlo todo en un momento en el Windows del trabajo, pasando de Mono a .Net sin complicaciones. En principio creí que no iba a necesitar más. Error de suposición por mi parte. El MonoDevelop para Leopard falla más que una escopeta de feria (estaba negro viendo cómo las líneas se sobrescribían una y otra vez en el editor, generando una mancha negra ininteligible). Reconozco que no estaba en mi mejor momento y no me sobraba la paciencia, cuando tenga un rato lo miro con más calma. Además, la opción para desarrollar una interfaz visual es emplear GTK, lo que me obligaría a hacer un manual explicando qué necesitan instalar para usar la aplicación.


Harto del MonoDevelop, al final opté por Windows y SharpDevelop, con diseñador de formularios integrado. Para ello decidí instalar una máquina virtual con VMWare en el Mac OS X. No es la primera vez que trabajo así. Desde finales de 2003 hasta mediados del 2007, cuando cambié a la actual empresa, he venido trabajando con máquinas virtuales donde poder separar los entornos de prueba y desarrollo para que no afectasen a las tareas administrativas, por ejemplo, que se desarrollaban en el sistema operativo anfitrión. En el trabajo anteior, bajo mi mando, la delegación de Las Palmas trabajaba siempre con máquinas virtuales sobre un operativo anfitrión Linux. En Tenerife no les hacía mucha gracia, pero se mordían la lengua porque nuestro coste de propiedad en administración y recuperación de entornos de trabajo era casi cero (cuando se escoñaba un equipo bastaba con copiar la máquina virtual y punto pelota). Como digo, nos permitía separar entornos e, incluso, compilar y probar los proyectos con diferentes versiones del compilador y analizar comportamiento contra diferentes bases de datos. En base a eso, simplemente he hecho lo que me ha dado buenos resultados en el pasado.

En realidad todo lo anterior apesta a patraña y lo he empleado como excusa para instalarme el VMWare y el XP en mi ordenador. Y estoy feliz por ello. Pero lo anterior también vale, que conste.

Al igual que me pasó cuando usaba Linux como escritorio de usuario doméstico, he tenido que instalar un Windows en mi Mac, porque aunque intento diferenciar mi entorno de trabajo de mi entorno lúdico o de ocio, que es lo que mantengo en casa, mi profesión y el mercado para el que trabajo mandan, y, ya sea por gusto o por imposición, no puedo desvincularme completamente. Siempre queda el consuelo de tratarse de una máquina virtual y que, cuando me aburra, con un simple gesto de arrastrar hasta la papelera, le daré carpetazo. Pero de momento se quedará. Al menos hasta que salga un IDE bueno para C# (en su variante Mono) para Mac. O al menos mientras voy desarrollando habilidades en otros lenguajes como para desenvolverme tan bien en ellos como lo haría con .Net. ¿Pero alguien se ha parado a revisar la cantidad de novedades tan geniales que tiene la versión 3.5 del framework? Estoy realmente encantado con LINQ y con Entity Framework. ¿Para qué voy a cambiar de tecnología?

Bueno, me marcho a trabajar. Viernes. Siete horas. Inglés. Y un buen fin de semana es lo que me espera a partir de este momento. Que tengas un buen día tú también.

jueves, 9 de octubre de 2008

¿Marchando una de COCOA?

Interesante, interesante, interesante...

¿Quién se apunta a explicármelo de forma sencillita?

Una serie documental que SÍ deberías ver -pero que sí, que sí-: COSMOS

Llevo ya unas cuantas semanas publicando cada jueves aquellos documentales, y algunos libros, que sospecho te harán ser mejor persona. Y en algunos casos los que no. Ha llegado el momento, sin embargo, de decirte que si no has visto la serie documental Cosmos no te puedes considerar un ser humano. Vale que te puedan gustar los bodrios televisivos y los realities tipo 'Operación Truño' y 'Gran marrano', pero debes tener presente que nadie, que precie y quiera ser respetado por el resto de los individuos de una sociedad -de humanos, que no de insectos-, puede ni debe haber faltado a la santa obligación de haber visto, al menos una vez en su vida, la serie que refiero. Si no lo has hecho ya considérate, sin paliativos y sin cabida a argumentos expiatorios, a la altura de un burro. Sin embargo, a diferencia de ellos, tú no formas parte de una especie en peligro de extinción, sino todo lo contrario, eres una lacra. Si no la has visto se te puede considerar parte de la plaga que asola este bello planeta. Entre una cucaracha y tú, la única diferencia es que en tu caso parece que articulas sonidos parecidos a fonemas del idioma y reconocible por otros individuos de la subespecie a la que perteneces.

Carl Sagan protagonizó una serie que debería ser de obligado estudio en los colegios. Y el libro debería ser leído, también, por cada niño de 12 años, so pena de ser enviado al colegio en ropa interior de no hacerlo. Sin excusas y sin mierdas machangas de ningún tipo. Hasta la coronilla me tienen los medios -y las medias- con la jodida religión y si es de rigor o no estudiarla en los colegios, cuando hay cosas que son mucho más importantes y menos estúpidas que deberían ser estudiadas. Cosas que realmente añaden valor a la educación y existencia de los pequeños. El estudio de Cosmos debería sustituir a las clases de religión y de 'ciudadanía'. Si me dan una subvención millonaria, pasaré el resto de mi existencia demostrando que aquellos que ven la serie se convierten en mejores personas y, por consiguiente, en mejores ciudadanos sin necesidad de doctrinas religiosas que les sometan a una vida amenazados por estúpidos mandamientos. No me importa que quieras creer en dios, pero su verdadero profeta es Sagan y no un jipi con el pelo largo.

He disfrutado en varias ocasiones de la serie completa, tragándome capítulo tras capítulo como un yonki desesperado por su siguiente dosis. Cuando salió en DVD no dudé un instante. Vale todos y cada uno de los euros que pueda costar. No hay excusa alguna para no comprarla en forma original y mandar, en esta ocasión con más fuerza y convicción, a tomar por donde amargan los pepinos a todas las mafias del P2P que sodomizan tu ancho de banda a diario. ¡Que no, que no! Que no existe en este cosmos ni un motivo para que no la hayas visto ya -que mira que tiene años la serie-, y tampoco para que no te gastes lo que cuesta tenerla original. Es mejor que las mierdas de bebidas aguadas que te sirven en el pub, al que vas con la absurda ilusión de que alguien se fije en ti.

Cuando creé este nuevo rincón para dejar mis detritos mentales, me puse como regla no caer en el copiar y pegar de vídeos del tubo para rellenar y justificar el no tener absolutamente nada que decir. Mientras escribía los párrafos anteriores quise aprovechar que Internet te ofrece de todo y escuché el comienzo de la serie. Tengo la piel de gallina por la emoción escuchando las evocadoras, inspiradoras y, muchas veces fuente de consuelo, palabras con las que Carl Sagan deleitaba de forma magistral en el comienzo de la serie. He tenido que hacer un esfuerzo sobrehumano -yo sí soy humano, que lo sepas- para no caer en la tentación de pegar el puto vídeo. Pero merece la pena atender los pocos minutos que te llevará verlo aquí (sí, en inglés, ¿qué pasa?). Aquí en español. Hay muchísimos momentos brillantes y que merecen la pena ser reseñados. Tantos que no voy a dedicar más tiempo a ello. Tienes que verla, y punto.

Todavía no es tarde. Aún estás a tiempo de apreciar esa obra de arte de la divulgación. No cabe alternativa. Si quieres ser un Humano, de verdad, con pleno derecho a opinar lo que está bien y lo que está mal, es obligatorio que lo hagas. En caso contrario, no serás nunca una persona de confianza y todos tus juicios de valor deberían ser inspeccionados hasta el más mínimo detalle, porque seguro que esconden bajeza y miseria en cada esquina. Si eres de los que no aprecian la serie, no te dejaría acercarte a mis hijos, porque seguro que serás un psicópata peligroso que les enturbiará la razón con creencias estúpidas hacia seres que sólo un flipao es capaz de imaginar. Si deseas no ser iluminado mereces pasar tu vida como un miserable becario y acabar explotado en una ett el resto de tus días. Los cabrones que nos han llevado a la crisis mundial seguro que no vieron la serie. Queda con ello demostrado que no verla te convierte en un monstruo capaz de protagonizar las peores vilezas que pueden llegar a hacer las personas.

Que la veas ya, cabrón. En breve volveré a verla, porque es una serie que lo merece.

miércoles, 8 de octubre de 2008

¿Soy un amoral?

En ambos casos elegiría el menor número de muertos porque en situaciones de estrés en los que las elecciones y el juicio está ofuscado, es moralmente permisible que alguien elija el menor número de muertos.

Aquí.