Mostrando entradas con la etiqueta amasijos de notas de crecimiento armónico ponderado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amasijos de notas de crecimiento armónico ponderado. Mostrar todas las entradas

jueves, 25 de octubre de 2012

Arrebato

Contigo atraparé los sueños
que fueran clandestinos,
aquellos que aún no tienen dueño,
acaso el torbellino...
Y mantendremos el empeño
de combatir molinos,
que la razón, sin el ensueño,
produce desatinos...

Canción 'Arrebato', Disco 'Alevosía'
Luis Eduardo Aute

lunes, 9 de julio de 2012

El medievo con tu ano

Que se me caiga el pito si miento, pero juro que no recuerdo cuánto hace que dejé de descargar canciones de Internet, parche en el ojo incluido. Hace mucho, eso sí lo sé. ¿Cuatro? ¿Cinco años? Es posible que seis; incluso siete. Aburguesarse implica pagar por la música, y eso es lo que empecé a hacer. (En realidad continuar, porque mi colección de CDs, sin llegar a ser portentosa, era digna de elogio para ser un estudiante pobretón). También sé que justo antes de dejarlo, por aquello de «la última vez, cariño, y mañana te respetaré y no lo diré a nadie lo que me has hecho, so guarra», dejé el ordenador unas dos semanas descargando durante veinticuatro horas cientos de discos. Todo lo que pillaba en los foros del pirateo inmisericorde. De forma indiscriminada bajaba desde blues y jazz hasta reguetón. El 99% de aquella tonelada de zips y rars acabó arrinconado en un disco duro extraíble y, pasado el tiempo, borrado miserablemente cuando necesité espacio para cosas más interesantes con la convicción de que, además, nunca llegaría a perder tiempo en clasificarla ni rescatar ninguna cosa. Es complicado rescatar cuando no se sabe exactamente qué hay que rescatar. El 1% restante, que tiempo después incorporé a la biblioteca iTunes, lo fui eliminando paulatinamente. Si no lo escucho no merece la pena dejarlo; y escucho lo que compro. Lo compro porque me gusta. Si me gusta, lo escucho. En fin, un círculo vicioso.

De vez en cuando, sin embargo, tropiezo con algún superviviente de los sucesivos exterminios. Emerge cuando dejo al DJ de iTunes que amenice las tardes de programación. Y así ha aparecido una canción de Mamá Ladilla, grupo del que no tengo especial recuerdo de buenas canciones debido a su estilo particular, que se me antoja de usar y tirar, que ha conseguido, sin embargo, hacerme sonreír y, de hecho, la he escuchado de forma compulsiva durante un buen rato. El título 'Sucedió en Beckelar', y un estribillo que da título a esta entrada. Parte al menos. En la web del grupo podrán disfrutar, con animación flash grotesca incluida, de la canción de forma íntegra. Puede herir la sensibilidad —o sensiblería— de alguno.

Ha conseguido sacar mi lado gamberrete. Y el republicano. ¿Quién se apunta a quemar palacios y decapitar a miembros de la realeza? Los elefantes del Mundo nos lo agradecerán.

domingo, 19 de febrero de 2012

Transformerinmersión

Acabo de terminar de ver la tercera parte de Transformers, recién alquilada de la PlayStation Network. Las tres películas tienen al menos tres cosas en común. Son aburridas; la tercera tanto o más que las anteriores. Las chicas que le ponen como novias al protagonista están demasiado buenas como para creerse uno que lo elegirían deliberadamente como pareja sexual, por mucha belleza interior que tenga el chaval; aunque reconozco que no les llego a ver el punto sensual (y los labios de la última dan grima). Y, por último, que en las tres cintas la banda sonora corre a cargo de Steve Jablonsky. Para mi gusto, lo mejor de las películas. Y es que vienen plagaditas de temas cojonudos, aunque el compositor se repite entrega tras entrega. Resultan fantástica compañía para los viajes en tren.



Deciphering the Signal convierte la llegada a Atocha en algo casi fantástico e irreal, como sacado de otro mundo. Si alguien conoce el paisaje urbano que atraviesa el tren, bajo puentes y estructuras de hormigón y viendo una decena de vías que convergen, sobre solares estériles, cuando llega a Atocha, y se pone este tema, experimentará lo que digo. Hormigón y acero inertes. O no lo experimentará. Que para neuras, las propias de cada uno son suficientes.

lunes, 13 de febrero de 2012

BSO Sherlock Holmes 2, pasable

No he visto aún la película, aunque supongo que será bastante floja (o mala, directamente). La primera sí me gustó. Es que soy raro. sin embargo Hans Zimmer es casi un valor seguro, pese a que se repite más que el ajo. De todas formas estaba a 6 €, como para decir que no, y la primera —la banda sonora, claro— me encanta. Ésta también merece la pena, aunque es mayormente una repetición exhaustiva de la primera, con variaciones, algunas al estilo mariachi, que sin aportar nada nuevo, hacen pasar el rato. A falta de grandes temas, también hay algún buen tema como para no sentir que has tirado el dinero.

miércoles, 18 de enero de 2012

miércoles, 11 de enero de 2012

Una de vídeos/canciones

Fue mi amiga Noelia Bermúdez quien me "presentó" a esta cantante. La adaptación de la canción de los Beatles fue lo primero que encontré en Internet. El vídeo me atrajo e inquietó al mismo tiempo. No me dejó indiferente. Aburrido y con tortícolis, con varios discos de ella ya en mi iTunes, y puesto a repasar cosas que me gustan, lo reencontré. Me sigue resultando fascinante.



Puestos a "redescubrir", aquí el tema que Morphine que me "enganchó" a esta banda.



Hace mucho Eduardo Adrian me recomendó que escuchara a este cantante. Tomé apunte mental, pero como tengo la cabeza más bien vacía, se hundió en lo más profundo, revuelto con y cubierto de muchos otros apuntes mentales. Hace poco lo rescaté y me puse a escucharlo. Me ha encantado. Oferta (entonces) en iTunes y los 4 discos por poco más de 20 €. Ha merecido la pena. ¡Gracias Eduardo!

lunes, 9 de enero de 2012

iTunes Match sincronizado


Bueno, he aprovechado estos días para dejar sincronizando (a una velocidad de tortuga paralítica) mi biblioteca iTunes con la nube. Ya tengo más de nueve mil canciones «arriba». Pero aún tengo muchos CDs originales por incluir. Que si no lo he hecho hasta ahora, no tengo muy claro que lo vaya a hacer en los próximos mil años. Siglo arriba, siglo abajo.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Dragonheart, again

Una vez al mes, coincidiendo con la primera visita que hago a mi casa, a ver a la mujer y, si da tiempo, a la familia, me enchufo a la iTunes Store y me compro algún disco. Es una práctica que llevo haciendo, en realidad, desde antes de irme a Madrid: Todos los meses cae algún disco. A veces, muchas veces, que es lo malo, más de uno.

En general lo que hago es pasear por las diferentes secciones y elijo alguno que me atraiga la atención. Es rara la ocasión en la que vaya a tiro hecho a por uno en concreto, pero hoy he ido a buscar el que me interesaba: la banda sonora de Dragonheart, compuesta por Randy Edelman. Supongo que tiene mucho que ver que disfrutase de la película justo hace unos días como un niño pequeño, tal como lo hiciera ahora hace una cantidad amoral de tiempo. Randy Edelman no es uno de los compositores que tenga en especial estima, pero esta banda sonora es hermosa y acompaña muy bien en los largos, e invernales, paseos en tren. A disfrutarla toca(rá).

jueves, 15 de septiembre de 2011

Música, Depeche Mode y el tren

Tanto tiempo en el tren da para escuchar mucha música, una de las actividades pasivas que más disfruto. Tantos años comprando -con alguna incursión a la cueva de Ali Babá también, lo confieso- traen consigo que muchas veces no recuerde qué llevo en el iPhone, en el que no caben todos los gigas acumulados en iTunes. Cansado de decidir, paso a escuchar ahora de forma aleatoria, lo que tiene la ventaja del redescubrimiento. Hoy me alegré muchísimo al comenzar a escuchar este tema del directo 101, que tantos buenos recuerdos me trae de los años de instituto. Si es que soy un romántico :-)



[Publicado originalmente en mi muro de Facebook el 7 de septiembre]

sábado, 25 de septiembre de 2010

'Inception'

Ojo si no has visto la película. No cuento nada del argumento, pero durante mis divagaciones psico-filosóficas puedo darte algún dato, alguna información u opinión que podría predisponerte a cómo verías la película y, por ende, fastidiarte lo que podría ser una de las mejores experiencias psicocognitivas que se te ofrecerán en este pésimo año 2010. Así no me extraña que Sulaco [Distorsiones] la haya visto como diez veces ya. Se presta a eso, desde luego.

Allá tú si sigues a partir de este punto.

He hecho un pequeño experimento. No es la primera vez, pero es lo suficientemente raro como para no recordar claramente en qué otras ocasiones compré una banda sonora antes de ver la película. Sé que lo hice con 'Killing Fields' de Mike Oldfield porque estaba en «mi época Mike Oldfield» y compré todos y cada uno de los discos que había sacado hasta el momento. Alguna vez más, pero no sabría decir cuáles. Sean cuales fueren, la última ha sido la de 'Inception', que en España se ha llamado 'Origen'.

Ninguna de las películas de Christopher Nolan [@ Wikipedia] que he visto me ha defraudado, aunque me he dejado la primera en un camino relativamente poco poblado de producciones. 'Memento' me pareció buenísima. La enésima reconstrucción de Batman me parece prodigiosa —tanto que a día de hoy tan solo hay un Batman de verdad y el resto son meras parodias del personaje— hasta el momento con sus dos películas a cada cual mejor. 'The Prestige' estuvo entretenidísima. Incluso la de 'Insomnio' cumplió bastante bien y no salí con mal sabor del cine cuando la vi. Ahora le ha tocado el turno a 'Inception'. Creo que a día de hoy es uno de los pocos directores a los que le sigo siendo «fiel» e intento ver sus películas en el cine antes de volver a verlas en alta definición arropado por el Home Cinema doméstico. 'Inception' no iba a ser una excepción. Máxime cuando las opiniones «de fiar» la tildan de magistral. No iba a ser una excepción aunque casi acaba siéndolo.

He ido dejando pasar el tiempo, primero porque me iba de vacaciones y luego por los jaleos en el trabajo, diciéndome todos los días que del siguiente fin de semana no pasaba. La he ido dejando pasar olvidándome que Las Palmas no deja de ser una ciudad pequeña y que aquí se pierde el interés por las novedades de cartelera como se pierde el interés en el papel higiénico tras limpiarse el culo. Tan pronto lo coges, acaba cayendo en el cagadero del olvido. En Las Palmas las películas no duran un suspiro en la cartelera. Fui corriendo el jueves porque era el último día que la ponían en el cine. In extremis, casi.

Antes de enterarme de que la quitarían de cartelera esta semana, me juré el lunes que de esta no pasaba e, inspirado por las palabras de Adastra sobre la banda sonora [Inception], además de por el hecho de que escucho con muchísima frecuencia uno de los últimos trabajos de Hans Zimmer [@ Wikipedia], 'The Dark Knight', cooperando con otro grande de las bandas sonoras, James Newton Howard [@ Wikipedia], pasé por caja en iTunes Store para ir abriendo boca (no, no le hice caso y no las escuché en YouTube; ¡faltaría más!).

Hay un par de temas que inmediatamente se han convertido en ídolos que adorar por mi DOC. Buenísimos. El contador de reproducciones está que echa humo en esos temas de tanto repetir. Aunque, para ser franco, en su conjunto la banda sonora tampoco me parece tan excepcional. Como conjunto sigo prefiriendo la mencionada hace un momento 'The Dark Knight'. De hecho, por usar el apelativo empleado por Adastra, me parece mucho más épica la banda sonora de 'Gladiator', del mismo compositor y de hace una década. Tal vez esto sea lo que tiene escuchar una banda sonora antes de ver una película, que no llena igual.

La banda sonora musical es una parte importante y vital de una película, eso no hay quien lo discuta (salvo los de Dogma, claro). Cierto que hay muy buenas películas sin música, pero si la banda sonora es la correcta, el maridaje, la experiencia conjunta, se convierte en magistral, en colosal incluso. El proceso normal es ver la película y que la banda sonora penetre a nivel subliminal en uno, saliendo de la sala con un buen sabor de boca. El segundo paso es hacerse con las pistas de sonido y rememorar secuencias especialmente emotivas. Ahí está lo grande, porque la banda sonora hace de catalizador, de recordatorio, de las sensaciones vividas o experimentadas tras ver la película. Son pocas, muy pocas, poquísimas, las bandas sonoras que podrían vivir sin la película; de conseguir tener una forma de existencia independiente y convertirse en evocadoras de sentimientos sin pasar por la visualización previa del metraje. No, por desgracia, o por suerte, las bandas sonoras de películas son criaturas dependientes. La banda sonora de 'Inception' no es una excepción.

¿Pero qué pasa cuando uno se lanza a escuchar una banda sonora sin haber visto la película? No puedo hablar por el resto de la Humanidad, pero cuando una banda sonora es tan dependiente como lo es la de esta película, mi cerebro ha estado recurriendo a recuerdos intentando llenar lo que faltaba. Sin tener ni una sola idea de la historia —me negué rotundamente a que nadie me contara cualquier cosa ni a leer absolutamente nada que apestara a posible reventada de argumento. ¡Ni la sinopsis he leído!—, sin haberla visto por tanto, no sabía si mi cerebro estaba rellenando con imágenes y sensaciones de la película más acertada por el tipo de banda sonora o si es que debería empezar a tomar ya la medicación que me mandará el psiquiatra cuando decida visitarlo. El caso es que cuanto más la escuchaba más ganas tenía de volver a ver la película 'Dark City', una película, permítaseme decirlo, fantástica y sobresaliente. Cuanto más la escuchaba más me recordaba a las sensaciones vividas con esa película y su también fantástica banda sonora.

Después de verla he entendido por qué. Personalmente creo que la banda sonora de Trevor Jones [@ Wikipedia] es incluso más épica —¡epiquísima!— que la de Zimmer y —¡herejía! ¡herejía!— hubiese funcionado igualmente bien con 'Inception'. Y si no me crees, y has visto la película de Nolan, intenta decirme qué partes de la misma te evocan o hacen recordar los siguientes temas: The Wall, Into The City, The Strangers Are Tuning o You Have The Power. Todas en YouTube. Sinceramente, dime si no son dos bandas sonoras que te encajan/intercambiables la una con/por la otra.

Eso sí, de tanto hablar de ella, me han entrado unas ganas irrefrenables de escuchar compulsivamente la banda sonora de 'Dark City'. A ver cómo consigo hacerme con ella. No hay forma de engañar a Amazon para que me la venda en MP3. Y parece que únicamente se puede conseguir en USA. Mientras busco la forma, y de momento, seguiré amortizando la compra de 'Inception' durante unos cuantos días más. Que sí, que lo confieso: cada vez que la escucho me gusta más y, después de todo, Adastra va a tener razón: «Hans Zimmer debe desayunar trolls vivos todos los días».

Si pudiese repetiría al menos otra vez más en el cine. Pero tendré que esperar a diciembre o enero, como muy pronto, para poder verla en Blu-Ray en la tranquilidad de mi salón.

lunes, 29 de marzo de 2010

'Songs From a World Apart'

En general tengo un apetito inmenso por vivir nuevas experiencias (abstenerse los calenturientos mentales, que no me refiero a las de ese tipo, no). Eso se concreta, mayoritariamente, en buscar cosas nuevas que aprender —de ahí que ande siempre saltando de una cosa a otra (reflejado en mi C.R.M.)— y, en la práctica, por escuchar música nueva, nuevos sonidos. Y, cuando el cambio de divisa lo permite o he asumido el rol de hormiguita en detrimento del rol de cigarra, viajar.

La banda sonora de la película-documento-denuncia Home —¿pero aún no la has visto?— fue todo un descubrimiento. La música de Armand Amar, al menos la de esa película, no deja impasible. Tiene la capacidad, el don, de removerte por dentro cuando la escuchas. Es algo más que música de fondo. Lo mío con este compositor se podría calificar de amor al primer acorde.

Como suelo escuchar mucho esa banda sonora, es normal que la barra de Genius, ese nuevo invento de Apple para recomendarte música afín a la que estás escuchando en iTunes, bombardee con otros discos del compositor. Sé que podría desactivar la funcionalidad, pero me gusta ver qué otras cosas me ofrece el mundo de la música según los de Apple. En uno de los fines de semana que estuve por mi casa durante mi temporada en Madrid, saltó el disco 'Songs From a World Apart'. Puede que lo hubiera ofrecido en otras ocasiones, pero no siempre presto atención. Enseguida me atrajo la idea: Música de (o inspirada en) Armenia y de Armand Amar. Así que, siendo afín a mi intención de descapitalizar la economía doméstica (coherencia arbitraria, que le dicen, o nuevamente el rol de la cigarra), no dudé dos segundos en pasar por caja y comenzar la descarga de las canciones. Quería llevármelo en mi iPhone y escucharlo con calma en la oficina.

Se trata de un disco del sello Long Distance en el que el verdadero artista es Lévon Minassian. Puntualizo y corrijo, pues sospecho que el trabajo de Armand Amar también es importantísimo —si no es más importante— en este disco. El centro orgánico y punto de referencia de —y durante— toda la música del disco es el increíble sonido del duduk tocado magistralmente por Lévon Minassian. Leí que el duduk, un instrumento que yo ni sabía que existía pero que parece sonar mucho en muchas películas, es el único instrumento capaz de transmitir el dolor y la pena. No sé si se puede llegar a decir tanto, al menos en este disco, pero desde luego sí que consigue evocar imágenes de otros lugares, de otros mundos, en una composición magnífica. Cerrando los ojos resulta casi posible atisbar los paisajes, los lugares, las gentes que se dibujan en los sonidos de cada uno de los temas de este trabajo conjunto. Un disco para soñar despierto y para disfrutar en soledad. Música intimista con toques melancólicos. Hace sentir morriña por una tierra que ni siquiera es la tuya. Muy recomendado.

Por supuesto hay que poseer cierta inquietud humana y cierto talante estético, por no decir directamente una gran sensibilidad, para apreciar esta obra, pues se aleja mucho de lo que se parte y reparte en el seno de las gestoras de derechos de autor y de los medios de masas. Si crees que podría interesarte o no estás seguro de que sea de tu altura musical, y antes de recurrir a las redes de vagos y maleantes que infestan la red de redes, puedes escuchar aquí el primer tema del disco, Hovern' Engan. Mientras siga disponible, claro. Para mi gusto no es, precisamente, el mejor de los temas. Los hay mucho mejores. No habría de perderse la oportunidad de averiguarlo por uno mismo.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Elogio a los programadores de visualizadores de música

No recuerdo dormir tan bien durante tanto tiempo como lo hago desde que estoy en Madrid. Tal vez sea porque por las noches hace más frío y ayuda a aturdir los sentidos. O que «me tienen explotado», como me dice o recrimina el amigo sulaco, y llego rendido. Lo cierto que por una causa, por otra o cualquier motivo desconocido, duermo de un tirón la mayoría de las noches. No duermo mucho. Con cinco o seis horas para mí es suficiente. Pero son aún mejores si las duermo de un tirón. Como llevo haciendo seis semanas.

Sin embargo, las viejas costumbres rara vez se olvidan y, de vez en cuando, hay alguna noche que me desvelo antes de tiempo. Son noches que la cabeza gira a millones de revoluciones por minuto. Así que con esa celeridad neuronal, es estúpido intentar seguir durmiendo. Pocas alternativas tengo cuando mi cerebro decide funcionar a ese ritmo. Ahora intenten imaginar lo que podría suponer para cualquier cuerpo, animado o inanimado, verse acelerado de cero a cien mil en apenas un microsegundo. Quedaría destrozado inmediatamente por la fuerza de empuje. Por ello, la solución de leer no funciona casi nunca. Intentar meter ideas, conceptos o sentires estáticos dentro de una centrifugadora los destroza nada más aproximarse al horizonte de sucesos. En esos casos lo mejor es encender el portátil y ponerme a escribir cualquier cosa. Lo que se me va ocurriendo. Como si la palabra me poseyera y yo únicamente fuera un autómata a su servicio para dejarla por escrito. Casi el cien por cien de todo lo que se produce en esos momentos de insomnio, suele desaparecer en la papelera con la misma velocidad con que fueron escritos. De no hacerlo, el borrador de esta bitácora necesitaría un universo alternativo para contener tanta entropía.



Pero hay veces que la energía que genera mi cerebro es tan intensa que tampoco puedo detenerme a escribir. Siempre habrá una limitación mecánica en mis movimientos, que nunca llegarán a la altura de lo que exige la mente incandescente y casi febril que, por voluntad propia, decide explotar universos alternativos de causalidad. En estos casos límite, la única alternativa es escuchar música. Tal vez por aquello de que aplaca a las fieras. Hasta la fecha, en estos casos, paso de encender el ordenador y opto por escucha música en el iPod/iPhone con los ojos cerrados con la esperanza de no levantarme especialmente agotado. Sin embargo, hace poco tuve la ocurrencia de escucharla en el portátil. Y aún tuve la mayor ocurrencia de probar a «visualizar» la música, buscando algo en lo que centrar la mente.



No sé si en las versiones anteriores del iTunes existía este visualizador. O si es exclusivo de Mac. Lo cierto es que me parece fascinante. En apenas unos minutos esa especie de simulación física de partículas y gravedad consiguió que mi mente dejara de jugar con millones de cauces alternativos del futuro y se centrara en esos movimientos hipnóticos. Y tras la pausa de la maravilla, empecé a imaginar cómo podría estar programado -deformación profesional- hasta considerar que, aunque parezca sencillo, no lo debe ser. En realidad pocas cosas son ya sencillas en los ordenadores y sistemas operativos de hoy; salvo la interacción con el consciente humano. Es fácil sentenciar «esto es una mierda» o «esto es una chorrada y se programa con la punta del cipote», pero conozco muy poca gente que tenga la habilidad para imaginar, para diseñar y para programar un visualizador como el que me tropecé, por accidente, una noche de insomnio en el iTunes. Y es que, para mí, que me conozco conocedor de los entramados de la tecnología, es una de esas pequeñas joyas que pasan desapercibida para la mayoría de la gente, que ahíta y acostumbrada a la trivialización de la tecnología, no saben apreciar en su justa medida. El que programó -o los que programaron- este visualizador es un genio -o son unos genios-. No solo porque es cojonudo, sino porque he encontrado algo que consigue sacar a mi mente superior de espacios hiperreales hasta encontrar la calma nuevamente. Si Lorenz vivía un idilio desenfrenado con su atractor caótico, yo he encontrado en el visualizador del iTunes un «focalizador de orden». Magnífico.

Si existe la curiosidad por saberlo lamento decir que no, que aún siendo cojonudo, no consiguió reintegrarme al mundo de Morfeo, pero me animó, a las cuatro de la madrugada, a empezar a escribir esto. Digno de elogio.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Dos bandas sonoras para sentir

Hay música que molesta. Hay música que no gusta. Hay música que te acompaña. Hay música que se tararea en el trabajo, ocasionalmente de forma inconsciente. Hay música que se repite; no como el ajo. Y hay música que te hace sentir, que hurga en las entrañas de tus emociones, y que suponen «un antes y un después». Mi biblioteca iTunes tiene mucha música que entra dentro de este último grupo. Sin embargo, o tal vez por tener tanta, hasta dentro de esta música poseo algunas que alabo como «especiales».

Hace ya una eternidad hablaba de dos magníficas obras de arte del cine documental. Baraka y Home son, para el que no lo recuerde, estas dos joyas. En gran medida porque conjugaban unas fotografías increíbles con unos sonidos que acariciaban, durante la mayor parte del tiempo de la partitura, el alma. Música que no quitaba protagonismo, como debe hacer el buen vino con la buena comida, sino que amplificaba la experiencia, que la duplicaba seduciendo otros sentidos, pero cuyos ecos duraban mucho más tiempo que las propias imágenes.

Las dos bandas sonoras son obras magníficas, que compré en la tienda iTunes al día siguiente de ver cada una de las películas, y que son fieles compañeras en mis andares. Desde entonces me acompañan, primero en mi iPod y ahora en el iPhone, allá a donde vaya. No es raro que aparezcan en la lista de reproducción 'Reproducciones recientes' cada vez que sincronizo con la biblioteca de iTunes.

Considero las dos como obras muy buenas, exquisitas, en su totalidad. Pero supongo inevitable que con el tiempo me haya decantado por la de Armand Amar, en general más coherente y dulce, sobre la de Michael Stearns, para escuchar el disco «como un todo». Sin embargo, aunque Cum Dederit es magnífico, uno de mis favoritos, no hay un único tema en la banda sonora Home que tenga la fuerza e intensidad que tienen The Host of Seraphim. Es un tema duro, traído -y atraído- por una voz preciosa, que te desgarra, que te hace consciente de lo pequeño e insignificante que eres en el universo, pero que al mismo tiempo te libera de la carga de tener que soportar el mundo sobre tus hombros. Es un tema hermoso que te hace sentir como una piedra para luego elevarte como una pluma. Y no, no he fumado ni tomado ninguna sustancia ilegal.

Todo el tiempo las he tratado como bandas sonoras, como acompañantes «de segunda», pues la banda sonora se crea para acompañar a la imagen, la que habrá de ser la verdadera protagonista. Sin embargo, en este caso, ambos compositores han creado música que trasciende y traspasa sus propias fronteras. Que va más allá del cuarto en que se confinó originalmente. Que se expande. Es, a todas luces, música del y para el mundo. Dos magníficas obras con las que, como si del amor se tratara, sufrí un verdadero flechazo nada más verlas. O mejor dicho, escucharlas.

domingo, 23 de agosto de 2009

'Sounds of the Universe' - Depeche Mode

Hace tiempo leí que Depeche Mode sacaba otro disco: Sounds of the Universe. Vi el vídeo y escuché la canción y me molaron mucho, tanto que me dije «me lo compraré». Y hace un par de semanas llegó el momento. Toda la música que compro en los últimos tiempos la compro en iTunes. Si me gusta y me lo puedo permitir, prefiero comprar la música que me apetece escuchar. Me hace sentir mejor conmigo mismo y, como apenas tengo otros vicios -casi nunca salgo de juerga ni me gasto dinerales en bebidas alcohólicas-, siempre tengo dinero que puedo malgastar siendo legal.

Depeche Mode es de esos grupos a los que he sido bastante fiel. Nunca me he descargado nada de ellos y, aunque no soy de los fanáticos que se lo compran el mismo día que sale, acabo pasando por caja al par de meses para hacerme con mi copia. Así desde que en el último año del instituto mi primo me prestó su copia del fantástico y magistral directo: 101. Disco que, de haber sido de vinilo, lo hubiese gastado de tanto que lo escuché. Tenía 17 años y la falta de novia la compensaba con comportamientos compulsivos. Mis padres tuvieron que pedirme que variase un poco porque iban a vomitar de tanto escucharlo.

Como decía, hace un par de semanas decidí sacar la tarjeta de crédito y pagar a la iTunes por mi copia. En la misma línea que los últimos discos del grupo, no ha terminado de engancharme. Cierto que, como pasa con muchas otras cosas, cuando las abandonas durante mucho tiempo -hace como un año que no escuchaba a Depeche Mode-, cuesta retomarlas. Ya me pasó con Playing the Angel, disco que tuve que escuchar unas cuantas veces antes de comenzar a apreciar lo bien elaborado que está y poder reconciliarme con el grupo después de meses sin escuchar nada de ellos. Hay temas de ese disco que han pasado a formar parte de mi top cien. La historia se repite con Sounds of the Universe. Es un disco potente con letras que cautivan y sonidos electrizantes, pero que hasta el momento no ha conseguido engancharme completamente. Es muy posible que esté envejeciendo y que mis oídos prefieran escuchar sonidos más relajantes. En cualquier caso le daré un poco más de tiempo a ver si consigue enamorarme y me hace sentir como el magnífico Songs of Faith and Devotion. De momento el tema Wrong sí ha conseguido toda mi atención. Hole to Feed y Corrupt son los otros temas que impiden que crea haber malgastado el dinero. Encima me compré la versión deluxe.


A modo de recordatorio, aquí explico cómo -de forma general- califico la música en iTunes. Aún no escuchado tanto el disco como para afinar mejor los valores.

Actualización (24/8): Cuando escribí este artículo, Wrong tenía 4 estrellas. Desde hace unos días, por compulsión auditiva, le he puesto 5. No es una gran noticia para el universo, pero a mí me vale.

martes, 30 de junio de 2009

Tesoros perdidos reencontrados (XXI): La versión mejorada (o 2.0) de 'Enjoy de Sound'

Hace ya bastante tiempo hablaba sobre una serie de ocho discos recopilatorios de música que creé, 'Enjoy the Sound', buscando la forma de recuperar el interés de una chica con la que estuve saliendo y que me dio la patada. Aunque de forma figurada, el sentimiento fue parecido al sufrido si me la hubiese dado de forma literal en la entrepierna. Aunque mirado de forma retrospectiva el que me dejase es algo que le agradeceré eternamente. Sí, hablo de la chida de la prohibición.

Al principio lo importante era el disco en sí. La música que contenía. Pasaba horas buscando los temas y recortando el principio y el final para que encajasen y diesen sensación de continuidad. En la mayoría de las ocasiones conseguía que al terminar una encajase bien el comienzo de la siguiente. Sin saltos. Elegía los temas por lo que contaban las canciones o por sus títulos. El mensaje era lo esencial. Quería ablandar su duro corazón.


Pero el ímpetu inicial, el empuje causado por la patada, fue perdiendo fuerza y los discos eran cada vez más para mí que estar pensados para ella. Eso sucedió cuando montaba el cuarto, pero la inercia me hizo seguir por el mismo camino hasta el séptimo, el último que le hice llegar. Una vez pasado el empuje inicial, mientras montaba el noveno de los discos, que nunca llegué a terminar, comencé a preocuparme para que disfrutar del disco fuese una experiencia completa. Por aquella época a mí me encantaba sentarme a escuchar música los sábado o domingos por la mañana. Cogía un CD, lo ponía en el aparato de música y me sentaba a leer el libreto escuchando lo que hubiese elegido. Para mí eso significaba una experiencia completa con el disco: hojear el libreto del disco mientras lo escuchabas en el reproductor. Por supuesto eran los tiempos en que no usaba el ordenador para escuchar música ni tenía un iPod. De hecho tenía un discman con unos auriculares que parecían un casco espartano de lo grande que eran.


Tomando como referencia los discos de Pink Floyd, que cuidaban muchísimo el tema de los libretos que acompañaban los discos, principalmente por sus fotografías, me puse a buscar fotos con las que acompañar las letras. A mediados de los 90 no estaba Flickr y en Internet apenas se conseguían fotos interesantes. Salvo las relacionadas con la pornografía, claro. Así que aproveché que tenía una colección de libros de grandes fotógrafos en casa y escaneé unas cuantas. Luego cogí mi copia del Corel Draw y me puse a pegarlo todo, intentando prestar especial atención a los detalles.



No recuerdo el tiempo que me llevó hacer la mitad del primer libreto. Lo que sí sé es que acabé agotado. El ordenador personal que tenía por aquel entonces no daba para mucho, desde luego no estaba pensado para diseño gráfico, así que a medida que creía el documento Corel Draw con las imágenes, los textos y los diseños, aquello iba cada vez muchísimo más lento. Hacer cualquier modificación, cuando llevaba cuatro hojas, podía suponer tres o cuatro minutos mirando el reloj de arena en la pantalla hasta que se redibujaba todo. Agotador. En realidad tampoco sabía usar muy bien el Corel, lo que doy por hecho que era un agravante a mi sufrimiento.


Así que, cansado de darle al ratón y al cuadrante creativo de mi cerebro, bastante pequeño por cierto, apagué y me dije "ya seguiré mañana". Pero a "mañana" le siguió "pasado" y a "pasado" "el próximo fin de semana", y después de "fin de semana" vino "cuando termine el proyecto". Un gran ejemplo de procrastinación. El resumen último de mi vida.


Sé que nunca llegaré a ser un gran diseñador gráfico. Tampoco lo he pretendido. Pero de lo que hice en aquella ocasión, lo que se perfilaba y que se quedó en apenas un bosquejo presentado en las imágenes que acompañan la publicación de hoy, promesa de lo que no fue, llegué a estar ligeramente orgulloso. Gasté muchísima tinta para imprimir algunas pruebas y, sobre un papel de calidad, quedaba bastante bien. Y es que, aún mirándolo de forma retrospectiva, con la emoción del empuje totalmente disuelta en la marea del tiempo, me sigue pareciendo un diseño elegante.

martes, 4 de noviembre de 2008

Tesoros perdidos reencontrados (XVI): Los primeros diseños para 'Enjoy the Sound'

Estuve dudando en cómo clasificar esta entrada. Podría ser tanto un 'tesoro perdido', ya que los archivos originales habían 'desaparecido', como una entrada del 'anecdotario'. Al final ha pesado más el componente de 'tesoro', así que lo dejo por esta categoría, porque le doy más importancia al diseño que a la experiencia personal que acompaña al mismo. Al menos eso creo.

Hace dos semanas hablé de una chica con la que tuve una relación de cuatro años. Sí, hablo de esa que he dado en llamar Noemí para no dar a conocer su verdadera identidad. Entre que me dio la patada en el culo y lo sucedido en el CULP -y narrado hace dos semanas- pasaron unos cuantos meses. Muchos meses, en realidad. En los primeros meses de esa transición forzada de una relación mala a una soledad jodida andé buscando muchas formas de 'recuperar' su interés por mí. Retrospectivamente debo agradecerle que no lo hiciera. Dado cómo mejoró considerablemente mi vida después creo que hubiese sido inmensamente infeliz a su lado.

Como adicto a la música que soy -no vamos a entrar en si de calidad o no-, se me ocurrió grabarle una serie de discos recopilatorios en los que seleccionaba, con cuidado y cariño, la música que quería incluir. Además, aprovechando que me gustaba juguetear con el Corel Draw me curraba las portadas y los interiores de la caja (usaba cajas transparentes). En total grabé ocho recopilatorios, a uno por semana, que fue más o menos lo que me duró el estadio de la negociación, el que sucede a la ira y va antes de la depresión en el modelo Kübler-Ross, de la angustia existencial.

A la serie 'limitada' de ocho discos, de los cuales Noemí tan solo recibió siete, la llamé 'Enjoy the Sound', porque 'Enjoy the Music' no me gustaba. Aunque hubiese sido más acertada. Alejandro, un amigo que era como un hermano, recibió otra copia de cada disco.

Después de elegir las canciones que quería incluir en cada volumen y de recortar los comienzos y finales para que al terminar una, en muchos casos, continuase la siguiente sin pausa, me ponía a 'diseñar' la portada y contraportada, que imprimía en papel de calidad a todo color. A continuación algunos ejemplos de estos 'tesoros perdidos' que me tropecé el otro día en un CD viejo, pero viejo. ¿Alguien recuerdan los cd's dorados?




En el interior del 'libreto' que hacía de portada del cd, solía copiar citas y frases célebres que sacaba de unos libros enormes que tenía en casa. La mayoría hablando del amor, la amistad y ñoñerías similares.



Después de hacer los ocho discos, este diseño no terminaba de convencerme, así que me dediqué a hacer uno nuevo, más dedicado a mí, porque la colección tan ingratamente despreciada, trascendió su intención inicial y pasó a ser algo más personal. Personal para mí. Pero de ese hablaré en otro momento.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Mis 25 más escuchadas, según el iTunes, y las gráficas de colorines

Debí sufrir una conmoción cerebral de niño, pues hay ciertas manías contra las que no puedo, y la verdad que no quiero, luchar y cambiar. Espera, espera... ¡Anda, que sí que sufrí una conmoción de niño! Estuve inconsciente durante catorce horas, hospitalizado, después de ser atropellado y lanzado unos cuantos buenos metros por el aire -volé, sí, volé- por un coche, camino del colegio. Eso podría explicar muchas cosas... Pero que me odies por ser tan genial no es de las que puede explicar. Eso es deficiencia de vitaminas y problema mental enteramente tuyo.

A lo que iba. Desde hace un tiempo casi incontable, y poco después de la desaparición del último de los dinosaurios, mi bisabuela, he sufrido del 'síndrome del contador', cuyo término voy a registrar para que no empiece a usarse indiscriminadamente por la fauna descerebrada que pulula e hincha, cual fosa séptica, la mayoría de las bitácoras. Y es que me gusta tener registrado y ver cómo avanzan los indicadores que yo mismo defino. Ejemplo de ello podría ser la aplicación que comentaba la semana pasada, en la que puedo disfrutar de cómo se abusa de y violenta a la CPU de mi bien amado iMac.

Así dicho, no es de extrañar que encuentre fascinante el contador de reproducciones -que no es el de las veces que mis genes egoístas intentan clonarse en este universo- que ofrece el iTunes para cada una de las canciones que tengo en mi biblioteca, algo engordada, por cierto. Y contar lleva a conocer cuáles son, desde que vengo usando el iTunes como reproductor y herramienta de sincronización del iPod, las canciones o temas musicales que más escucho. La siguiente imagen es la captura de lo que hay clasificado como "mis 25 más escuchadas". En su momento amplié la lista para que fuesen 100 y no 25, pero no me cabían tantas líneas en la pantalla a la hora de capturar, así que lo dejamos en 25 y no se hable más.

Aunque injusto con las dos décadas anteriores, de adicto a la música, que llevo escuchando por herencia desde muy pequeño, lo cierto es que, salvando ciertas distancias, lo que recalca la lista es que lo que me molan son las bandas sonoras, sin ningún tipo de duda. Además, y otra vez excluyendo algunos casos extremos, algo que comparten la casi totalidad de las 100 canciones que hay en la lista, es que el promedio de escucha por canción, al que me empuja mi carácter obsesivo compulsivo, se sitúa entre las veinte y las treinta veces, estancándose más o menos en esa cantidad.

Si fueras muy quisquilloso, que seguro que lo eres, estarías pidiendo explicaciones de algunos temas que aparecen en esa lista y por qué, por ejemplo, no tienen las estrellitas de las que deberían ser merecedores por estar en tan alta posición en el ranking. La explicación es sencilla si atendemos a que me encanta caminar y que hay épocas en las que, cuando lo hago y quiero llevar una buena marcha, me meto música algo 'más cañera'. De hecho estuve escuchando la selección de canciones elegidas para la banda sonora de la película Matrix durante casi un mes, todas una detrás de otra y repitiéndolas cuando, cada tarde, caminaba, casi trotaba, durante hora y media a la salida del trabajo. Las canciones sin las estrellas, sin embargo, han sido repetidas veces rechazadas cuando el iTunes me las ha ofrecido de forma aleatoria. Algún día les pondré su justa medida.

Pero esta lista es parcial e incompleta, porque es estática. Solo suma, acumula o incorpora y es demasiado reciente para tomarse como cierta e infalible. El disco Tubular Bells o el disto The Wall los habré escuchando más de cien veces en mi vida, y no aparecen ahí, en esa lista, porque eso fue hace casi una década. Se puede concluir, por tanto, que introducir contadores en un instante determinado desvirtúa la realidad y emborrona el pasado. Pero también es cierto que la realidad la reescribimos con cada palabra, así que menos da intentar ordeñar una mosca.

El otro problema es el carácter estático. Sí, son las veinticinco más escuchadas en los casi dos años que tengo el iPod, pero por ejemplo, si quisiera estudiar los cambios según época, no me serviría. iTunes no te ofrece, hasta donde yo he podido observar, la posibilidad de conocer las 25 más escuchadas en agosto, por ejemplo. Ni en el último semestre, tampoco. Con ello, a medida que pasa el tiempo, va perdiendo valor, por saturación, este indicador. Sí, dentro de 10 años, y suponiendo que el promedio de escucha activa de la música que me gusta oscila entre 30 y 50 veces, no podré saber cuándo ni en qué momento ascendieron unas u otras. Y es que le falta, para mi gusto, la dimensión tiempo. Porque reconozco que soy, además de un enamorado de los contadores, un enamorado de las gráficas de colorines. Me apasionan.

Por cierto, 2 años de escucha activa de música solo representa un 0,07% de los años que llevo sodomizando mis oídos con toda clase de ruido que algunos llamamos música.

En la empresa actual me he visto recompensado con la posibilidad de cabalgar un proyecto para la representación y análisis de datos en tiempo real, recogiendo e ilustrando KPIs para un buen cliente. Ha sido un proyecto muy entretenido, no sin contratiempos -porque si no no sería entretenido- que siempre se han podido salvar gracias a la profesionalidad de la gente que tenía a mi alrededor. Creo que el resultado neto final ha sido satisfactorio y que lo importante, que es que el cliente obtenga un buen producto, se ha conseguido.

Como arquitecto de la solución global, de lo que -permítanme ser inmodesto- me siento bastante orgulloso, y enfrentado a muchos requisitos de restricción, lógico por otra parte, pues el tiempo para hacer filigranas no es infinito, me siento particularmente contento de lo vistoso del resultado, en el que gracias al trabajo de muchos se ha conseguido una buena herramienta. Eso sí, el toque visual final fue enteramente curro de la desarrolladora web. No ha lugar a mostrar nada que pertenece a la empresa, por lo que nos conformaremos con lo que aparece en la web de la biblioteca empleada: JpGraph. ¿A que son hermosas? Las gráficas de colorines tienen un no sé qué difícil de describir. En particular la última es de la que más orgulloso me siento.

Me gusta programar. Y dado que la programación es lo que me ha permitido llegar bastante arriba en la profesión, muchas veces me gusta practicar un poco el arte que llevo aprendiendo durante dos tercios de mi vida y del que aún no me considero experto. Así que igual, por eso de no perder sensibilidad ni forma, me pongo a meterle la dimensión tiempo a las 25 más escuchadas del iTunes y me dedico a hacer gráficas de colorines que solo servirán para mi propio disfrute personal. Algo así como practicarme una doble masturbación intelectual.

viernes, 29 de agosto de 2008

Otros tres tributos y dos bandas sonoras

Hace ya unas semanas comentaba algunas cosillas sobre un tributo a Pink Floyd a base de piano. Mientras escuchaba las adaptaciones para piano de la que fuera una de mis bandas favoritas hace muchos años (las de veces que habré escuchado el álbum The Wall a lo largo de mi vida), me puse a buscar otros tributos y me tropecé con un tributo a Metallica, un tributo a Iron Maiden y un Omaggio Ai Pink Floyd. Apestan. Lo triste es que he descubierto una cantidad inmensa, casi infinita, de llamados tributos. Son los típicos discos de escuchar una vez y tirar, que no merecen la pena comprar y por lo que das gracias a las mafias del P2P y descubres cuan equivocados están los de la SGAE. Los venden como una especie de homenaje o veneración a las bandas y sus míticos temas, pero al no ser el original no tiene la frescura del mismo y, por tanto no puede ser mejor. Lo que, dicho de otra forma, es empeorarlo y/o mancillarlo. ¿Por qué, entonces, gastas tu dinero comprando algo que sabes que no es tan bueno? En fin, cosas del mercado. Una lástima, porque se aprecia que los pianistas son cojonudos, pero no deben tener otra cosa con la que ganar el pan para alimentar a su prole.

Creo que hasta la fecha pocas veces he dicho que una reinterpretación de un tema originalmente bueno, lo supera. No digo que no los haya, pero no es el caso en los discos que comento, por muy amante del piano que seas.

Sin embargo, para no concluir esta entrada de forma tan negativa, voy a recomendar dos bandas sonoras: Batman Begins y The Dark Night. Ambas co-compuestas por Hans Zimmer y por James Newton Howard, dos monstruos en el panorama de las bandas sonoras. Antes de ver la segunda parte de la renovada visión cinematográfica de Batman, lo que hice ayer por la noche, ya había escuchado la banda sonora varias veces, comprada en iTunes. Sí, sí, como lees, la tengo legalmente comprada. A pesar de que usar las redes P2P también es legal (aunque de mente enfermiza, según los defensores del canon digital), opté por comprarla porque las descargadas tenían muchos defectos de ripeo que estropeaban el placer de escucharla. El tema Why So Serious? es un tema oscuro y magistral. Altamente recomendado. Si no quieres usar iTunes (que me toca mucho las amígdalas con su DRM), puedes optar por otros servicios, como la tienda de Amazon.

viernes, 8 de agosto de 2008

Un ¿tributo? a Pink Floyd a base de piano

Hace unos días cayó en mis manos (aunque mejor debiera decir en mi iTunes) un disco de título "Piano Tribute to Pink Floyd". Como soy seguidor de la banda y amante irredento de los pianistas (al menos de los buenos) de jazz no pude resistirme y lo pasé a mi avejentado iPod.

Esto de los tributos tiene guasa. Escuchas la composición de alguien, pero rematada (y tiene doble sentido ese "re-matada") por otro. Pero, como el hiperrealismo, para mí no es arte, es técnica. A veces cuela, o aporta, y otras veces no. En este caso, el disco que comento, cae en el segundo grupo. Y los que pertenecen a este grupo, usando un símil contundente y de mal gusto, practican lo mismo que hacen las prostitutas con el amor: te cobran por quince minutos de amor, pero sales oliendo a puta, con menos dinero y con la acentuada sensación de que eso no es "amor del bueno" (me remito a la extensa literatura que hay al respecto).

En conclusión, un disco sin propósito adicional al de querer demostrar que un tipo sabe tocar el piano y que adapta, con mejor o peor suerte, temas legendarios de Pink Floyd con un toque de jazz (o así lo vende). Recomendado para los que gusten de este tipo de recopilaciones, para los incondicionales del piano, o para los que se lanzan a adquirir cualquier producto reflejo de la prostitución generalizada de la música legendaria. Para el resto, que deje la mula (o equivalente) descargando otra cosa.

Por cierto, revisando las atrocidades que haya cometido esta gente, tropecé con otro tributo (realmente reinciden y tienen unos cuantos). En este caso a Iron Maiden. Las ganas que tengo de pillarlo a ver qué demonios han hecho con la banda de heavy metal. Ya contaré.