¡Madre mía! Vía Vida Extra acabo de ver un vídeo del modo multijugador del próximo God of War. No me mola mucho lo de la idea multijugador, pero los gráficos son la repera. Lo de partirle la mandíbula de un tajo al gigante es acojonante.
Promete horas de diversión salvaje. Es que sacan lo peor de mí.
Mostrando entradas con la etiqueta reflujos cuánticos de ocio y ludopatía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta reflujos cuánticos de ocio y ludopatía. Mostrar todas las entradas
lunes, 30 de abril de 2012
sábado, 21 de abril de 2012
Y habrá nueva parte
Sony quiere joderme la vida, seguro. Ya había dejado lo de los videojuegos, de verdad de la buena. En los últimos meses si encendía la PS3 era para alquilar alguna peli o, directamente, para reproducir un BluRay. Nada de juegos. Lo juro por la cuquita del niño Jesús. Pero claro, han decidido sacar un nuevo GoW. En fin, habrá que esperar un año...
Esta franquicia es mi debilidad.
Esta franquicia es mi debilidad.
jueves, 19 de abril de 2012
Casualidades de un cuarentón que jugó al Spectrum
Muchas son las veces que he dicho que me hubiese gustado programar algún juego. Envidiaba, con esa envidia sana, pero de verdad que sana, a todos aquellos que, con pocos años más que yo, incluso algunos con menos, dejaron su impronta en la historia de los videojuegos. Está claro que casi idolatraba a Víctor Ruíz por su Abu Simbel Profanation, que siempre quise portar a otros ordenadores (y que utilicé para un prototipo sencillo con MonoTouch y MonoGame, o XNATouch).
Hoy estaba en cliente. En realidad siempre estoy en cliente, ya que desde que estoy en Madrid aún no he pisado la oficina de la empresa que me paga, pero hoy estaba en cliente en nombre de mi cliente. Trabajando codo con codo con uno de los socios de la empresa para la que trabajo, no la del cliente, sino la que me paga, y no sé muy bien cómo salió el tema, pero el director del área de desarrollo del cliente y mi jefe se pusieron a hablar de máquinas viejas y de programación de videojuegos. Pues resulta que los dos hicieron «sus pinitos» en aquellos tiempos en que la historia de la informática de ocio se escribía con entusiasmo de cuarto oscuro sobre opcodes de procesadores de 8 bits amenizados con bandas sonoras de baudios y cargas desde cinta de cassette. El uno había publicado varios juegos, que no quería decir por la vergüenza que traen a los maduros los actos de juventud, pero que gracias a San Google del Gigabyte Bendito encontré dos: Los pájaros de Bangkok y Ke Rulen los Petas, dos aventuras conversacionales. El otro un algo más modesto Zampabolas.
Estaba encantado escuchándolos recordar viejos tiempos.
Lástima que nunca tuve el coraje suficiente, ni la tenacidad oportuna, para ponerme a ello. La excusa, y la justificación real, es que siempre me faltó grafista y alguien para el sonido. Una pena. Pero me ha entrado el gusanillo de hacer algo. Está claro que el Abu Simbel no puede ser, ya que el propio Víctor Ruiz, con su FX Interactive, ha sacado una versión para iPhone y te cobran por absolutamente todo, incluso las vidas infinitas.
Está mal que yo lo diga, pero mi versión, esa que dudo que llegue a terminar nunca, tiene bastante mejor pinta. De hecho la jugabilidad de la oficial deja mucho que desear. Si no lo crees, pásate por la página que hice para presentarlo en sociedad.
Hoy estaba en cliente. En realidad siempre estoy en cliente, ya que desde que estoy en Madrid aún no he pisado la oficina de la empresa que me paga, pero hoy estaba en cliente en nombre de mi cliente. Trabajando codo con codo con uno de los socios de la empresa para la que trabajo, no la del cliente, sino la que me paga, y no sé muy bien cómo salió el tema, pero el director del área de desarrollo del cliente y mi jefe se pusieron a hablar de máquinas viejas y de programación de videojuegos. Pues resulta que los dos hicieron «sus pinitos» en aquellos tiempos en que la historia de la informática de ocio se escribía con entusiasmo de cuarto oscuro sobre opcodes de procesadores de 8 bits amenizados con bandas sonoras de baudios y cargas desde cinta de cassette. El uno había publicado varios juegos, que no quería decir por la vergüenza que traen a los maduros los actos de juventud, pero que gracias a San Google del Gigabyte Bendito encontré dos: Los pájaros de Bangkok y Ke Rulen los Petas, dos aventuras conversacionales. El otro un algo más modesto Zampabolas.
Estaba encantado escuchándolos recordar viejos tiempos.
Lástima que nunca tuve el coraje suficiente, ni la tenacidad oportuna, para ponerme a ello. La excusa, y la justificación real, es que siempre me faltó grafista y alguien para el sonido. Una pena. Pero me ha entrado el gusanillo de hacer algo. Está claro que el Abu Simbel no puede ser, ya que el propio Víctor Ruiz, con su FX Interactive, ha sacado una versión para iPhone y te cobran por absolutamente todo, incluso las vidas infinitas.
Está mal que yo lo diga, pero mi versión, esa que dudo que llegue a terminar nunca, tiene bastante mejor pinta. De hecho la jugabilidad de la oficial deja mucho que desear. Si no lo crees, pásate por la página que hice para presentarlo en sociedad.
domingo, 30 de octubre de 2011
La App Store la carga el diablo…
La madre que parió a la App Store y a los fanáticos que rememoran grandísimos juegos, tanto como para reversionarlos (incluso mejorarlos gráficamente) para los dispositivos móviles. Otra mañana de domingo tirada por el retrete.
Si no eres capaz de reconocer estos dos juegos, o eres demasiado joven, o estuviste muerto de cintura para arriba en la década de los ochenta y principios de los noventa. Son obras de arte que no requieren presentación.
Si no eres capaz de reconocer estos dos juegos, o eres demasiado joven, o estuviste muerto de cintura para arriba en la década de los ochenta y principios de los noventa. Son obras de arte que no requieren presentación.
viernes, 14 de octubre de 2011
lunes, 10 de octubre de 2011
Batman 2, ¡qué ganas!
En un par de semanas saldrá a la venta. Aunque yo esperaré hasta que baje de precio. Pero reconozco que tengo muchas ganas de ponerle las manos encima.
domingo, 2 de octubre de 2011
Sudoku-ku-ru-ku-ku
De verdad, de verdad de la buena, mami. Una partida más y apago la luz. La última. Si solamente llevo veintinueve horas de juego acumuladas.
Es la última vez que reinstalo el Sudoku en mi iPhone.
Es la última vez que reinstalo el Sudoku en mi iPhone.
domingo, 10 de octubre de 2010
Pues sí que está siendo un año de juegos, y algo más (y 2)
Ya decía ayer que apenas juego (vamos, lo que digo siempre). Uno de tantos motivos por los que apenas escribo reseñas de juegos en mi vertedero particular de despropósitos. Tampoco de asuntos más genéricos relativos o asociados con la industria del ocio electrónico. Apenas conozco, y menos tengo aún, experiencia sobre el asunto. Sin embargo, decidí escribir la entrada de ayer y esta segunda parte (y conclusión), justo cuando terminé de jugar a Darksiders y me tragaba los créditos finales. Sí, soy de los que se tragan los créditos de los juegos, al igual que de las películas. Enteritos. Y hay que ver la cantidad tan inmensa de gente que está involucrada en la producción de un juego como Darksiders. Tras dejarte tan buen humor después de veinte horas de entretenimiento, todas esas personas se merecen cierto agradecimiento y respeto como para ver desfilar sus nombres por la pantalla del televisor acompañados de un tema musical interesante (aunque en el caso de Darksiders no muy destacable). Eso y porque muchos juegos te sacan una última secuencia al finalizar los créditos que, si te los saltas, pierdes la oportunidad de ver.
Sí, resulta asombrosa la cantidad de gente que trabaja para que un videojuego salga a la venta. Y, mientras veía desfilar la interminable lista de créditos sin prestar mucha atención al cabo de unos minutos a los nombres y cargos que iban apareciendo, comencé a repasar las filigranas técnicas que pude ver (y disfrutar) durante el juego y se produjo lo que llamo un «momento cómo», algo que pocas veces se presenta últimamente en mi vida y, para ser franco, muy raramente cuando juego. Aquí hago un inciso, una reflexión: Con el tiempo he llegado a creer que lo que marca la diferencia entre la afición y la vocación se puede resumir en algo tan sencillo como esa simple y aparentemente-aunque-realmente-nada absurda pregunta: «¿Cómo se hace?». La afición hace que te guste, que disfrutes enormemente con algo, llegando incluso a extremos de convertirte en experto en la materia. Pero es la verdadera vocación la que te hace profundizar buscando respuestas a esa pregunta. Al aficionado le produce placer usar; a la persona con vocación le hace feliz crear y reproducir aquello que, como aficionado, le gustaría usar, buscando la respuesta a esa pregunta tan simple: «¿Cómo se hace?»
Pensaba en todo ello intentando imaginar una vez más cuánto —fútil intento ese de poner medida a una cosa como esta— han evolucionado las técnicas para programar videojuegos. Siempre quise programar un videojuego. De joven lo intenté. De hecho hice alguna cosilla que gustó y se usó durante algunos años en la Escuela de Informática [Tesoros perdidos reencontrados (I)]. Eso tendría que haberme animado entonces a seguir, pero soy como soy y al final lo dejé. Pero lo de hacer un juego es una idea que revolotea constantemente sobre mi ánimo y que de vez en cuando vuelve a posarse en mi órgano de la intención inconclusa. En esas ocasiones miro aquí y allí a ver cómo ha evolucionado la industria desde aquellos tiempos que programaba con el Spectrum. En cada iteración de esta intención abocada al fracaso, miro y resulta como asomarse a un abismo. De aquellas técnicas para manejar sprites y detectar colisiones en dos dimensiones, o programar juegos tile-based [@ Wikipedia (en)], ha evolucionado hasta la abrumadora complejidad de los motores de tres dimensiones actuales con sus shaders [@ Wikipedia], sus físicas y todas esas cosas tan modernas que se requieren a día de hoy para hacer que un videojuego resulte interesante.
Resulta abrumador. Aunque por suerte sigo teniendo algo de testarudo pese a los años y, aunque poco, algo investigo. En los últimos años he leído sobre diversos engines industriales. Incluso algunas veces me hago con la versión de producción por medios poco lícitos. Aunque es casi estúpido decirlo porque no hace otra cosa que acabar en algún dvd extraviado que nunca más volveré a buscar. Entre los que he curioseado —porque dudo que se pueda decir que mi grado de profundización adquiera algo más serio que mera curiosidad— durante los últimos años se encuentran Quake Engine [Sitio de desarrollo], Unreal Engine [Sitio Web], Havok [Sitio Web], usado en una cantidad enorme de juegos comerciales [juegos disponibles] como el propio Darksiders, Torque [Sitio Web] o el de código abierto OGRE [Sitio Web]. Sin desmerecer el XNA [Sitio oficial]. De hecho compré la Xbox 360 porque podía programar para ella con C# y quería enseñar a mi sobrino, pero no cuajó porque entonces yo ya estaba abducido por el mundo Mac y, por muy mono que me resulte el Mono [Página del proyecto], en ese momento lo de programar en XNA, y más para Xbox, con un Mac era soñar despierto. Eso sin señalar que a mi sobrino lo de programar un videojuego entonces le traía bastante sin cuidado.
Todos estos intentos no dejan de ser picos de apetito que tan pronto vienen se van. A lo sumo duran dos o tres días, lo que tarda mi cerebro en saturarse en frustacionitos, la partícula indivisible de la que se compone la frustración y que son como microscópicos cristales clavados bajo la piel, que la hacen arder al menor roce. La última de estas olas de entusiasmo creador sucedió por abril de este año y, como excepción, duró unas cuantas semanas. Diría que tres. A raíz de los dimes y diretes de MonoTouch, acabé cayendo en otro proyecto relacionado de alguna forma con Mono: Unity 3D [Página oficial]. Están por sacar, si no lo han hecho ya, una nueva versión que tiene muchísimas cosas interesantes. Yo estuve jugando con la versión libre de la versión dos y algo durante una veintena de días y llegué a hacer algunas cosillas curiosas. La versión libre tiene muchísimas cosas igualmente interesantes. Aunque hay que saber mucho, muchísimo, del mundillo de la programación de videojuegos para alcanzar el nivel de competencia inconsciente. Incluso el de competencia consciente está a unos cuantos meses de duro trabajo. Algún día escribiré una entrada contando alguna de las cosas que descubrí. Unity 3D es, con diferencia, la herramienta que más me ha llamado la atención para intentar hacer algo más o menos interesante. Aunque, como llevo diciendo todo el tiempo, párrafo tras párrafo, no deja de ser una intención que no germinará. Pero…
Cierto es que, aunque las ganas de hacer un videojuego nunca desaparecen, la concreción de la intención apenas dura lo que dura la vida de una mosca común. También es cierto que noto que entre onda y onda de deseo pasa cada vez menos tiempo. El ciclo se acorta. Y la fase de máximo dura un poco más cada vez. No olvidemos que la última duró tres semanas. Tal vez sea cosa de la herramienta. Puede que haya encontrado la adecuada. O que aún tenga que encontrar una mejor con la que termine de encontrarme totalmente a gusto. También podría ser cualquier otra cosa.
Dicen que las cosas no suceden ni por ni para nada. Eso les gustaría a los egocentristas, porque en realidad las cosas sí suceden muchas veces por puro azar. Pero me resulta curioso que, en la fase monótono creciente de esta nueva ola que se aproxima, haya recibido desde algunas fuentes, diferentes y distantes entre sí, un mismo anuncio. Se trata de la puesta en marcha —en realidad la fase de captación de interesados— del Máster de Creación de Videojuegos On-Line de la ULL [Sitio Web]. Llevo tiempo pensando en hacer un máster en algo que me llame la atención. Y mi atención desde luego está bastante alejada de un MBA, algo en cuya utilidad formativa real dejé de creer hacer mucho tiempo. En un alarde de abanderado del «Get a Life, not a Job», llevo un par de años buscando algo que realmente me apetezca hacer. Lo que hace ganar atractivo al máster de creación de videojuegos. Lástima que no pueda ser este año. En unas pocas semanas se concretará algo que lleva tiempo amenazando con suceder y me veré en la obligación de atender con especial mimo —o tacañería— hasta el último euro que gaste. No es plan de meterse a invertir, por no decir gastar, tres mil euros en algo que, si bien me encantaría hacer, no me va a garantizar cierta estabilidad en el corto plazo. En fin, ya veremos. Eso lo dejaré para otra entrada. Esta ya se eterniza demasiado.
Sí, resulta asombrosa la cantidad de gente que trabaja para que un videojuego salga a la venta. Y, mientras veía desfilar la interminable lista de créditos sin prestar mucha atención al cabo de unos minutos a los nombres y cargos que iban apareciendo, comencé a repasar las filigranas técnicas que pude ver (y disfrutar) durante el juego y se produjo lo que llamo un «momento cómo», algo que pocas veces se presenta últimamente en mi vida y, para ser franco, muy raramente cuando juego. Aquí hago un inciso, una reflexión: Con el tiempo he llegado a creer que lo que marca la diferencia entre la afición y la vocación se puede resumir en algo tan sencillo como esa simple y aparentemente-aunque-realmente-nada absurda pregunta: «¿Cómo se hace?». La afición hace que te guste, que disfrutes enormemente con algo, llegando incluso a extremos de convertirte en experto en la materia. Pero es la verdadera vocación la que te hace profundizar buscando respuestas a esa pregunta. Al aficionado le produce placer usar; a la persona con vocación le hace feliz crear y reproducir aquello que, como aficionado, le gustaría usar, buscando la respuesta a esa pregunta tan simple: «¿Cómo se hace?»
Pensaba en todo ello intentando imaginar una vez más cuánto —fútil intento ese de poner medida a una cosa como esta— han evolucionado las técnicas para programar videojuegos. Siempre quise programar un videojuego. De joven lo intenté. De hecho hice alguna cosilla que gustó y se usó durante algunos años en la Escuela de Informática [Tesoros perdidos reencontrados (I)]. Eso tendría que haberme animado entonces a seguir, pero soy como soy y al final lo dejé. Pero lo de hacer un juego es una idea que revolotea constantemente sobre mi ánimo y que de vez en cuando vuelve a posarse en mi órgano de la intención inconclusa. En esas ocasiones miro aquí y allí a ver cómo ha evolucionado la industria desde aquellos tiempos que programaba con el Spectrum. En cada iteración de esta intención abocada al fracaso, miro y resulta como asomarse a un abismo. De aquellas técnicas para manejar sprites y detectar colisiones en dos dimensiones, o programar juegos tile-based [@ Wikipedia (en)], ha evolucionado hasta la abrumadora complejidad de los motores de tres dimensiones actuales con sus shaders [@ Wikipedia], sus físicas y todas esas cosas tan modernas que se requieren a día de hoy para hacer que un videojuego resulte interesante.
Resulta abrumador. Aunque por suerte sigo teniendo algo de testarudo pese a los años y, aunque poco, algo investigo. En los últimos años he leído sobre diversos engines industriales. Incluso algunas veces me hago con la versión de producción por medios poco lícitos. Aunque es casi estúpido decirlo porque no hace otra cosa que acabar en algún dvd extraviado que nunca más volveré a buscar. Entre los que he curioseado —porque dudo que se pueda decir que mi grado de profundización adquiera algo más serio que mera curiosidad— durante los últimos años se encuentran Quake Engine [Sitio de desarrollo], Unreal Engine [Sitio Web], Havok [Sitio Web], usado en una cantidad enorme de juegos comerciales [juegos disponibles] como el propio Darksiders, Torque [Sitio Web] o el de código abierto OGRE [Sitio Web]. Sin desmerecer el XNA [Sitio oficial]. De hecho compré la Xbox 360 porque podía programar para ella con C# y quería enseñar a mi sobrino, pero no cuajó porque entonces yo ya estaba abducido por el mundo Mac y, por muy mono que me resulte el Mono [Página del proyecto], en ese momento lo de programar en XNA, y más para Xbox, con un Mac era soñar despierto. Eso sin señalar que a mi sobrino lo de programar un videojuego entonces le traía bastante sin cuidado.
Todos estos intentos no dejan de ser picos de apetito que tan pronto vienen se van. A lo sumo duran dos o tres días, lo que tarda mi cerebro en saturarse en frustacionitos, la partícula indivisible de la que se compone la frustración y que son como microscópicos cristales clavados bajo la piel, que la hacen arder al menor roce. La última de estas olas de entusiasmo creador sucedió por abril de este año y, como excepción, duró unas cuantas semanas. Diría que tres. A raíz de los dimes y diretes de MonoTouch, acabé cayendo en otro proyecto relacionado de alguna forma con Mono: Unity 3D [Página oficial]. Están por sacar, si no lo han hecho ya, una nueva versión que tiene muchísimas cosas interesantes. Yo estuve jugando con la versión libre de la versión dos y algo durante una veintena de días y llegué a hacer algunas cosillas curiosas. La versión libre tiene muchísimas cosas igualmente interesantes. Aunque hay que saber mucho, muchísimo, del mundillo de la programación de videojuegos para alcanzar el nivel de competencia inconsciente. Incluso el de competencia consciente está a unos cuantos meses de duro trabajo. Algún día escribiré una entrada contando alguna de las cosas que descubrí. Unity 3D es, con diferencia, la herramienta que más me ha llamado la atención para intentar hacer algo más o menos interesante. Aunque, como llevo diciendo todo el tiempo, párrafo tras párrafo, no deja de ser una intención que no germinará. Pero…
Cierto es que, aunque las ganas de hacer un videojuego nunca desaparecen, la concreción de la intención apenas dura lo que dura la vida de una mosca común. También es cierto que noto que entre onda y onda de deseo pasa cada vez menos tiempo. El ciclo se acorta. Y la fase de máximo dura un poco más cada vez. No olvidemos que la última duró tres semanas. Tal vez sea cosa de la herramienta. Puede que haya encontrado la adecuada. O que aún tenga que encontrar una mejor con la que termine de encontrarme totalmente a gusto. También podría ser cualquier otra cosa.
Dicen que las cosas no suceden ni por ni para nada. Eso les gustaría a los egocentristas, porque en realidad las cosas sí suceden muchas veces por puro azar. Pero me resulta curioso que, en la fase monótono creciente de esta nueva ola que se aproxima, haya recibido desde algunas fuentes, diferentes y distantes entre sí, un mismo anuncio. Se trata de la puesta en marcha —en realidad la fase de captación de interesados— del Máster de Creación de Videojuegos On-Line de la ULL [Sitio Web]. Llevo tiempo pensando en hacer un máster en algo que me llame la atención. Y mi atención desde luego está bastante alejada de un MBA, algo en cuya utilidad formativa real dejé de creer hacer mucho tiempo. En un alarde de abanderado del «Get a Life, not a Job», llevo un par de años buscando algo que realmente me apetezca hacer. Lo que hace ganar atractivo al máster de creación de videojuegos. Lástima que no pueda ser este año. En unas pocas semanas se concretará algo que lleva tiempo amenazando con suceder y me veré en la obligación de atender con especial mimo —o tacañería— hasta el último euro que gaste. No es plan de meterse a invertir, por no decir gastar, tres mil euros en algo que, si bien me encantaría hacer, no me va a garantizar cierta estabilidad en el corto plazo. En fin, ya veremos. Eso lo dejaré para otra entrada. Esta ya se eterniza demasiado.
sábado, 9 de octubre de 2010
Pues sí que está siendo un año de juegos, y algo más (1)
Hace diez meses escribía una entrada [¿Será 2010 un año para jugar?] preguntándome si acabaría descalabrando mi carrera profesional debido a la cantidad prevista de juegos que se publicarían durante el año de uno de los géneros que a mí particularmente me gustan, más los del año anterior que aún no había jugado. Por fortuna mi carrera profesional no corre peligro —lo que se puede interpretar de muchas maneras, entre las que podría caber la de «no existe ya carrera profesional que destruir»—, pero lo cierto es que diez meses después ha resultado que, efectivamente, ha sido el año que con bastante diferencia más he jugado. Me canso de decir que no soy especialmente jugón, aunque el lector ocasional y/o accidental pueda llegar a pensar lo contrario. De hecho, toco muy poco las consolas. En un cálculo sin rigor científico diría que la media de los años anteriores estaría entre unas seis y ocho horas mensuales (o entre una hora y media y dos horas a la semana; aproximadamente un cuarto de hora al día). El problema es el «cómo»: si pillo un juego un fin de semana, no paro hasta que lo he terminado. De media un juego me dura unas diez o doce horas. Luego, pasan semanas sin volver a encender la consola. Pero tal como funciona el ser humano y su cohorte de desórdenes de la percepción [Prejuicio cognitivo], la generalización es que juego mucho.
Tan poco uso le doy a las consolas (sí, hablo en plural porque tengo las tres de última generación), que la 360 la he medio regalado, por ejemplo, y a la Wii le estoy buscando un destino parecido. La única que tengo intención de quedarme es la PS3, por eso de que disfruto con las películas en alta definición como lo haría un escarabajo pelotero que haya encontrado una bosta fresca y humeante recién puesta. Con esta última he dedicado más horas a jugar este año que, me arriesgo a decir, todos los años anteriores juntos desde que tengo consolas (2004, creo).
Pero dejémonos ya de tanta morralla histórica, y a modo de resumen, esto es en lo que he despilfarrado mi tiempo libre junto con mi valoración al respecto:
Casi cien horas de juego en lo que llevo de año. En tiempo laboral eso equivale a unas dos semanas y media de trabajo. Para los adictos al trabajo, tomando el salario mínimo interprofesional de 2010, equivale a haber «perdido» unos 400 € como coste de oportunidad si los hubiese invertido en lucrarme haciendo lo que sé hacer. Ese mismo tiempo distribuido en meses y semanas significa que he pasado de jugar ocho horas al mes a jugar diez, o de jugar una hora y media a la semana a jugar dos horas y media, tal vez tres. Como diría el padre de una ex que tuve, esto es el acabose intelectual de mi persona. Pero como dirían los míos, «que me quiten lo bailao».
Ahí queda la lista. Estas semanas ando algo liado, así que supongo que no será hasta noviembre que me vuelva a sentar delante de la tele, gamepad en la mano. Será para reventar las articulaciones del dedo gordo con Bayonetta [@ GamePro TV (Análisis, 9.5)], uno de los que me atraían bastante, como ya comentaba a principios de año.
Dejo para mañana comentar por qué empecé la entrada de hoy y que al final se convirtió en un repaso que me obligó a dividir el cuento en dos partes.
Tan poco uso le doy a las consolas (sí, hablo en plural porque tengo las tres de última generación), que la 360 la he medio regalado, por ejemplo, y a la Wii le estoy buscando un destino parecido. La única que tengo intención de quedarme es la PS3, por eso de que disfruto con las películas en alta definición como lo haría un escarabajo pelotero que haya encontrado una bosta fresca y humeante recién puesta. Con esta última he dedicado más horas a jugar este año que, me arriesgo a decir, todos los años anteriores juntos desde que tengo consolas (2004, creo).
Pero dejémonos ya de tanta morralla histórica, y a modo de resumen, esto es en lo que he despilfarrado mi tiempo libre junto con mi valoración al respecto:
- Bionic Commando [@ GamePro TV (Análisis, 8.0)] - el que abrió la veda este año pero que por coincidir con las idas y venidas a Madrid lo acabé dejando. Sigue esperando que me decida a terminarlo. Me impresionó el apartado gráfico y me gustó en general el juego, aunque no tanto como para hacer el esfuerzo de retomar la historia y recordar las combinaciones de botones para controlar los movimientos.
- God of War III [mi reseña & @ GamePro TV (Análisis, 9.8)] - un pedazo de juego impresionante que me aguantó diez horas (siempre en modo fácil, claro). Sólo por él merece la pena hacerse con una PS3.
- The Force Unleashed Sith Edition [mi reseña de la edición anterior] - cayó de rebote el día de Reyes y, como traía tres historias añadidas a la versión que yo jugué, y ahora sí estaba completamente integrado con el sistema de trofeos de PlayStation, pues decidí jugarlo como anticipo a la llegada de la segunda parte que parece espectacular [trailer @ GamePro TV]. Me sigue pareciendo un juego mal acabado y mayormente aburrido. Esperemos que el segundo sea todo lo que promete.
- Batman Arkham Asylum [@ GamePro TV (Análisis, 9.5)] - Bueno de narices. Salvo por el hecho de que me mareaba completamente si estaba mucho tiempo con la visión de detective, y que la violencia extrema de God of War me sublima, el juego me parece absolutamente de culto. El modelado de los personajes quita el sentido. Es, quizás, el mejor juego, como sensación global de conjunto, que he jugado este año. Me duró unas doce horas.
- Uncharted 2 [@ GamePro TV (Análisis, 10)] - El gran favorito de los premios AIAS [13th Annual Awards] y proclamado como el mejor juego del año es, sin embargo y para mi gusto, menos interesante que Batman Arkham Asylum, el constante segundón en la mayoría de las categorías. La experiencia global con Batman me pareció más completa. En cualquier caso, es una verdadera joya y merecedor de la gran cantidad de premios. Este es otro juego exclusivo de PS3 por el que merece la pena comprarse esta consola y no otra. Con él invertí catorce horas, si no recuerdo mal.
- Prototype [@ GamePro TV (Análisis, 8.5)] - Después de los grandes le pillé el vicio a éste, que le tenía ganas desde hacía tiempo. En juego y ambientación me recordó a una pequeña joya de la PS2, The Incredible Hulk: Ultimate Destruction (no en vano se trata del mismo estudio), que lamenté no poder disfrutar en PS3. Por lo demás, repetitivo. Pero el toque de arrasa con todo lo que pilles en plan sanguinario a más no poder hace que las horas se pasen volando hasta completarlo. Nueve horas, aunque dediqué mucho tiempo a recolectar bonificaciones. Yendo al grano se acabaría en menos tiempo.
- Infamous [@ GamePro TV (Análisis, 9.0)] - Entretenido y en la línea del Prototype de moverte por una ciudad enorme realizando misiones. Yo voy en plan bueno por la vida y pasé de volver a jugarlo para elegir el camino perverso. Acabé un pelín saturado después de diez horas con él.
- Prince of Persia: The Forgotten Sands [@ GamePro TV (Análisis, 8.5)] - Coincidiendo con mi última visita a Madrid, y que me quedé el fin de semana en casa de unos amigos, pasamos por una tienda Game y lo alquilamos. Después de unas diez horas de juego, lo acabamos una hora antes de llevar a mi mujer al aeropuerto (yo me quedaba unos días más). Tras la decepción que me supuso el anterior [mi reseña], esta nueva entrega recupera plenamente el espíritu de la saga de las arenas y me dejó un muy buen sabor tras jugarlo. Soy un incondicional de la saga del Príncipe desde que cogí por primera vez el magnífico Las arenas del tiempo. Estas Arenas olvidadas merecen la pena jugarse y son una fiel adaptación de esa saga a la nueva generación de consolas.
- Dante's Inferno [@ GamePro TV (Análisis, 8.5)] - Después de un tiempo con la consola apartada, lo alquilé un fin de semana y lo acabé en dos días (diez horas). Otro de esos juegos épicos. Una banda sonora y una ambientación de lujo. Cuando baje lo suficiente de precio creo que me lo pillaré para volver a jugarlo. Un you must own.
- Darksiders [@ GamePro TV (Análisis, 9.0)] - El último que he jugado hasta la fecha. Algo extraño sabiendo que me lo regalaron el día de Reyes. Pero es que me atasqué en el primer jefe final y acabé saturado. Lo retomé hace poco y me arrepiento de no haberlo jugado antes. Es divertidísimo y larguísimo. Es, con diferencia, el juego más largo que he jugado. Unas veinte horas me llevó concluir la historia. Un juego muy, muy, muy recomendable. Si algo le podría echar de menos a la casi perfecta saga God of War, sería el componente de exploración de Darksiders. Si algo le falta a la saga de Prince of Persia, es el toque sanguinario que tiene Darksiders. Cumple al cien por cien su objetivo, que no es otro que resultar entretenido. Hasta la saciedad. Las horas se pasan volando.
Casi cien horas de juego en lo que llevo de año. En tiempo laboral eso equivale a unas dos semanas y media de trabajo. Para los adictos al trabajo, tomando el salario mínimo interprofesional de 2010, equivale a haber «perdido» unos 400 € como coste de oportunidad si los hubiese invertido en lucrarme haciendo lo que sé hacer. Ese mismo tiempo distribuido en meses y semanas significa que he pasado de jugar ocho horas al mes a jugar diez, o de jugar una hora y media a la semana a jugar dos horas y media, tal vez tres. Como diría el padre de una ex que tuve, esto es el acabose intelectual de mi persona. Pero como dirían los míos, «que me quiten lo bailao».
Ahí queda la lista. Estas semanas ando algo liado, así que supongo que no será hasta noviembre que me vuelva a sentar delante de la tele, gamepad en la mano. Será para reventar las articulaciones del dedo gordo con Bayonetta [@ GamePro TV (Análisis, 9.5)], uno de los que me atraían bastante, como ya comentaba a principios de año.
Dejo para mañana comentar por qué empecé la entrada de hoy y que al final se convirtió en un repaso que me obligó a dividir el cuento en dos partes.
lunes, 26 de abril de 2010
Peleándome con Unity 3d
He decidido intentar enseñar a mi sobrino algunas ideas de programación de videojuegos. Para ello he optado por familiarizarme con Unity 3d. No desesperen aún, en algún momento de un futuro cercano me reventará el cerebro y esparciré mi serrín mis sesos encima de la mesa.
miércoles, 24 de marzo de 2010
'God of War III'
He pasado cinco meses en Madrid, con temperaturas que en ocasiones llegaban a los cuatro o cinco grados bajo cero, y siempre me he movido como si el frío no fuese conmigo. «Tú no eres canario» me decían en el trabajo. Varios compañeros han ido cayendo enfermos con gripe. Bajas por enfermedad de hasta una semana en algunos casos. Estornudándome o tosiéndome al lado. Y yo como si nada. El frío parecía no ir conmigo, efectivamente. Casi inmune. Cinco meses y, el último miércoles, cuando las temperaturas ya empiezan a estar en torno a los diez grados de media, me acatarro. Me lo pasé moqueando y sonándome. El jueves aún peor. El viernes no podía faltar a la quedada en Segovia, mi última quedada con la gente del trabajo, pero hubiese preferido quedarme en la cama. ¿Y cómo iba a desaprovechar el sábado y el domingo siendo el último fin de semana en Madrid con mi mujer y teniendo aún algunas cosas pendientes de hacer/ver? Suerte que pedí el lunes libre y, viendo lo que se me venía encima, solicité cita con mi doctora de cabecera desde el mismo viernes por la mañana.
Me resulta muy curiosa la ciencia de la diagnosis. Tú vas a tu médico de cabecera, le cuentas tres síntomas y te dice, así, como quien no quiere la cosa, y con una seguridad pasmosa en sus propias palabras, que te acabas de convertir en el asombroso «hombre moco», toda un espectáculo de feria. Sinusitis descomunal, en terminología más cercana a la jerga médica. Más que una ciencia parece un arte. El caso es que la buena doctora me ofreció la baja y yo no opuse mucha —por no decir ninguna— resistencia. Con el sobrepeso de mucosidad —de magnitud más cercana a la tonelada que al gramo— que tenía encima, como para pensarme dos veces el ir a trabajar si la proposición, indecente o no, era todo lo contrario. De todas formas estoy seguro que la empresa puede funcionar perfectamente unos días sin mí. O muchos. Entre los síntomas están el que se pueden imaginar, la generación espontánea y en cantidades industriales de moco, y otro menos predecible: me he quedado casi sordo (sin exagerar mucho) del oído derecho. Completamente taponado e inflamado, dice la buena doctora. Aunque a veces despierta y me da un latigazo. Duele. Lo que hace que vaya jurando en vano por las esquinas de mi casa. Va remitiendo, por suerte, pero con la cantidad de moco que sale de mis fosas nasales habría material suficiente con el que rodar tres partes más del Exorcista.
¿Qué tiene que ver todo esto con 'God of War III'? Todo y nada. Nada porque, evidentemente, mis mocos y mi oído no tienen nada que ver con la calidad ni el desarrollo del juego. Sin embargo, el tener que quedarme encerrado en casa de forma obligatoria ha sido también, cómo no, una excusa perfecta para desviarme unos minutos, antes de meterme en mi celda, para comprarlo. Estar obligado a guardar reposo durante tres días se transforma en el móvil perfecto para aprovechar y avanzar en uno de los juegos más esperados de los últimos tiempos. En exclusiva para PlayStation 3, claro.
De forma simple y llana: Es brutal. Todo lo que hayas podido ver por ahí sobre el juego no le hace justicia ni por asomo. Salvo, eso sí, que ya hayas visto el propio juego. En ese caso todo esto no te va ni te viene, imagino. Es brutal, repito. Brutal, brutal, brutal, brutal, brutal, brutal, brutal, brutal… y bestialmente sanguinario. Es una pasada la cantidad de sangre que se derrama en este juego. Y cómo disfruta uno con ello. A los soldados raso los puedes partir por la mitad con tus brazos, arrancarles la cabeza, pisársela si ya lo habías partido previamente por la mitad, usarlos como escudo para destrozar al resto o, directamente, lanzárselos a otro para hacerle pupa. Para muy sádicos, desde luego.
El apartado gráfico es para aplaudir hasta que se te caigan las manos. Las animaciones están super curradas y, salvo en algunos casos muy concretos, las texturas y los enemigos están perfectamente detallados. Como los escenarios. Es asombrosa la definición del minotauro cuando la cámara se aproxima al darle el golpe final que, como no podría ser de otra forma, es sanguinario a más no poder. El movimiento de las cuchillas es asombroso. La iluminación cambiante es alucinante. Pero lo que me resultó impresionante es el juego de escalas. El juego, el tipo o género, puede gustarte más o menos, pero hay que quitarse el sombrero, sí o sí, cuando el protagonista se las tiene que ver con Cronos o cuando va dando leches a diestro y siniestro mientras se va desarrollando la acción de un titán en el fondo. Todo está diseñado a una escala enorme y consigue transmitirlo en todo momento. Solamente por disfrutar del aparato gráfico, cuidado hasta el más mínimo detalle, y de las animaciones merece la pena jugar a 'God of War III'. Una obra de arte.
La acción también merece especial atención. Hay momentos es que es trepidante, con mucha adrenalina. Y la cámara ayuda mucho. En esta entrega han incluido puntos de vista novedosos. A mí, que no juego demasiado, al menos me ha parecido original. En algunas puntos de la historia, la cámara se sitúa en el punto de vista del que está recibiendo las tortas. Así que te ves a ti mismo —bueno, a Kratos— dándole (dándote) una entrada de hostias y alguna cosilla más que no voy a desvelar para disfrute de los más sádicos.
Para mi gusto la historia está muy bien hilvanada. Vas saltando de un sitio a otro. Repites varias veces escenarios, pero porque son cruces de caminos. Por lo general no sorprende si ya has jugado a las anteriores entregas (que han salido también remasterizadas para PS3), pero que está bien contada. Incluyendo un polvete que echas entre medias. Todo muy bien salvo la parte final, que me pareció un poco chorra. Lástima, porque el juego podría haber tenido un final un poquito más elaborado. Más en la línea que se espera de este personaje y de esta saga.
Sí, sí, has leído bien: «final». Sin nada mejor que hacer que sonarme los mocos, le he echado unas cuantas horas seguidas. En realidad siempre hay cosas mejores que hacer, pero me apetecía jugar y el juego me enganchó desde el primer minuto. A lo que iba. El juego, al menos en su modo fácil, no dura más de diez horas. Y hasta esas son muchas, pero hay que recordar que ando con la mitad del cráneo ocupada por mucosidades, lo que me hace más lento en casi todo. Es muy poco tiempo, o debería serlo, para un juego de estas características y para haber pagado 60 euros por él. Pero mi opinión, históricamente reacio a gastar dinero en juegos recién salidos, es que vale cada uno de los euros que cuesta. Y siempre puedes dedicarte a ver el «Cómo se hizo». Me encantan estos vídeo-documentales porque despiertan la ilusoria ilusión de dedicarme a esto de los videojuegos. Al menos una temporada.
Si te gustaron las dos primeras entregas esta no te va a defraudar. Si no, pues esta es más de lo mismo pero muchísimo más gore. Exageradamente más gore. Si no has visto ninguna de las anteriores, esta te va a gustar, pero por mantener cierta coherencia con la historia, te recomendaría que jugases primero a las dos primeras. Merece la pena recorrer todo el universo God of War en secuencia.
Me resulta muy curiosa la ciencia de la diagnosis. Tú vas a tu médico de cabecera, le cuentas tres síntomas y te dice, así, como quien no quiere la cosa, y con una seguridad pasmosa en sus propias palabras, que te acabas de convertir en el asombroso «hombre moco», toda un espectáculo de feria. Sinusitis descomunal, en terminología más cercana a la jerga médica. Más que una ciencia parece un arte. El caso es que la buena doctora me ofreció la baja y yo no opuse mucha —por no decir ninguna— resistencia. Con el sobrepeso de mucosidad —de magnitud más cercana a la tonelada que al gramo— que tenía encima, como para pensarme dos veces el ir a trabajar si la proposición, indecente o no, era todo lo contrario. De todas formas estoy seguro que la empresa puede funcionar perfectamente unos días sin mí. O muchos. Entre los síntomas están el que se pueden imaginar, la generación espontánea y en cantidades industriales de moco, y otro menos predecible: me he quedado casi sordo (sin exagerar mucho) del oído derecho. Completamente taponado e inflamado, dice la buena doctora. Aunque a veces despierta y me da un latigazo. Duele. Lo que hace que vaya jurando en vano por las esquinas de mi casa. Va remitiendo, por suerte, pero con la cantidad de moco que sale de mis fosas nasales habría material suficiente con el que rodar tres partes más del Exorcista.
¿Qué tiene que ver todo esto con 'God of War III'? Todo y nada. Nada porque, evidentemente, mis mocos y mi oído no tienen nada que ver con la calidad ni el desarrollo del juego. Sin embargo, el tener que quedarme encerrado en casa de forma obligatoria ha sido también, cómo no, una excusa perfecta para desviarme unos minutos, antes de meterme en mi celda, para comprarlo. Estar obligado a guardar reposo durante tres días se transforma en el móvil perfecto para aprovechar y avanzar en uno de los juegos más esperados de los últimos tiempos. En exclusiva para PlayStation 3, claro.
De forma simple y llana: Es brutal. Todo lo que hayas podido ver por ahí sobre el juego no le hace justicia ni por asomo. Salvo, eso sí, que ya hayas visto el propio juego. En ese caso todo esto no te va ni te viene, imagino. Es brutal, repito. Brutal, brutal, brutal, brutal, brutal, brutal, brutal, brutal… y bestialmente sanguinario. Es una pasada la cantidad de sangre que se derrama en este juego. Y cómo disfruta uno con ello. A los soldados raso los puedes partir por la mitad con tus brazos, arrancarles la cabeza, pisársela si ya lo habías partido previamente por la mitad, usarlos como escudo para destrozar al resto o, directamente, lanzárselos a otro para hacerle pupa. Para muy sádicos, desde luego.El apartado gráfico es para aplaudir hasta que se te caigan las manos. Las animaciones están super curradas y, salvo en algunos casos muy concretos, las texturas y los enemigos están perfectamente detallados. Como los escenarios. Es asombrosa la definición del minotauro cuando la cámara se aproxima al darle el golpe final que, como no podría ser de otra forma, es sanguinario a más no poder. El movimiento de las cuchillas es asombroso. La iluminación cambiante es alucinante. Pero lo que me resultó impresionante es el juego de escalas. El juego, el tipo o género, puede gustarte más o menos, pero hay que quitarse el sombrero, sí o sí, cuando el protagonista se las tiene que ver con Cronos o cuando va dando leches a diestro y siniestro mientras se va desarrollando la acción de un titán en el fondo. Todo está diseñado a una escala enorme y consigue transmitirlo en todo momento. Solamente por disfrutar del aparato gráfico, cuidado hasta el más mínimo detalle, y de las animaciones merece la pena jugar a 'God of War III'. Una obra de arte.
La acción también merece especial atención. Hay momentos es que es trepidante, con mucha adrenalina. Y la cámara ayuda mucho. En esta entrega han incluido puntos de vista novedosos. A mí, que no juego demasiado, al menos me ha parecido original. En algunas puntos de la historia, la cámara se sitúa en el punto de vista del que está recibiendo las tortas. Así que te ves a ti mismo —bueno, a Kratos— dándole (dándote) una entrada de hostias y alguna cosilla más que no voy a desvelar para disfrute de los más sádicos.
Para mi gusto la historia está muy bien hilvanada. Vas saltando de un sitio a otro. Repites varias veces escenarios, pero porque son cruces de caminos. Por lo general no sorprende si ya has jugado a las anteriores entregas (que han salido también remasterizadas para PS3), pero que está bien contada. Incluyendo un polvete que echas entre medias. Todo muy bien salvo la parte final, que me pareció un poco chorra. Lástima, porque el juego podría haber tenido un final un poquito más elaborado. Más en la línea que se espera de este personaje y de esta saga.
Sí, sí, has leído bien: «final». Sin nada mejor que hacer que sonarme los mocos, le he echado unas cuantas horas seguidas. En realidad siempre hay cosas mejores que hacer, pero me apetecía jugar y el juego me enganchó desde el primer minuto. A lo que iba. El juego, al menos en su modo fácil, no dura más de diez horas. Y hasta esas son muchas, pero hay que recordar que ando con la mitad del cráneo ocupada por mucosidades, lo que me hace más lento en casi todo. Es muy poco tiempo, o debería serlo, para un juego de estas características y para haber pagado 60 euros por él. Pero mi opinión, históricamente reacio a gastar dinero en juegos recién salidos, es que vale cada uno de los euros que cuesta. Y siempre puedes dedicarte a ver el «Cómo se hizo». Me encantan estos vídeo-documentales porque despiertan la ilusoria ilusión de dedicarme a esto de los videojuegos. Al menos una temporada.
Si te gustaron las dos primeras entregas esta no te va a defraudar. Si no, pues esta es más de lo mismo pero muchísimo más gore. Exageradamente más gore. Si no has visto ninguna de las anteriores, esta te va a gustar, pero por mantener cierta coherencia con la historia, te recomendaría que jugases primero a las dos primeras. Merece la pena recorrer todo el universo God of War en secuencia.
martes, 5 de enero de 2010
¿Será 2010 un año para jugar?
No me considero especialmente jugón. De hecho no he tocado ninguna de las consolas —y mira que tengo las tres— desde abril del año pasado, cuando le estuve dando al 'Ninja Blade' y al 'Afro Samurai'. Y menos jugón soy ahora que estoy pasando una temporada en Madrid. De hecho ha sido mi concuño —o el cuñado de mi mujer, que es lo mismo— el que la ha tenido en su casa todo este tiempo y a quien se la he tenido que «pedir prestada» para poder ver alguna película en Blu-Ray y aprovechar para desentumecer los dedos con el mando.
Al par de días de estar por aquí —Las Palmas— me acerqué a una tienda Game y me pillé un par de juegos de segunda mano. Ahora estoy dándole a 'Bionic Commando', un remake —o una continuación moderna, ni idea— de un juego que ya me pilló grandito cuando apareció en las recreativas y por el que nunca demostré mucho interés. Ni tan siquiera en las adaptaciones que aparecieron para los ordenadores. Creo que ya estaba el ordenador de 16 bits sobre mi escritorio. Confieso que la nueva generación de consolas me tiene asombrado en cuanto al apartado gráfico (y al sonido, envolvente en mi casa gracias al home cinema). Y esta nueva entrega está resultando bastante entretenida, amén de espectacular en algunos momentos. No terminaré el juego antes de irme, porque apenas le dedico un rato de vez en cuando, pero lo tengo aquí para los fines de semana que vaya viniendo y no tenga nada más interesante/importante que hacer. Algo que resultará raro dada la cantidad de libros que se espera que reciba mañana. 'Bionic Commando' e 'Infamous', el otro que me compré y que siquiera he visto. La próxima vez será.
Sin embargo, como sucede cada vez que me decanto por la compra de un juego, me paso un buen rato mirando lo que hay y, sobre todo, lo que vendrá. Intento ponerme al día del panorama del sector, vamos. En parte porque me sigue gustando, no lo voy a negar, y en parte, también, porque mi sobrino me bombardea, literalmente, cuando nos encontramos y tengo que ponerme a su nivel para que las conversaciones no sean monólogos.
No soy nada aficionado a los FPS. De hecho, y de forma general, salvando al DOOM como excepción, todos me suelen parecer más bien una mierda y me aburren soberanamente al par de minutos. De ahí que, dada la proliferación tan absurdamente intensa de este género durante los últimos años, apenas encontrase gran cosa —al menos que valiese la pena— en los géneros que me gustan: los RTS y los arcades mata-mata (beat'em up) en tercera persona con toques de rol —sin pasarse—, de aventura gráfica y de plataformas en 3D (hack and slash, vamos). Dado que los de estrategia son raros de encontrar en las consolas —ya no juego en el ordenador—, he de conformarme con los segundos, de los que hasta hace poco iban apareciendo uno o dos a lo largo del año que merecieran la atención como especialmente interesante.
Parece que las compañías se van dando cuenta que en el género FPS ya está todo el pescado vendido y van re-apostando por la tercera persona. Así me ha sorprendido ver, además del 'Prototype', que ya es relativamente viejo y al que espero echarle el guante en algún momento, que han sacado las segundas partes de 'Uncharted' y de 'Assasin Creed', ambas con muy buenas críticas. Pero lo que ha de venir merece aún más, si cabe, mi atención: 'Bayonetta', 'Darksiders', 'Dante's Inferno', 'God of War' (con las dos primeras adaptadas a la PS3, algo que no esperaba ver ni en sueños) y —¡brutal!— una nueva entrega de 'Príncipe de Persia'. De 'Bayonetta' y 'Dante's Inferno' he jugado a las demos y, desde ya, sé que habré de dedicarles algún ratillo en el futuro, cuando se publiquen. Más al segundo, que me ha encantado. Sospecho que 'Darksiders' caerá como regalo sorpresa por un comentario que escuché —¿a quién se le ocurriría?— y tanto 'God of War' como la entrega de 'Príncipe de Persia' serán adquisiciones incuestionables. ¿Será el año 2010 un año en el que resurjan este tipo de juegos? ¿Será el año en que ya descalabre completamente mi carrera profesional por culpa de este tipo de juegos? Demasiado pronto para apostar nada, pero el futuro se presenta interesante.
Nota: he querido enlazar, en el nombre de cada uno de los juegos aquí mencionados, el vídeo de análisis o de primeras impresiones, cuando ello fue posible, para que los incautos lectores que pasen por aquí puedan ver —si no están muy puestos en el día a día del panorama de los videojuegos—, cómo se cuecen los argumentos, gráficos y, en definitiva, experiencias de juego en las nuevas generaciones. Brutal, es la única palabra que se me ocurre en este momento.
Al par de días de estar por aquí —Las Palmas— me acerqué a una tienda Game y me pillé un par de juegos de segunda mano. Ahora estoy dándole a 'Bionic Commando', un remake —o una continuación moderna, ni idea— de un juego que ya me pilló grandito cuando apareció en las recreativas y por el que nunca demostré mucho interés. Ni tan siquiera en las adaptaciones que aparecieron para los ordenadores. Creo que ya estaba el ordenador de 16 bits sobre mi escritorio. Confieso que la nueva generación de consolas me tiene asombrado en cuanto al apartado gráfico (y al sonido, envolvente en mi casa gracias al home cinema). Y esta nueva entrega está resultando bastante entretenida, amén de espectacular en algunos momentos. No terminaré el juego antes de irme, porque apenas le dedico un rato de vez en cuando, pero lo tengo aquí para los fines de semana que vaya viniendo y no tenga nada más interesante/importante que hacer. Algo que resultará raro dada la cantidad de libros que se espera que reciba mañana. 'Bionic Commando' e 'Infamous', el otro que me compré y que siquiera he visto. La próxima vez será.Sin embargo, como sucede cada vez que me decanto por la compra de un juego, me paso un buen rato mirando lo que hay y, sobre todo, lo que vendrá. Intento ponerme al día del panorama del sector, vamos. En parte porque me sigue gustando, no lo voy a negar, y en parte, también, porque mi sobrino me bombardea, literalmente, cuando nos encontramos y tengo que ponerme a su nivel para que las conversaciones no sean monólogos.
No soy nada aficionado a los FPS. De hecho, y de forma general, salvando al DOOM como excepción, todos me suelen parecer más bien una mierda y me aburren soberanamente al par de minutos. De ahí que, dada la proliferación tan absurdamente intensa de este género durante los últimos años, apenas encontrase gran cosa —al menos que valiese la pena— en los géneros que me gustan: los RTS y los arcades mata-mata (beat'em up) en tercera persona con toques de rol —sin pasarse—, de aventura gráfica y de plataformas en 3D (hack and slash, vamos). Dado que los de estrategia son raros de encontrar en las consolas —ya no juego en el ordenador—, he de conformarme con los segundos, de los que hasta hace poco iban apareciendo uno o dos a lo largo del año que merecieran la atención como especialmente interesante.
Parece que las compañías se van dando cuenta que en el género FPS ya está todo el pescado vendido y van re-apostando por la tercera persona. Así me ha sorprendido ver, además del 'Prototype', que ya es relativamente viejo y al que espero echarle el guante en algún momento, que han sacado las segundas partes de 'Uncharted' y de 'Assasin Creed', ambas con muy buenas críticas. Pero lo que ha de venir merece aún más, si cabe, mi atención: 'Bayonetta', 'Darksiders', 'Dante's Inferno', 'God of War' (con las dos primeras adaptadas a la PS3, algo que no esperaba ver ni en sueños) y —¡brutal!— una nueva entrega de 'Príncipe de Persia'. De 'Bayonetta' y 'Dante's Inferno' he jugado a las demos y, desde ya, sé que habré de dedicarles algún ratillo en el futuro, cuando se publiquen. Más al segundo, que me ha encantado. Sospecho que 'Darksiders' caerá como regalo sorpresa por un comentario que escuché —¿a quién se le ocurriría?— y tanto 'God of War' como la entrega de 'Príncipe de Persia' serán adquisiciones incuestionables. ¿Será el año 2010 un año en el que resurjan este tipo de juegos? ¿Será el año en que ya descalabre completamente mi carrera profesional por culpa de este tipo de juegos? Demasiado pronto para apostar nada, pero el futuro se presenta interesante.
Nota: he querido enlazar, en el nombre de cada uno de los juegos aquí mencionados, el vídeo de análisis o de primeras impresiones, cuando ello fue posible, para que los incautos lectores que pasen por aquí puedan ver —si no están muy puestos en el día a día del panorama de los videojuegos—, cómo se cuecen los argumentos, gráficos y, en definitiva, experiencias de juego en las nuevas generaciones. Brutal, es la única palabra que se me ocurre en este momento.
jueves, 24 de septiembre de 2009
'I, videogame'
Se puede decir que mi crecimiento intelectual se produjo en un entorno tecnológico. Desde los 12 años tuve ordenador y, antes, con 9 y 10 años, ya jugaba a las máquinas recreativas matando marcianos y comiendo cocos. Pero antes aún, jugaba con aquellas alucinantes Game & Watch de Nintendo. No es de extrañar que para mí el que la gente juegue e invierta dinero y esfuerzo en hacerlo es algo muy normal. Tanto como podría serlo ir al cine a toquetearse con la novia o el novio en la oscuridad hace cuatro décadas. O a un guateque hace cinco. Son cosas de cada generación.
Pero los videojuegos no son algo que comenzara hace un par de días. Es curioso que no nos percatemos mucho de ello, pero tenemos ya varias décadas de historia en torno a lo que se ha convertido en una industria multimillonaria. Países como Japón, Canadá y, ¿cómo no?, la omnipresente EEUU han facilitado que la industria de los videojuegos logre una importante aportación al PIB nacional. No en vano el ejército de los EEUU promovió el desarrollo de algunos juegos para el entrenamiento de sus soldados. La industria del videojuego mueve muchos millones. Miles de millones.
¿Con tanto tiempo transcurrido desde que apareció el primer videojuego, 'Tenis for two', en 1958 (sí, medio siglo ya), es de extrañar que alguien empiece a preocuparse por recopilar su historia y el contexto en el que se desarrollaron? A mí no me extraña lo más mínimo y eso pretende la serie documental 'I, videogame' de Discovery Channel, traducida al español por 'La historia de los videojuegos', que repasa la evolución de los mismos a través de las décadas y de los conflictos sociales que se vivían y que, mantienen sus autores, se reflejaron inevitablemente en los tipos de videojuegos que se hicieron, se hacen y se harán. Conflictos como la Guerra Fría, la Guerra del Golfo, etc., etc.
La serie consta de cinco capítulos. En cada uno se va profundizando, desde los orígenes, donde lo que se manejaba no tenía personalidad, meros píxeles, hasta los actuales juegos que ofrecen la sensación de inmersión en universos alternativos en los juegos en primera persona para multijugador. ¿El resumen de cinco décadas de avances tecnológicos y sociales en la materia?
Yo no termino de alejarme por completo del mundo de los videojuegos, aunque apenas toco ya las consolas. Así que no estoy muy puesto y puede que lo que a mí me resultó toda una curiosidad, para el resto de mis contemporáneos sea algo de lo más natural y lógico del mundo, pero desconocía que había un movimiento de gente que se dedica a desarrollar películas usando imágenes animadas de videojuegos. A esto se le ha venido a llamar «machinima». ¿No es sorprendente? ¡Si hasta hay un festival! Lo que no invente el hombre...
El último capítulo, el quinto, es especialmente interesante. Se habla principalmente de las redes sociales en torno a universos alternativos, cuyo origen se remonta a los MUD y que hoy en día tienen la denominación de «multijuador masivo». Cientos de miles, millones, de personas se concentran en torno a universos que ofrecen grados de libertas asombrosos y en los que pueden llegar a alcanzar los éxitos que no cosechan en la realidad. Pero más allá de este reflejo de huida emocional, lo que más me sorprendió -bueno, en realidad visto con calma es lo más lógico del mundo- es la cantidad de dinero que se mueve en algunos de esos universos, donde se compran y se venden cosas por dinero real. ¿Quién paga cien mil euros por comprarse un local en un mundo virtual? Pues hay gente que lo hace... ¡Y recupera la inversión! Este capítulo hay que verlo, sí o sí.
La serie resulta bastante entretenida. Los que nos criamos con el vicio algo más desarrollado seguramente la disfrutemos mucho más que aquellos que han sido ajenos a los avances y evoluciones producidos en la industria, pero creo que no deja de ser instructivo sumergirse durante unas cuatro horas en la historia de una de las opciones de ocio preferidas por tantos y tantos seres humanos. Yo lo recomiendo. Y si no quieres andar perdiendo el tiempo sumergiéndote en las mafias del P2P, siempre podrás disfrutar de todos los capítulos aquí. Recomendado.
Pero los videojuegos no son algo que comenzara hace un par de días. Es curioso que no nos percatemos mucho de ello, pero tenemos ya varias décadas de historia en torno a lo que se ha convertido en una industria multimillonaria. Países como Japón, Canadá y, ¿cómo no?, la omnipresente EEUU han facilitado que la industria de los videojuegos logre una importante aportación al PIB nacional. No en vano el ejército de los EEUU promovió el desarrollo de algunos juegos para el entrenamiento de sus soldados. La industria del videojuego mueve muchos millones. Miles de millones.
¿Con tanto tiempo transcurrido desde que apareció el primer videojuego, 'Tenis for two', en 1958 (sí, medio siglo ya), es de extrañar que alguien empiece a preocuparse por recopilar su historia y el contexto en el que se desarrollaron? A mí no me extraña lo más mínimo y eso pretende la serie documental 'I, videogame' de Discovery Channel, traducida al español por 'La historia de los videojuegos', que repasa la evolución de los mismos a través de las décadas y de los conflictos sociales que se vivían y que, mantienen sus autores, se reflejaron inevitablemente en los tipos de videojuegos que se hicieron, se hacen y se harán. Conflictos como la Guerra Fría, la Guerra del Golfo, etc., etc.La serie consta de cinco capítulos. En cada uno se va profundizando, desde los orígenes, donde lo que se manejaba no tenía personalidad, meros píxeles, hasta los actuales juegos que ofrecen la sensación de inmersión en universos alternativos en los juegos en primera persona para multijugador. ¿El resumen de cinco décadas de avances tecnológicos y sociales en la materia?
Yo no termino de alejarme por completo del mundo de los videojuegos, aunque apenas toco ya las consolas. Así que no estoy muy puesto y puede que lo que a mí me resultó toda una curiosidad, para el resto de mis contemporáneos sea algo de lo más natural y lógico del mundo, pero desconocía que había un movimiento de gente que se dedica a desarrollar películas usando imágenes animadas de videojuegos. A esto se le ha venido a llamar «machinima». ¿No es sorprendente? ¡Si hasta hay un festival! Lo que no invente el hombre...
El último capítulo, el quinto, es especialmente interesante. Se habla principalmente de las redes sociales en torno a universos alternativos, cuyo origen se remonta a los MUD y que hoy en día tienen la denominación de «multijuador masivo». Cientos de miles, millones, de personas se concentran en torno a universos que ofrecen grados de libertas asombrosos y en los que pueden llegar a alcanzar los éxitos que no cosechan en la realidad. Pero más allá de este reflejo de huida emocional, lo que más me sorprendió -bueno, en realidad visto con calma es lo más lógico del mundo- es la cantidad de dinero que se mueve en algunos de esos universos, donde se compran y se venden cosas por dinero real. ¿Quién paga cien mil euros por comprarse un local en un mundo virtual? Pues hay gente que lo hace... ¡Y recupera la inversión! Este capítulo hay que verlo, sí o sí.
La serie resulta bastante entretenida. Los que nos criamos con el vicio algo más desarrollado seguramente la disfrutemos mucho más que aquellos que han sido ajenos a los avances y evoluciones producidos en la industria, pero creo que no deja de ser instructivo sumergirse durante unas cuatro horas en la historia de una de las opciones de ocio preferidas por tantos y tantos seres humanos. Yo lo recomiendo. Y si no quieres andar perdiendo el tiempo sumergiéndote en las mafias del P2P, siempre podrás disfrutar de todos los capítulos aquí. Recomendado.
domingo, 16 de agosto de 2009
Un año de domingos, el día para el jugador casual
Concluye con la entrada de hoy, estos agotadores resúmenes a todas las entradas que he publicado en el último año, su primer aniversario, en la bitácora.
Lo primero que apareció en un domingo fue Tesoros perdidos reencontrados (III): "Mi amigo Rogelio", quizá el único relato que tuvo más aceptación cuando lo dejé leer por ahí. Como pasó con el resto de los días de la semana, al principio no tenía muy claro a qué estaría dedicado el día en que descansó el dios de los cristianos. De hecho, tampoco tuve muy claro durante los primeros días que iba a emplear cada día a un tema distinto. Dudas que perduran. Pero, tal vez por casualidad, a partir del segundo domingo de agosto parece que la cosa derivó en mi lado más jugón. Como jugador me considero de los casuales, de aquellos que pueden pasar largas temporadas sin tocar un mando (aunque luego me pego un fin de semana sin salir de casa machacando a todo bicho viviente). Así, tras la primera entrada de tesoros perdidos, vino Tocar las bolas, o cómo desconectar echando unas partiditas a juegos de usar y tirar, en el que presentaba un par de juegos de esos que enganchan pero que no son, precisamente, para darle mucho a la cabeza. Le siguió Pasar el rato a viejos juegos de PC. Gracias al DOSBox podemos rescatar juegos como el fantástico Doom o el maravilloso Another World. Después retrocedí aún más en el tiempo, hasta el Spectrum, en Viejos tiempos para el jugador casual, comentando la posibilidad de jugar a aquellos maravillosos juegos usando alguno de los emuladores de los que disponemos hoy en día. ¡Qué tiempos los del Spectrum! Acababa agosto y relacionado con el mundo de los videojuegos, en particular el de las consolas de última generación, realizaba una reflexión sobre cómo la gente empobrece la experiencia de disfrutar de una película con tal de verla lo antes posible. Esto era en Blu-Ray, PlayStation 3 y la terrible estupidez humana por querer ser el primero. Sé que hay gente para todo, pero que aún los haya que, por no gastarse el dinero en el cine, no sea capaz de esperar a que la saquen en el videoclub -y por tanto ripeada a calidades excelentes por las mafias del P2P-, y acepten el ver una grabación de cine con calidad pésima tanto de imagen como de sonido, no deja de sorprenderme. ¿No es estúpido mostrar ese comportamiento? De incurrir en él, lo ocultaría a mis amigos.
En septiembre la cosa empezó bastante bien. En la primera mitad publiqué dos artículos relativos al vicio de jugar: La PS3 para el jugador casual y Más de los 8 bits para el jugador casual. En el primero doy gracias al deseo de vender de las productoras de juegos que permiten disfrutar de demos jugables que, al menos, garantizan un par de horas de entretenimiento. Suficiente para el que no busca más. ¿Qué mejor alternativa para pasar un ratito que darse al vicio del mando? En el segundo post sigo con el repaso de máquinas antiguas. En esta ocasión nada como instalarse el emulador del Commodore y jugar a juegos como el Bruce Lee o el Last Ninja. Quien no llegó a apreciar la magnífica banda sonora de Last Ninja no sabe lo que se perdió. Y, como no lo sabría apreciar, tampoco es importante.
Sin embargo, para la tercera semana de septiembre la cosa se tuerce un poco y en domingo sale un triste Un fin de semana absolutamente improductivo. Entrada en la que me dedico a lloriquear sobre lo flojeras que soy con el clima, sin perder la oportunidad de tentar a los que me quieren poco para que sigan odiándome un poquito más. A partir de ahí, septiembre acaba.
Octubre solo traerá dos artículos en domingo. Ambos relacionados con el vicio del videojuego. En el primero, Remakes para el jugador casual, comento cómo hay gente fantástica que suma a su nostalgia de aquellos juegos clásicos una gran capacidad programando ordenadores, de lo que salen verdaderas joyas actualizadas. Yo estuve enganchadísimo al Wizball durante unas semanas. En Un juego que no merece la pena: El poder de la fuerza, segunda entrada en domingo del mes, comento que no hay que dejar llevarse por las apariencias de una demo, que al final uno puede llevarse un chasco. Para PS3.
Desde mediados de octubre de 2008, hay que esperar hasta el primer día de marzo de 2009, coincidiendo en domingo, para que vuelva a aparecer algo publicado en ese día de la semana. Tal día apareció publicado 'Príncipe de Persia'. Alquilar, no comprar. La trilogía anterior, para la consola de generación también anterior, me había encantado. Qué chasco más grande me llevé con éste. Pero lo que no tuve con el 'Príncipe de Persia', lo conseguí, y de sobradamente, con una obra maestra, comentada en 'Metal Gear Solid 4'. ¡Compra! ¡Compra!. Juego sobresaliente, donde los haya, en todos sus aspectos. Me encantó la banda sonora, que aún no he conseguido por vía lícita y legal.
En abril me prodigo un poco más y habrá tres entradas publicadas en domingo. Echar unas partidas a 'The Last Guy' inaugura los domingos del mes, hablando de uno de esos juegos que, siendo de temática simple y algo trillada, pero sumando un original enfoque, resultan excepcionales para pasar un rato delante de la consola sin comerse mucho la cabeza. Seguiremos con Diez horas entretenidas con 'Ninja Blade', juego que alquilé y acabé en un fin de semana para la Xbox 360. Muy entretenido y que recomiendo alquilar. Acabará abril con Ni te molestes con 'Afro Samurai', juego que me gustó realmente poco y que he conseguido olvidar rápidamente.
En abril, comentando un juego que no me gustó nada, terminan las aportaciones hechas en domingo durante el primer año de bitácora.
Concluye aquí el repaso a los domingos. Quince artículos fueron publicados en ese día de la semana. Espero que hayan disfrutado leyéndolos como yo escribiéndolos. Acaba aquí, también, el resumen a todo lo publicado en el primer año de vida de la nueva reencarnación de mi bitácora.
Lo primero que apareció en un domingo fue Tesoros perdidos reencontrados (III): "Mi amigo Rogelio", quizá el único relato que tuvo más aceptación cuando lo dejé leer por ahí. Como pasó con el resto de los días de la semana, al principio no tenía muy claro a qué estaría dedicado el día en que descansó el dios de los cristianos. De hecho, tampoco tuve muy claro durante los primeros días que iba a emplear cada día a un tema distinto. Dudas que perduran. Pero, tal vez por casualidad, a partir del segundo domingo de agosto parece que la cosa derivó en mi lado más jugón. Como jugador me considero de los casuales, de aquellos que pueden pasar largas temporadas sin tocar un mando (aunque luego me pego un fin de semana sin salir de casa machacando a todo bicho viviente). Así, tras la primera entrada de tesoros perdidos, vino Tocar las bolas, o cómo desconectar echando unas partiditas a juegos de usar y tirar, en el que presentaba un par de juegos de esos que enganchan pero que no son, precisamente, para darle mucho a la cabeza. Le siguió Pasar el rato a viejos juegos de PC. Gracias al DOSBox podemos rescatar juegos como el fantástico Doom o el maravilloso Another World. Después retrocedí aún más en el tiempo, hasta el Spectrum, en Viejos tiempos para el jugador casual, comentando la posibilidad de jugar a aquellos maravillosos juegos usando alguno de los emuladores de los que disponemos hoy en día. ¡Qué tiempos los del Spectrum! Acababa agosto y relacionado con el mundo de los videojuegos, en particular el de las consolas de última generación, realizaba una reflexión sobre cómo la gente empobrece la experiencia de disfrutar de una película con tal de verla lo antes posible. Esto era en Blu-Ray, PlayStation 3 y la terrible estupidez humana por querer ser el primero. Sé que hay gente para todo, pero que aún los haya que, por no gastarse el dinero en el cine, no sea capaz de esperar a que la saquen en el videoclub -y por tanto ripeada a calidades excelentes por las mafias del P2P-, y acepten el ver una grabación de cine con calidad pésima tanto de imagen como de sonido, no deja de sorprenderme. ¿No es estúpido mostrar ese comportamiento? De incurrir en él, lo ocultaría a mis amigos.
En septiembre la cosa empezó bastante bien. En la primera mitad publiqué dos artículos relativos al vicio de jugar: La PS3 para el jugador casual y Más de los 8 bits para el jugador casual. En el primero doy gracias al deseo de vender de las productoras de juegos que permiten disfrutar de demos jugables que, al menos, garantizan un par de horas de entretenimiento. Suficiente para el que no busca más. ¿Qué mejor alternativa para pasar un ratito que darse al vicio del mando? En el segundo post sigo con el repaso de máquinas antiguas. En esta ocasión nada como instalarse el emulador del Commodore y jugar a juegos como el Bruce Lee o el Last Ninja. Quien no llegó a apreciar la magnífica banda sonora de Last Ninja no sabe lo que se perdió. Y, como no lo sabría apreciar, tampoco es importante.
Sin embargo, para la tercera semana de septiembre la cosa se tuerce un poco y en domingo sale un triste Un fin de semana absolutamente improductivo. Entrada en la que me dedico a lloriquear sobre lo flojeras que soy con el clima, sin perder la oportunidad de tentar a los que me quieren poco para que sigan odiándome un poquito más. A partir de ahí, septiembre acaba.
Octubre solo traerá dos artículos en domingo. Ambos relacionados con el vicio del videojuego. En el primero, Remakes para el jugador casual, comento cómo hay gente fantástica que suma a su nostalgia de aquellos juegos clásicos una gran capacidad programando ordenadores, de lo que salen verdaderas joyas actualizadas. Yo estuve enganchadísimo al Wizball durante unas semanas. En Un juego que no merece la pena: El poder de la fuerza, segunda entrada en domingo del mes, comento que no hay que dejar llevarse por las apariencias de una demo, que al final uno puede llevarse un chasco. Para PS3.
Desde mediados de octubre de 2008, hay que esperar hasta el primer día de marzo de 2009, coincidiendo en domingo, para que vuelva a aparecer algo publicado en ese día de la semana. Tal día apareció publicado 'Príncipe de Persia'. Alquilar, no comprar. La trilogía anterior, para la consola de generación también anterior, me había encantado. Qué chasco más grande me llevé con éste. Pero lo que no tuve con el 'Príncipe de Persia', lo conseguí, y de sobradamente, con una obra maestra, comentada en 'Metal Gear Solid 4'. ¡Compra! ¡Compra!. Juego sobresaliente, donde los haya, en todos sus aspectos. Me encantó la banda sonora, que aún no he conseguido por vía lícita y legal.
En abril me prodigo un poco más y habrá tres entradas publicadas en domingo. Echar unas partidas a 'The Last Guy' inaugura los domingos del mes, hablando de uno de esos juegos que, siendo de temática simple y algo trillada, pero sumando un original enfoque, resultan excepcionales para pasar un rato delante de la consola sin comerse mucho la cabeza. Seguiremos con Diez horas entretenidas con 'Ninja Blade', juego que alquilé y acabé en un fin de semana para la Xbox 360. Muy entretenido y que recomiendo alquilar. Acabará abril con Ni te molestes con 'Afro Samurai', juego que me gustó realmente poco y que he conseguido olvidar rápidamente.
En abril, comentando un juego que no me gustó nada, terminan las aportaciones hechas en domingo durante el primer año de bitácora.
Concluye aquí el repaso a los domingos. Quince artículos fueron publicados en ese día de la semana. Espero que hayan disfrutado leyéndolos como yo escribiéndolos. Acaba aquí, también, el resumen a todo lo publicado en el primer año de vida de la nueva reencarnación de mi bitácora.
domingo, 26 de abril de 2009
Ni te molestes con 'Afro Samurai'
El día que alquilé 'Ninja Blade', víspera de jueves santo, tenían en la tienda la oferta dos por uno. Así que aproveché que también estaban preparando en ese momento la carátula de alquiler de 'Afro Samurai', el juego, y me lo traje a casa conmigo. Recalco 'el juego'. Se trata de una adaptación de una serie anime, que produce y aporta voz Samuel L. Jackson. Quien también produce el juego y una película sobre el mismo personaje: 'Afro Samurai Resurrection'. Vamos, que sólo le queda hacer condones camisas con la cara del personaje para cerrar el círculo mercantilista. Bueno. Eso y dos o tres continuaciones de la historia. El dinero es el dinero, oiga usted.
Sin haber visto la serie, ni la pelicula, ni el manga, ni la baraja -si es que hay de estos últimos- de cuyas existencias me enteré después de jugar un par de horas al juego, no tengo más que creer lo que dicen por ahí y pensar que es una buena adaptación de las animaciones y de la trama histórica. Lo cierto es que el juego mantiene, en su apartado gráfico, un estilo muy similar a los dibujos animados, que no sé si a esos o a otros, pero de aspecto parecido al ya presentado por 'Príncipe de Persia', con líneas negras gruesas remarcando los límites de los personajes y que resulta muy agradable de ver en pantalla. A poder ser grande. Nada, por otra parte, que no se pueda esperar de las consolas de última generación.
Contrario a la opinión del pre análisis de GameTv, el juego es malo. Aburrido, más bien. Cierto que entra dentro del género mata-mata que tanto me apasiona, pero la dinámica de la cámara, la repetición nauseabunda de los escenarios y de los combates, y una no demasiado fina respuesta al control, acaban aburriendo hasta el punto de no dar sorpresas en ningún momento. Al menos no me las proporcionó durante las dos horas que le dediqué. Al cabo de las cuales decidí que ya iba siendo hora de acercarme a devolverlo y no pensar más en él. Salvo para escribir esta entrada, claro. Y, después de esto, no creo que vuelva a recordarlo. Lo mismo te sugiero. Se trata de un juego por el que no pagaría más de 6 €, de entregármelo precintado y junto a una hamburguesa. Eso, si lo miras bien, da para alquilarlo dos fines de semana. Si sientes curiosidad, eso es lo más que te sugiero que te gastes.
Por destacar algo del juego, diría que tiene detalles muy curiosos en las animaciones. Todas ellas muy cuidadas, en general. No en vano deviene de una serie de animación. Supongo y dicho por decir. También en algunos personajes (los que alcancé a conocer en el tiempo que jugué) y, sobretodo, en los tajos que mete el chavalote a los enemigos (que pareces estar metido en la guerra de los clones, que son todos iguales). Principalmente cuando los corta de un único golpe, ayudado por una especie de tiempo bala para apuntar mejor, y ves al enemigo cayendo en trocitos. Justo por el lugar donde le metiste la espada hasta el fondo. ¿Recuerdas aquello de un plano puede intersectar con infinitos planos? Pues hay infinitas formas de cortar a una figura tridimensional y, según eso, caen los trozos. Mucha sangre. Muchísima. Y eso, a estas edades, gusta.
No. La música o banda sonora del juego no entra dentro de las cosas que yo destacaría. Prueba llamando a otra puerta.
Resumiendo, no pierdas el tiempo con él. Prueba mejor, por decirte algo, con la serie anime. Igual sí merece la pena. El juego no. Es un juego que no pasará a la historia -a mí historia personal- de juegos a recordar. ¿Cómo decía que se llamaba? Si aún así insistes, asegúrate el día que lo alquilas -porque no me vendrás ahora con que te lo vas a comprar- de llevarte otro con el que pasar mejor el fin de semana. Cuando descubras, una vez más, que nunca miento.
Sin haber visto la serie, ni la pelicula, ni el manga, ni la baraja -si es que hay de estos últimos- de cuyas existencias me enteré después de jugar un par de horas al juego, no tengo más que creer lo que dicen por ahí y pensar que es una buena adaptación de las animaciones y de la trama histórica. Lo cierto es que el juego mantiene, en su apartado gráfico, un estilo muy similar a los dibujos animados, que no sé si a esos o a otros, pero de aspecto parecido al ya presentado por 'Príncipe de Persia', con líneas negras gruesas remarcando los límites de los personajes y que resulta muy agradable de ver en pantalla. A poder ser grande. Nada, por otra parte, que no se pueda esperar de las consolas de última generación.Contrario a la opinión del pre análisis de GameTv, el juego es malo. Aburrido, más bien. Cierto que entra dentro del género mata-mata que tanto me apasiona, pero la dinámica de la cámara, la repetición nauseabunda de los escenarios y de los combates, y una no demasiado fina respuesta al control, acaban aburriendo hasta el punto de no dar sorpresas en ningún momento. Al menos no me las proporcionó durante las dos horas que le dediqué. Al cabo de las cuales decidí que ya iba siendo hora de acercarme a devolverlo y no pensar más en él. Salvo para escribir esta entrada, claro. Y, después de esto, no creo que vuelva a recordarlo. Lo mismo te sugiero. Se trata de un juego por el que no pagaría más de 6 €, de entregármelo precintado y junto a una hamburguesa. Eso, si lo miras bien, da para alquilarlo dos fines de semana. Si sientes curiosidad, eso es lo más que te sugiero que te gastes.
Por destacar algo del juego, diría que tiene detalles muy curiosos en las animaciones. Todas ellas muy cuidadas, en general. No en vano deviene de una serie de animación. Supongo y dicho por decir. También en algunos personajes (los que alcancé a conocer en el tiempo que jugué) y, sobretodo, en los tajos que mete el chavalote a los enemigos (que pareces estar metido en la guerra de los clones, que son todos iguales). Principalmente cuando los corta de un único golpe, ayudado por una especie de tiempo bala para apuntar mejor, y ves al enemigo cayendo en trocitos. Justo por el lugar donde le metiste la espada hasta el fondo. ¿Recuerdas aquello de un plano puede intersectar con infinitos planos? Pues hay infinitas formas de cortar a una figura tridimensional y, según eso, caen los trozos. Mucha sangre. Muchísima. Y eso, a estas edades, gusta.
No. La música o banda sonora del juego no entra dentro de las cosas que yo destacaría. Prueba llamando a otra puerta.
Resumiendo, no pierdas el tiempo con él. Prueba mejor, por decirte algo, con la serie anime. Igual sí merece la pena. El juego no. Es un juego que no pasará a la historia -a mí historia personal- de juegos a recordar. ¿Cómo decía que se llamaba? Si aún así insistes, asegúrate el día que lo alquilas -porque no me vendrás ahora con que te lo vas a comprar- de llevarte otro con el que pasar mejor el fin de semana. Cuando descubras, una vez más, que nunca miento.
domingo, 19 de abril de 2009
Diez horas entretenidas con 'Ninja Blade'
Dudo ser uno de los taraos que cae dentro del grupo del 72%. Sigo prefiriendo la alternativa de la encuesta a estrenar juego. Sin embargo, tras las dos equivocaciones cometidas hace poco, la primera al querer el juego 'Príncipe de Persia' recién salido y la segunda con 'Metal Gear Solid 4', que no me atreví a comprarlo por desconocimiento y resultó ser una obra de arte, decidí que no tenía que privarme de jugar a las novedades, pero tampoco lanzarme a comprar a precio de droga exótica. Así que, mientras la franquicia Game/CentroMail ofrezcan juegos en alquiler a 3 € por 48 horas, siempre podré darle un primer tiento y, en base a la experiencia, decidir a qué precio hay que esperar para comprar. Si es que compro.
El primero con el que he empezado esta estrategia es 'Ninja Blade', juego mata-mata de los que a mí me encantan. Había leído por ahí que pretendía ser una especie de 'God of War' para la plataforma de Microsoft y, ciertamente, hay momentos en los que recuerda a uno de los mejores juegos de PlayStation 2. De lejos. Es normal que los juegos vayan copiando cosas de otros juegos y éste no iba a ser menos. También encontré cosas del 'Príncipe de Persia' y sus carreras antigravedad por las paredes. O del 'Devil May Cry', ya puestos.
Ni los QTE son algo original, ya que hoy en día es raro encontrar un juego que no los tenga. Aunque es cierto que hay juegos en los que su inclusión resulta más acertada o, dejémoslo así, menos molesta. En el caso de 'Ninja Blade' se puede considerar que son del todo oportunas y no rompen con la dinámica veloz y trepidante que es normal en el juego, enriqueciendo más que entorpeciendo. Cuando fallas, el efecto de rebobinado hasta el punto inicial de la cadena de eventos es divertido. A partir de ahí, reintantar tantas veces como sea necesario para concluir correctamente.
Volviendo a los QTE, lo que sí que me sorprendió fue que en todo momento te mostraba el estado actualizado del personaje. Durante el juego puedes conseguir cosas como trajes diferentes que puedes usar o ir evolucionando las armas, que cambiarán de forma y color. En función de todo ello, en las escenas cinematográficas siempre verás lo que el personaje lleve en ese momento. Yo opté por un traje de colores chillones que le daba un toque festivo a la partida. No deja de ser simpático ver un ninja vestido de payaso dando mandobles a un caracol mutante.
Aprovechando la Semana Santa lo alquilé y lo concluí en unos pocos días. Por 3 euros no se puede pedir más. En total, y según el indicador al finalizar el juego, empleé diez horas, cero minutos y treinta y siete segundos para terminarlo. Habrá quien lo acabe en menos y quien, por supuesto, requiera de más tiempo. Lo que significa que no creo que lo llegue a comprar nunca.
En resumen, un buen juego que merece la pena, pero por el que no pagaría más de 36 € -a todo meter 39 €-, dado principalmente lo poco que dura. En su momento escuché en el vídeo de avance de GamePro TV que prevén sacar contenidos descargables de forma periódica en Xbox Live. Ya veremos si lo vuelvo a alquilar entonces. Tampoco descarto volver a alquilarlo dentro de unos meses para repetir nuevamente todas las misiones. Es, como decía, un buen juego que merece la pena ser jugado. Por cierto, en ese mismo vídeo, o en el más reciente con el análisis -le dan un 8,5-, podrás ver secuencias con lo más destacable del juego. Sí, a veces se les va completamente la olla con lo que es capaz de hacer un simple ninja, pero no olvidemos que es un juego. Nada más. Disfruta los dos vídeos, que igual te animas a alquilarlo, única opción que recomiendo ahora mismo.
El primero con el que he empezado esta estrategia es 'Ninja Blade', juego mata-mata de los que a mí me encantan. Había leído por ahí que pretendía ser una especie de 'God of War' para la plataforma de Microsoft y, ciertamente, hay momentos en los que recuerda a uno de los mejores juegos de PlayStation 2. De lejos. Es normal que los juegos vayan copiando cosas de otros juegos y éste no iba a ser menos. También encontré cosas del 'Príncipe de Persia' y sus carreras antigravedad por las paredes. O del 'Devil May Cry', ya puestos.Ni los QTE son algo original, ya que hoy en día es raro encontrar un juego que no los tenga. Aunque es cierto que hay juegos en los que su inclusión resulta más acertada o, dejémoslo así, menos molesta. En el caso de 'Ninja Blade' se puede considerar que son del todo oportunas y no rompen con la dinámica veloz y trepidante que es normal en el juego, enriqueciendo más que entorpeciendo. Cuando fallas, el efecto de rebobinado hasta el punto inicial de la cadena de eventos es divertido. A partir de ahí, reintantar tantas veces como sea necesario para concluir correctamente.
Volviendo a los QTE, lo que sí que me sorprendió fue que en todo momento te mostraba el estado actualizado del personaje. Durante el juego puedes conseguir cosas como trajes diferentes que puedes usar o ir evolucionando las armas, que cambiarán de forma y color. En función de todo ello, en las escenas cinematográficas siempre verás lo que el personaje lleve en ese momento. Yo opté por un traje de colores chillones que le daba un toque festivo a la partida. No deja de ser simpático ver un ninja vestido de payaso dando mandobles a un caracol mutante.
Aprovechando la Semana Santa lo alquilé y lo concluí en unos pocos días. Por 3 euros no se puede pedir más. En total, y según el indicador al finalizar el juego, empleé diez horas, cero minutos y treinta y siete segundos para terminarlo. Habrá quien lo acabe en menos y quien, por supuesto, requiera de más tiempo. Lo que significa que no creo que lo llegue a comprar nunca.
En resumen, un buen juego que merece la pena, pero por el que no pagaría más de 36 € -a todo meter 39 €-, dado principalmente lo poco que dura. En su momento escuché en el vídeo de avance de GamePro TV que prevén sacar contenidos descargables de forma periódica en Xbox Live. Ya veremos si lo vuelvo a alquilar entonces. Tampoco descarto volver a alquilarlo dentro de unos meses para repetir nuevamente todas las misiones. Es, como decía, un buen juego que merece la pena ser jugado. Por cierto, en ese mismo vídeo, o en el más reciente con el análisis -le dan un 8,5-, podrás ver secuencias con lo más destacable del juego. Sí, a veces se les va completamente la olla con lo que es capaz de hacer un simple ninja, pero no olvidemos que es un juego. Nada más. Disfruta los dos vídeos, que igual te animas a alquilarlo, única opción que recomiendo ahora mismo.
domingo, 12 de abril de 2009
Echar unas partidas a 'The Last Guy'
Si buscamos en el diccionario de la Real Academia Española el significado de jugar, y más allá del hecho de tener tantas acepciones, hay algo con lo que la mayor parte de la gente estaría completamente de acuerdo. Para la gran mayoría, jugar implica divertirse y entretenerse. Y el resto es accesorio.
Sin embargo, da la sensación que a medida que evolucionan las consolas y los ordenadores, su potencia gráfica, divertimento viene vinculado y únicamente justificado, si está acompañado de gráficos fotorrealistas. Bueno, la Wii combate esa tendencia buscando la diversión, principalmente, con personajes cabezudos y deformes que supuestamente son un representación de tu yo-jugón en su particular universo de los saltos en tu salón de estar.
Pero no me entiendan mal. No estoy criticando, en su esencia, que con el avance de las generaciones de consolas (y consoladores), se busque incrementar la potencia gráfica y, con ello, el realismo de los escenarios representados. Todos agradecemos el esfuerzo. Pero eso no lo es todo (y tampoco digo nada nuevo con ello). Desde que poseo las consolas de última generación, en particular la Playstation 3, únicamente con un juego he exclamado "¡La madre que lo parió! ¡Qué bueno!". Ha sido con 'Metal Gear Solid 4'. Con el resto, simplemente, he dicho "pero mira qué bonito" y poco más. Ya sea con el emulador de Spectrum, con la Playstation 3 o con el futurible Resonator 300o-coma-14 del próximo siglo XXIII, de lo que se tratará siempre es de pasarlo bien, entretenerse y divertirse; independientemente de si para ello tienes que introducirte un conector a modo de sonda por vía rectal hasta el bulbo raquídeo para que la experiencia sea más realista y/o intensa (esto último casi seguro si has de autoviolentarte para jugar).
Es el caso de 'The Last Guy', juego que solo se puede adquirir en línea en la tienda de PlayStation, y que sin ser una obra que pasará a la historia de los videojuegos en su apartado gráfico, ni en cualquier otro, sí ha sabido aprovechar el espíritu de la moda de la Web 2.0 e incorporar, a modo de laberintos, fotografías satélite de diferentes ciudades en las que pondremos a prueba nuestras habilidades para resolver puzzles contrarreloj. Si haces una búsqueda en Internet, y así ahorrarme tener que entrar en detalles sobre la trama, sabrás que los puzzles consisten en recorrer las calles de la ciudad que toque sorteando todo tipo de bichos rarísimos y recuperando a los supervivientes de un ataque zombi que se irán sumando a una larga cola hasta que los dejes a salvo en las zonas oportunas para ser rescatados por una aeronave futurista. Es el tipo de juego que, sin ínfulas de superproducción del sector, engancha y que sirve para matar esos cinco o diez minutos en los que esperas a que tu pareja se ponga decente para salir a cenar con los amigos. Por lo que cuesta, es muy recomendable. Aunque también advierto que en ciertas ocasiones puede resultar frustrante no conseguir la cantidad de supervivientes exigida antes de que la cuenta atrás llegue a término.
The Last Guy™ Everywhere
Buscando reviews antes de decidirme a pagar los 8 € que cuesta el juego, tropecé con una versión cachonda del mismo que, tomando como base cualquier URL, ofrece una idea de qué trata la historia permitiendo jugar directamente en el navegador. O eso les gustaría creer a los desarrolladores. Tan sencillo como rellenar el campo que ofrecen para ello -el 'http://' que aparece debería ser una pista fiable-, darle al botón (o directamente a intro) y esperar a que el flash cargue, procese y digiera el contenido de la URL para hacer un mapa para la partida.
Probé con varios de las bitácoras que recomiendo en la parte derecha y, para mi desgracia, e incremento del ya excesivamente satisfecho ego del amigo adastra, la única URL que daba resultados aceptables era la suya. Lo sé. Se pondrá insoportable con eso de que está mejor estructurado el HTML de su blog y tal. ¡Qué más hubiese querido poder probarlo con el mío! Sin embargo se ve que los alojados en Blogger no los termina de tragar demasiado bien. De hecho aparece un texto en japonés que no sé si es el típico mensaje de 'error en el servidor' o una amenaza de muerte en el idioma del sol naciente.
Ahora bien, si no te apetece estar perdiendo el tiempo con chuminadas como la anterior, siempre puedes ver el siguiente vídeo para entender la mecánica del juego. La musiquilla que acompaña la partida mola y es pegadiza. ¿Qué son 8 € en un Mundo que se va por el retrete directamente? Al menos lo harás correteando las calles de sitios que probablemente nunca visitarás al son de una marchosa composición musical de corte technobacalao. Eso sí, solo para PS3.
El Último Apunte™
Completamente rascao por no poder usar mi propia bitácora para ejemplificar la chorrada del everywhere se me ocurrió volver a intentarlo, pero esta vez con mi cuenta Flickr. El resultado es mucho mejor que usar la bitácora del amigo adastra, pero tengo demasiado interiorizada la vaguedad como para apreciar el incalculable valor que tiene el trabajo ya hecho. Así que, pese a estar tentado de no darle el placer de hincharle el ego, he optado por conservar lo ya hecho y añadir esta última aclaración antes de darle, ahora sí, al botón de publicar.
Sin embargo, da la sensación que a medida que evolucionan las consolas y los ordenadores, su potencia gráfica, divertimento viene vinculado y únicamente justificado, si está acompañado de gráficos fotorrealistas. Bueno, la Wii combate esa tendencia buscando la diversión, principalmente, con personajes cabezudos y deformes que supuestamente son un representación de tu yo-jugón en su particular universo de los saltos en tu salón de estar.Pero no me entiendan mal. No estoy criticando, en su esencia, que con el avance de las generaciones de consolas (y consoladores), se busque incrementar la potencia gráfica y, con ello, el realismo de los escenarios representados. Todos agradecemos el esfuerzo. Pero eso no lo es todo (y tampoco digo nada nuevo con ello). Desde que poseo las consolas de última generación, en particular la Playstation 3, únicamente con un juego he exclamado "¡La madre que lo parió! ¡Qué bueno!". Ha sido con 'Metal Gear Solid 4'. Con el resto, simplemente, he dicho "pero mira qué bonito" y poco más. Ya sea con el emulador de Spectrum, con la Playstation 3 o con el futurible Resonator 300o-coma-14 del próximo siglo XXIII, de lo que se tratará siempre es de pasarlo bien, entretenerse y divertirse; independientemente de si para ello tienes que introducirte un conector a modo de sonda por vía rectal hasta el bulbo raquídeo para que la experiencia sea más realista y/o intensa (esto último casi seguro si has de autoviolentarte para jugar).
Es el caso de 'The Last Guy', juego que solo se puede adquirir en línea en la tienda de PlayStation, y que sin ser una obra que pasará a la historia de los videojuegos en su apartado gráfico, ni en cualquier otro, sí ha sabido aprovechar el espíritu de la moda de la Web 2.0 e incorporar, a modo de laberintos, fotografías satélite de diferentes ciudades en las que pondremos a prueba nuestras habilidades para resolver puzzles contrarreloj. Si haces una búsqueda en Internet, y así ahorrarme tener que entrar en detalles sobre la trama, sabrás que los puzzles consisten en recorrer las calles de la ciudad que toque sorteando todo tipo de bichos rarísimos y recuperando a los supervivientes de un ataque zombi que se irán sumando a una larga cola hasta que los dejes a salvo en las zonas oportunas para ser rescatados por una aeronave futurista. Es el tipo de juego que, sin ínfulas de superproducción del sector, engancha y que sirve para matar esos cinco o diez minutos en los que esperas a que tu pareja se ponga decente para salir a cenar con los amigos. Por lo que cuesta, es muy recomendable. Aunque también advierto que en ciertas ocasiones puede resultar frustrante no conseguir la cantidad de supervivientes exigida antes de que la cuenta atrás llegue a término.
The Last Guy™ Everywhere
Buscando reviews antes de decidirme a pagar los 8 € que cuesta el juego, tropecé con una versión cachonda del mismo que, tomando como base cualquier URL, ofrece una idea de qué trata la historia permitiendo jugar directamente en el navegador. O eso les gustaría creer a los desarrolladores. Tan sencillo como rellenar el campo que ofrecen para ello -el 'http://' que aparece debería ser una pista fiable-, darle al botón (o directamente a intro) y esperar a que el flash cargue, procese y digiera el contenido de la URL para hacer un mapa para la partida.
Probé con varios de las bitácoras que recomiendo en la parte derecha y, para mi desgracia, e incremento del ya excesivamente satisfecho ego del amigo adastra, la única URL que daba resultados aceptables era la suya. Lo sé. Se pondrá insoportable con eso de que está mejor estructurado el HTML de su blog y tal. ¡Qué más hubiese querido poder probarlo con el mío! Sin embargo se ve que los alojados en Blogger no los termina de tragar demasiado bien. De hecho aparece un texto en japonés que no sé si es el típico mensaje de 'error en el servidor' o una amenaza de muerte en el idioma del sol naciente.Ahora bien, si no te apetece estar perdiendo el tiempo con chuminadas como la anterior, siempre puedes ver el siguiente vídeo para entender la mecánica del juego. La musiquilla que acompaña la partida mola y es pegadiza. ¿Qué son 8 € en un Mundo que se va por el retrete directamente? Al menos lo harás correteando las calles de sitios que probablemente nunca visitarás al son de una marchosa composición musical de corte technobacalao. Eso sí, solo para PS3.
El Último Apunte™
Completamente rascao por no poder usar mi propia bitácora para ejemplificar la chorrada del everywhere se me ocurrió volver a intentarlo, pero esta vez con mi cuenta Flickr. El resultado es mucho mejor que usar la bitácora del amigo adastra, pero tengo demasiado interiorizada la vaguedad como para apreciar el incalculable valor que tiene el trabajo ya hecho. Así que, pese a estar tentado de no darle el placer de hincharle el ego, he optado por conservar lo ya hecho y añadir esta última aclaración antes de darle, ahora sí, al botón de publicar.
domingo, 8 de marzo de 2009
'Metal Gear Solid 4'. ¡Compra! ¡Compra!
Desde que tengo la Playstation 3, no había encontrado ningún juego del que pudiese decir, sin discusión posible, "es una jodida obra de arte". Al menos en todos los aspectos que abarca un título para la nueva generación de consolas. Eso ha sido hasta tropezar con el 'Metal Gear Solid 4: Guns of the Patriots'.
Con la venta de 'Príncipe de Persia' y de 'El poder de la fuerza', saqué dinero, en forma de vale, que invertí, aunque no muy convencido al principio, en la cuarta entrega de la franquicia MGS. Y no me arrepiento lo más mínimo. El juego es una jodida obra de arte. Ahora sí que puedo decirlo.
Erróneamente creía que el juego era del tipo FPS, forma de jugar que no me gusta nada. No conocía las entregas anteriores y soy de los que prefieren ver siempre el machanguito correteando, saltando, golpeando, etc., etc., de un lado a otro. Creyendo que era del tipo FPS no estaba nada convencido de cambiar el vale por el juego, de segunda mano. Lo hice porque mi sobrino insistía en que había sido considerado uno de los mejores juegos del 2008. Y ahora entiendo porqué de tal consideración.
Existe la posibilidad de jugarlo como un FPS, si es el deseo del jugador, pero como más se disfruta es jugándolo en modo tercera persona, pasando a modo primera persona cuando tienes que apuntar con el arma. En especial cuando el arma en cuestión se trata de un rifle de francotirador. Y poco más.
No es el típico mata mata. Hay fases que te puedes pasar sin haber disparado apenas, porque de lo que se trata es de aprovechar el traje de última generación, talla exclusiva, para pasar completamente desapercibido camuflándote con el entorno. Yo quiero uno igual para las próximas navidades. Si te pasas con el gatillo, el personaje sufre en sus carnes los cargos de conciencia.
A mí me llevó unas veintipico horas terminarlo. Claro que yo me tragué absolutamente todos, que son muchos y muy largos, los vídeos que acompañan al juego y que te van contando la historia de los personajes y del contexto social en el que se encuentran. Es una película de animación. Aún así, el juego, la parte en que tú participas, es lo suficientemente largo y variado como para no aburrirte lo más mínimo. Como anécdota, porque el juego te lo va indicando entre acto y acto, de todo ese tiempo pasé unas tres horas desplazándome agachado; otras tres horas arrastrándome, lo que permite alcanzar índices de camuflaje o invisibilidad de hasta un 95%, y mucho tiempo pegado, cual lagartija, a una pared para no ser visto. Es una gozada ver cómo el traje adquiere la textura del entorno cuando te detienes un momento para que se recalibre.
Decía que el juego tiene muchas animaciones. Y es que tiene un enfoque de pelícua que llama muchísimo la atención desde el principio. Sorprende que los dos primeros minutos y medios te los pases haciendo zapping de programas de televisión, muy raros, aunque al final resulta hasta curioso (un estilo a lo que encontrabas viendo la película 'Robocop'). Puede cansar que, a veces, entre acción y acción, te puedas tirar media hora viendo vídeos de la historia. Aunque no es obligatorio tragarselos, si lo tuyo es actuar y no pensar. Otro apartado a destacar es su banda sonora, que es simple y llanamente acojonante. Si hubiese Oscars de los videojuegos (y justicia divina), este juego se debería llevar el premio, al menos, a su banda sonora.
Podría seguir soltando parrafadas sobre la cantidad de detalles que tiene el juego, como lo del iPod que puedes llevar encima o lo de las Playboys que vas encontrando durante el juego, pero creo que será mejor que lo averigües por ti mismo. Si tienes una PS3, y aún no lo tienes en tu poder, has de saber que esta semana ha salido a la venta en edición Platinum. Es el momento de hacerte con tu copia. No te arrepentirás. ¡Cómpralo! ¡Ya! Y si aún no estás convencido, aquí tienes un trailer que merece la pena ver. Por si el vídeo que ya enlacé antes aún no te ha convencido. Para mí ha pasado a formar parte de los mejores juegos de la historia. De lo único que me arrepiento es de no haberlo conseguido antes. Es que lo he disfrutado como un marrano en un charco.
Y si no tienes una PS3, además de por las películas en Blu-Ray, este juego puede ser la excusa perfecta para hacerte con una. Tampoco te arrepentirás.
Con la venta de 'Príncipe de Persia' y de 'El poder de la fuerza', saqué dinero, en forma de vale, que invertí, aunque no muy convencido al principio, en la cuarta entrega de la franquicia MGS. Y no me arrepiento lo más mínimo. El juego es una jodida obra de arte. Ahora sí que puedo decirlo.Erróneamente creía que el juego era del tipo FPS, forma de jugar que no me gusta nada. No conocía las entregas anteriores y soy de los que prefieren ver siempre el machanguito correteando, saltando, golpeando, etc., etc., de un lado a otro. Creyendo que era del tipo FPS no estaba nada convencido de cambiar el vale por el juego, de segunda mano. Lo hice porque mi sobrino insistía en que había sido considerado uno de los mejores juegos del 2008. Y ahora entiendo porqué de tal consideración.
Existe la posibilidad de jugarlo como un FPS, si es el deseo del jugador, pero como más se disfruta es jugándolo en modo tercera persona, pasando a modo primera persona cuando tienes que apuntar con el arma. En especial cuando el arma en cuestión se trata de un rifle de francotirador. Y poco más.
No es el típico mata mata. Hay fases que te puedes pasar sin haber disparado apenas, porque de lo que se trata es de aprovechar el traje de última generación, talla exclusiva, para pasar completamente desapercibido camuflándote con el entorno. Yo quiero uno igual para las próximas navidades. Si te pasas con el gatillo, el personaje sufre en sus carnes los cargos de conciencia.
A mí me llevó unas veintipico horas terminarlo. Claro que yo me tragué absolutamente todos, que son muchos y muy largos, los vídeos que acompañan al juego y que te van contando la historia de los personajes y del contexto social en el que se encuentran. Es una película de animación. Aún así, el juego, la parte en que tú participas, es lo suficientemente largo y variado como para no aburrirte lo más mínimo. Como anécdota, porque el juego te lo va indicando entre acto y acto, de todo ese tiempo pasé unas tres horas desplazándome agachado; otras tres horas arrastrándome, lo que permite alcanzar índices de camuflaje o invisibilidad de hasta un 95%, y mucho tiempo pegado, cual lagartija, a una pared para no ser visto. Es una gozada ver cómo el traje adquiere la textura del entorno cuando te detienes un momento para que se recalibre.
Decía que el juego tiene muchas animaciones. Y es que tiene un enfoque de pelícua que llama muchísimo la atención desde el principio. Sorprende que los dos primeros minutos y medios te los pases haciendo zapping de programas de televisión, muy raros, aunque al final resulta hasta curioso (un estilo a lo que encontrabas viendo la película 'Robocop'). Puede cansar que, a veces, entre acción y acción, te puedas tirar media hora viendo vídeos de la historia. Aunque no es obligatorio tragarselos, si lo tuyo es actuar y no pensar. Otro apartado a destacar es su banda sonora, que es simple y llanamente acojonante. Si hubiese Oscars de los videojuegos (y justicia divina), este juego se debería llevar el premio, al menos, a su banda sonora.
Podría seguir soltando parrafadas sobre la cantidad de detalles que tiene el juego, como lo del iPod que puedes llevar encima o lo de las Playboys que vas encontrando durante el juego, pero creo que será mejor que lo averigües por ti mismo. Si tienes una PS3, y aún no lo tienes en tu poder, has de saber que esta semana ha salido a la venta en edición Platinum. Es el momento de hacerte con tu copia. No te arrepentirás. ¡Cómpralo! ¡Ya! Y si aún no estás convencido, aquí tienes un trailer que merece la pena ver. Por si el vídeo que ya enlacé antes aún no te ha convencido. Para mí ha pasado a formar parte de los mejores juegos de la historia. De lo único que me arrepiento es de no haberlo conseguido antes. Es que lo he disfrutado como un marrano en un charco.
Y si no tienes una PS3, además de por las películas en Blu-Ray, este juego puede ser la excusa perfecta para hacerte con una. Tampoco te arrepentirás.
domingo, 1 de marzo de 2009
'Príncipe de Persia'. Alquilar, no comprar.
Lamentablemente no puedo decir que no me haya decepcionado, un poco, el nuevo capítulo de la saga 'Príncipe de Persia'. Tenía grandes expectativas puestas en él. Nueva generación de consolas. Mejores motores gráficos. Estilo de juego preciosista. Buenos argumentos. Herencia de una de las mejores sagas de juegos, para mi gusto. Tener de referente a 'Las arenas del tiempo', uno de los mejores juegos de la generación de consolas anteriores, nuevamente para mi gusto. Muchos indicadores de que podría esperar un buen juego. De esos que marcan la diferencia.
Aunque en los últimos meses haya cometido en un par de ocasiones el mismo error, no suelo adquirir los títulos hasta pasado ya mucho tiempo, cuando el precio haya bajado significativamente. No ha sido así con el nuevo príncipe, de cuyo estilo gráfico me enamoré en cuanto vi el primer trailer. Lo pedí, y puse bastante alto, en mi C.R.M. (que estuvo mucho tiempo en el lateral derecho, para aquellos que prestaron algo de atención). Y el día de reyes lo conté entre los trofeos adquiridos por ser tan buena persona.
Desde mi punto de vista, el juego en cuestión redefine el concepto de arte en los videojuegos. Es, en una sola palabra, hermoso. Disfruté como un enano de los paisajes y la riqueza visual de todos los personajes. La banda sonora está muy bien, también. La historia está bien diseñada y es redonda, preparando la llegada de la segunda parte de esta nueva trilogía. En todos estos apartados el trabajo es digno de admiración, pudiendo decir poco más que se debe -e invito- experimentar por uno mismo.
Y hasta aquí lo bueno (que no es poco). Por desgracia, el juego es realmente monótono, que es al final lo importante. Da igual si el juego es una obra de arte pictórica que, si no es jugable o no consigue enganchar, da igual todo lo demás. Leí por alguna parte que lo calificaban de abierto. No estoy de acuerdo con ello. Para mí, abierto sería algo como GTA IV. En el príncipe tienes la posibilidad de desbloquear cuatro poderes de Elika, el personaje que te acompaña. Según el que elijas desbloquear cuando hayas recolectado la cantidad suficiente de semillas de luz, tendrás que liberar antes o después los diferentes terrenos fértiles, concepto con el que definen los puntos del universo del juego hasta los que tendrás que llegar para luchar contra el bicho chungo de final de fase y que, permitirá restablecer el equilibro orgánico-cósmico de esa zona. Y punto. Ahí acaba la libertad de elección en este juego.
Se han centrado mucho en las capacidades acrobáticas de los personajes, que dan saltitos y caminan por paredes y techos hasta dar la impresión que la gravedad no les afecta como al resto. Así que, para pasar de un desnivel a otro (no deja de ser un juego de plataformas) tienes que ir pulsando una serie de botones según en la situación en que te encuentres. Pero esa combinación es siempre la misma. Da igual las veces que pases por el mismo sitio, que para llegar al otro extremo de, pongamos por ejemplo, un pasillo, deberás pulsar siempre equis, equis, círculo, equis, círculo, círculo, triángulo, círculo, equis, equis... Siempre igual para el mismo par de puntos. Y mientras, ves al machango, muy bonito, eso sí, hacer sus acrobacias imposibles, agarrarse de anillas que no se sabe muy bien cómo acabaron ahí, o brincar, gracia a los poderes de la chica-compañía, igual de acróbata, de un lado a otro de un acantilado por arte de una magia mística muy chula, colorista y, en resumen, vistosa. Y se acabó.
El componente beat'em up o de lucha que había en títulos anteriores de la saga es casi nulo. De vez en cuando te tropiezas con un monstruito con muy mala baba que no cuesta demasiado vencer, nuevamente con efectos visuales espectaculares, eso sí, y a seguir con combinaciones de botones para alcanzar otra plataforma o superficie horizontal. A veces ni siquiera tienes que luchar. Basta con llegar a la plataforma antes de que se haya terminado de generar el ser maligno, salido de una suerte de agujero de gusano conectado con el infierno, para con, un simple certero golpe, hacerlo desvanecer completamente. Estos bichos únicamente aparecen en las fronteras entre dos zonas fértiles. Siempre que no la hayas regenerado ya. Así que, si no cuentas estos enemigos, que la mayoría de las veces eliminas antes de terminar de aparecer, las únicas peleas dignas de mención son con los antes mencionados enemigos finales de fase. Hay cuatro, uno por cada una de las cuatro zonas en las que se divide el mundo del juego.
En el apartado de los puzzles, salvo uno, que me tuvo un ratito pensando, el resto son de risa. Y en cuanto al problema de intentar averiguar por dónde ir, que en títulos anteriores podía ser un reto, resulta imposible perderse. Ahora le pides ayuda a Elika (pulsando triángulo) y ella te enseña, otra vez con efectos visuales preciosos, por dónde tienes que ir. Fácil. Eso sin contar que ya no puedes morir, por muy burro que quieras ser. Ella estará siempre ahí para recogerte y llevarte a la última plataforma horizontal sobre la que hubieras puesto el pie anteriormente.
En cuanto a duración, no llevé muy bien el control de tiempo, pero creo que no llegó a las diez horas acabarlo. Realmente poco. Poquísimo. Más aún para un juego que podía haber dado muchísimo más de sí. Una verdadera pena, porque el juego es toda una experiencia visual de principio a fin. Es un lujo disfrutar de los paisajes, aunque sepas que son totalmente sintéticos. Subir a los puntos más altos y asomarte y ver la cantidad de color y movimiento. Pero entre lo poco que dura y lo aburrido que resulta, acaba dejándote un regusto amargo.
Se ve que se han dado cuenta de tanta crítica en estos aspectos que han sacado un 'Epílogo' que podrás descargar en tu consola. Pasando por caja primero. Yo vendí mi copia nada más terminarlo (por unos asquerosos 26 €; aunque menos es nada). Sabía que no volvería a jugar. Tal vez, si el 'Epílogo' recibe buena crítica, y no se les va la olla con el precio, lo alquile por un fin de semana, compre y juegue ese extra. En cualquier caso ya se verá cuando llegue el momento.
En resumen: aburrido. Y, para no aburrirte más, comentarte que no merece la pena comprarlo -salvo que esté por debajo de 10 € cuando leas esto-, pero que, si tienes ganas de disfrutar de su apartado visual, lo que sí que recomiendo, siempre podrás alquilarlo.
El regusto amargo es doble, porque no puedo dejar de compararlo con 'Las arenas del tiempo'. Ese sí fue un grandísimo juego de la franquicia. Lamenté mucho deshacerme de él cuando vendí la PS2. Por cierto, leyendo un post relacionado con el origen de la saga, del amigo Adastra, y luego repasando el artículo de la Wikipedia que enlazo al principio, me entero y confirmo que habrá una película basada en dicho juego. Prevista, causa de demoras, para mediados del año que viene. Miedo me dan estas adaptaciones, pero habrá que ver cómo han adaptado a la gran pantalla la historia de esta maravilla de juego. Aunque viendo el trailer que hay en YouTube me parece que esperaré a que la saquen en el videoclub. No sea que entre la decepción de éste juego y la película, acabe odiando profundamente la existencia de toda forma de Príncipe de Persia.
Aunque en los últimos meses haya cometido en un par de ocasiones el mismo error, no suelo adquirir los títulos hasta pasado ya mucho tiempo, cuando el precio haya bajado significativamente. No ha sido así con el nuevo príncipe, de cuyo estilo gráfico me enamoré en cuanto vi el primer trailer. Lo pedí, y puse bastante alto, en mi C.R.M. (que estuvo mucho tiempo en el lateral derecho, para aquellos que prestaron algo de atención). Y el día de reyes lo conté entre los trofeos adquiridos por ser tan buena persona.
Desde mi punto de vista, el juego en cuestión redefine el concepto de arte en los videojuegos. Es, en una sola palabra, hermoso. Disfruté como un enano de los paisajes y la riqueza visual de todos los personajes. La banda sonora está muy bien, también. La historia está bien diseñada y es redonda, preparando la llegada de la segunda parte de esta nueva trilogía. En todos estos apartados el trabajo es digno de admiración, pudiendo decir poco más que se debe -e invito- experimentar por uno mismo.Y hasta aquí lo bueno (que no es poco). Por desgracia, el juego es realmente monótono, que es al final lo importante. Da igual si el juego es una obra de arte pictórica que, si no es jugable o no consigue enganchar, da igual todo lo demás. Leí por alguna parte que lo calificaban de abierto. No estoy de acuerdo con ello. Para mí, abierto sería algo como GTA IV. En el príncipe tienes la posibilidad de desbloquear cuatro poderes de Elika, el personaje que te acompaña. Según el que elijas desbloquear cuando hayas recolectado la cantidad suficiente de semillas de luz, tendrás que liberar antes o después los diferentes terrenos fértiles, concepto con el que definen los puntos del universo del juego hasta los que tendrás que llegar para luchar contra el bicho chungo de final de fase y que, permitirá restablecer el equilibro orgánico-cósmico de esa zona. Y punto. Ahí acaba la libertad de elección en este juego.
Se han centrado mucho en las capacidades acrobáticas de los personajes, que dan saltitos y caminan por paredes y techos hasta dar la impresión que la gravedad no les afecta como al resto. Así que, para pasar de un desnivel a otro (no deja de ser un juego de plataformas) tienes que ir pulsando una serie de botones según en la situación en que te encuentres. Pero esa combinación es siempre la misma. Da igual las veces que pases por el mismo sitio, que para llegar al otro extremo de, pongamos por ejemplo, un pasillo, deberás pulsar siempre equis, equis, círculo, equis, círculo, círculo, triángulo, círculo, equis, equis... Siempre igual para el mismo par de puntos. Y mientras, ves al machango, muy bonito, eso sí, hacer sus acrobacias imposibles, agarrarse de anillas que no se sabe muy bien cómo acabaron ahí, o brincar, gracia a los poderes de la chica-compañía, igual de acróbata, de un lado a otro de un acantilado por arte de una magia mística muy chula, colorista y, en resumen, vistosa. Y se acabó.
El componente beat'em up o de lucha que había en títulos anteriores de la saga es casi nulo. De vez en cuando te tropiezas con un monstruito con muy mala baba que no cuesta demasiado vencer, nuevamente con efectos visuales espectaculares, eso sí, y a seguir con combinaciones de botones para alcanzar otra plataforma o superficie horizontal. A veces ni siquiera tienes que luchar. Basta con llegar a la plataforma antes de que se haya terminado de generar el ser maligno, salido de una suerte de agujero de gusano conectado con el infierno, para con, un simple certero golpe, hacerlo desvanecer completamente. Estos bichos únicamente aparecen en las fronteras entre dos zonas fértiles. Siempre que no la hayas regenerado ya. Así que, si no cuentas estos enemigos, que la mayoría de las veces eliminas antes de terminar de aparecer, las únicas peleas dignas de mención son con los antes mencionados enemigos finales de fase. Hay cuatro, uno por cada una de las cuatro zonas en las que se divide el mundo del juego.
En el apartado de los puzzles, salvo uno, que me tuvo un ratito pensando, el resto son de risa. Y en cuanto al problema de intentar averiguar por dónde ir, que en títulos anteriores podía ser un reto, resulta imposible perderse. Ahora le pides ayuda a Elika (pulsando triángulo) y ella te enseña, otra vez con efectos visuales preciosos, por dónde tienes que ir. Fácil. Eso sin contar que ya no puedes morir, por muy burro que quieras ser. Ella estará siempre ahí para recogerte y llevarte a la última plataforma horizontal sobre la que hubieras puesto el pie anteriormente.
En cuanto a duración, no llevé muy bien el control de tiempo, pero creo que no llegó a las diez horas acabarlo. Realmente poco. Poquísimo. Más aún para un juego que podía haber dado muchísimo más de sí. Una verdadera pena, porque el juego es toda una experiencia visual de principio a fin. Es un lujo disfrutar de los paisajes, aunque sepas que son totalmente sintéticos. Subir a los puntos más altos y asomarte y ver la cantidad de color y movimiento. Pero entre lo poco que dura y lo aburrido que resulta, acaba dejándote un regusto amargo.
Se ve que se han dado cuenta de tanta crítica en estos aspectos que han sacado un 'Epílogo' que podrás descargar en tu consola. Pasando por caja primero. Yo vendí mi copia nada más terminarlo (por unos asquerosos 26 €; aunque menos es nada). Sabía que no volvería a jugar. Tal vez, si el 'Epílogo' recibe buena crítica, y no se les va la olla con el precio, lo alquile por un fin de semana, compre y juegue ese extra. En cualquier caso ya se verá cuando llegue el momento.
En resumen: aburrido. Y, para no aburrirte más, comentarte que no merece la pena comprarlo -salvo que esté por debajo de 10 € cuando leas esto-, pero que, si tienes ganas de disfrutar de su apartado visual, lo que sí que recomiendo, siempre podrás alquilarlo.
El regusto amargo es doble, porque no puedo dejar de compararlo con 'Las arenas del tiempo'. Ese sí fue un grandísimo juego de la franquicia. Lamenté mucho deshacerme de él cuando vendí la PS2. Por cierto, leyendo un post relacionado con el origen de la saga, del amigo Adastra, y luego repasando el artículo de la Wikipedia que enlazo al principio, me entero y confirmo que habrá una película basada en dicho juego. Prevista, causa de demoras, para mediados del año que viene. Miedo me dan estas adaptaciones, pero habrá que ver cómo han adaptado a la gran pantalla la historia de esta maravilla de juego. Aunque viendo el trailer que hay en YouTube me parece que esperaré a que la saquen en el videoclub. No sea que entre la decepción de éste juego y la película, acabe odiando profundamente la existencia de toda forma de Príncipe de Persia.
lunes, 20 de octubre de 2008
Otro juego que no debes comprar: Devil May Cry 4
Ya he comentado que los juegos de tipo mata-mata-mata, preferiblemente con espada, de acción en tercera persona, son los que más me relajan. Devil May Cry 4 es de ese tipo. Siendo la cuarta entrega de esta franquicia, es el primero que veo de la saga. Hasta tropezar con él no sabía ni que existía. Lo conocí jugando la demo en casa de un amigo, antes de yo tener la PS3 y me encantó. Tanto que, cuando al final decidí ser propietario de mi propia consola de última generación, fui al videoclub y lo alquilé.
Un fin de semana largo, con un puente, lo saqué por poco menos de 4€ y, ya puestos, lo acabé. En total creo que dediqué unas 11 o 12 horas, como mucho (ofreciendo un coste de hora de ocio de 0,36 €, lo que es bastante poco para como está el mercado y la situación económica).
El juego tiende a aburrir y ser repetitivo hasta la saciedad. Los monstruos de final de fase son relativamente sencillos de pasar, lo que siempre se agradece. Me toca mucho el escroto llegar al final de la fase y pasar dos horas intentando acabar con el malo malísimo de la muerte. Es desproporcionado. Tengo la absoluta certeza que la violencia de los juegos no es lo pernicioso para la mente infantil. Lo pernicioso es la frustración que genera en las pequeñas mentes el no poder progresar y acabar un juego. Es la frustración el origen de los peores actos bélicos y violentos. Los que organizan tanto ruido por la violencia de los juegos deberían organizar una plataforma exigiendo juegos que puedan ser completados por cualquiera, en lugar de hacerse tanta paja ideológica.
Ya estoy derivando...
El juego es uno de tantos en el que te lo pasarás pipa matando matando y matando a todo bicho que se te ponga por delante, y permitiendo con ello desahogar esas pulsiones de muerte que te poseen de lunes a viernes cuando conduces el coche camino del trabajo (si eres de los afortunados que tiene los fines de semana para descansar). Con una componente casi nula de plataforma (y lo que se podría calificar de puzzle en tres dimensiones), y como decía antes, se acaba convirtiendo en bastante aburrido. Vas mejorando destrezas a medida que matas y con esas nuevos combos vas aniquilando a enemigos cada vez más duros de pelar. Pero, como pasa con todos los juegos, al rato ya conoces la dinámica y queda disfrutar de los escenarios y los gráficos, que pese a que son buenos, tampoco quitan el sentío.
En fin, que te recomiendo que, si realmente lo deseas, esperes a que lo bajen bastante de precio. En caso contrario, si simplemente lo que quieres es pasar un rato, alquílalo y termínalo. Así en plan pañuelo de papel: usar y tirar. Ya que no puedes hacerlo con el sexo opuesto (o el que te atraiga), hazlo con los videojuegos.
Un fin de semana largo, con un puente, lo saqué por poco menos de 4€ y, ya puestos, lo acabé. En total creo que dediqué unas 11 o 12 horas, como mucho (ofreciendo un coste de hora de ocio de 0,36 €, lo que es bastante poco para como está el mercado y la situación económica).El juego tiende a aburrir y ser repetitivo hasta la saciedad. Los monstruos de final de fase son relativamente sencillos de pasar, lo que siempre se agradece. Me toca mucho el escroto llegar al final de la fase y pasar dos horas intentando acabar con el malo malísimo de la muerte. Es desproporcionado. Tengo la absoluta certeza que la violencia de los juegos no es lo pernicioso para la mente infantil. Lo pernicioso es la frustración que genera en las pequeñas mentes el no poder progresar y acabar un juego. Es la frustración el origen de los peores actos bélicos y violentos. Los que organizan tanto ruido por la violencia de los juegos deberían organizar una plataforma exigiendo juegos que puedan ser completados por cualquiera, en lugar de hacerse tanta paja ideológica.
Ya estoy derivando...
El juego es uno de tantos en el que te lo pasarás pipa matando matando y matando a todo bicho que se te ponga por delante, y permitiendo con ello desahogar esas pulsiones de muerte que te poseen de lunes a viernes cuando conduces el coche camino del trabajo (si eres de los afortunados que tiene los fines de semana para descansar). Con una componente casi nula de plataforma (y lo que se podría calificar de puzzle en tres dimensiones), y como decía antes, se acaba convirtiendo en bastante aburrido. Vas mejorando destrezas a medida que matas y con esas nuevos combos vas aniquilando a enemigos cada vez más duros de pelar. Pero, como pasa con todos los juegos, al rato ya conoces la dinámica y queda disfrutar de los escenarios y los gráficos, que pese a que son buenos, tampoco quitan el sentío.
En fin, que te recomiendo que, si realmente lo deseas, esperes a que lo bajen bastante de precio. En caso contrario, si simplemente lo que quieres es pasar un rato, alquílalo y termínalo. Así en plan pañuelo de papel: usar y tirar. Ya que no puedes hacerlo con el sexo opuesto (o el que te atraiga), hazlo con los videojuegos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




