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domingo, 2 de octubre de 2011

¡Tú! ¡Pedazo de Neandertal!

Ahora mismo estoy viendo el programa de Redes 2.0, en el que se confirma que Homo Sapiens y Neandertales hicieron triqui triqui y tuvieron descendencia viable. Desde luego, revisando la imagen que he cogido para ilustrar esta entrada no me cabe ninguna duda que el hijo de puta que andaba tocándome los huevos todo el santo día en la anterior empresa, ascendió por ser —y comportarse como— un verdadero Neandertal. Físicamente se parecía un huevo a la imagen. Aunque en mis recuerdos nunca lo vi tan pacífico, ni pensativo. Creo que aquella vez que me tiró el iPhone con desprecio le tenía que haber arrancado la cabeza.

sábado, 18 de diciembre de 2010

'Microcosmos'

Creo que desde siempre me han fascinado los documentales de bichos. Desde que tengo memoria me han maravillado los insectos —y la fauna en su conjunto— pero como soy bastante tiquismiquis igualmente desde que tengo recuerdos he preferido mantenerlos a cierta distancia. Puede que ese deseo de distanciamiento sea la causa de que nunca me lance a la macrofotografía de insectos.

Mis padres me regalaron de pequeño una enciclopedia de seis tomos dedicados a los animales y me pasaba horas mirando las imágenes que acompañaban los distintos artículos. Recuerdo muy vívidamente —cerrando los ojos aún puedo distinguir muchos de los detalles— las fotografías de los ácaros de terciopelo [@ Wikipedia (en)] y de un escorpión acarreando a espaldas toda su prole. Y tiene mérito, porque podemos estar hablando de fotografías que estudié hace casi tres décadas. Sí, siempre me han gustado los documentales de animales en general y los de bichos en particular. Y sí, me lo pasaba genial con la enciclopedia de animales que me regalaron mis padres. (Aún está en casa de mi madre.) Aunque también tuve claro siempre que no me dedicaría a la biología.

Puestos a perder tiempo, ver documentales es una de las alternativas preferidas. De ahí que no escatime mucho si tengo la oportunidad de comprar alguno en Blu-Ray para disfrutar de la mejor calidad de imagen y sonido posibles. Y eso es lo que pasó con 'Microcosmos' [@ IMDb], que aprovechando un pedido de películas a Amazon UK acabó cayendo en el carrito de la compra a sabiendas de que era uno de esos que se vienen en denominar «película no verbal», a los que tan aficionado me he vuelto desde que vi 'Baraka' [reseña], y que el idioma no sería un contratiempo. Más o menos. Al final resulta que no era tan no verbal como creía y hay una voz en off de mujer (en la versión en inglés) que suelta un pequeño discurso al principio de la cinta, pero que resulta relativamente fácil de entender (no hay subtítulos, que conste).

'Microcosmos', como película básicamente no verbal, combina imágenes y sonidos como herramientas narrativas. Y lo consigue de forma fantástica. Las imágenes y secuencias, rodadas empleando distintas técnicas, son dignas de ver, mientras que el sonido acompaña perfectamente. En buena medida porque aprovechan los propios sonidos naturales para la ambientación; a veces un poco exagerados, eso sí. Como decía, la combinación resulta fantástica y sumamente entretenida. La hora y poco que dura el documental se pasa en un santiamén disfrutando, casi obnubilado, de las imágenes de los animales que se pueden encontrar en una pequeña extensión de campiña francesa a medida que va transcurriendo un día. El ciclo solar es la marca de tiempo empleada.

'Microcosmos' no es un documental al caso, pues al no contar apenas con explicaciones verbales, queda más como un ejercicio narrativo destinado a inflamar la imaginación del afortunado vidente. Sin embargo —o precisamente por ello— es una película recomendable para desconectar el mundo cotidiano y ordinario durante una hora y dejarse llevar por esos universos alternativos que nos rodean pero que, por ser aparentemente insignificantes, no solemos prestar atención. Insignificante en apariencia, sí, pero no en esencia. La Naturaleza no deja de sorprenderme con su fastuoso despliegue de formas y colores, en particular dentro del cosmos de los insectos. Y 'Microcosmos' es un fiel exponente de esa cantidad de maravillas que, día a día, nos perdemos por estar preocupados en cosas, aparentemente, más importantes. Película muy recomendable.

Si estás dispuesto a desperdiciar la oportunidad de disfrutarla en la mejor calidad posible, para lo que te recomiendo que recurras al soporte en alta definición por excelencia, tienes ocasión de verla en Google Videos [microkosmos.avi]. Al menos en el momento de escribir esta entrada ya llevaba tres años colgado.

miércoles, 5 de mayo de 2010

'Encuentros en el fin del mundo'

Hay una canción de Sabina que, a marcha de Rock, nos narra el anhelo humano por soñar y vivir otras vidas distintas a la que vivimos. Está en nuestra naturaleza —casi diría que escrito a fuego en algún transposón tramposo heredado de alguna permuta génica con algún virus en la prehistoria— la insatisfacción perenne que nos obliga a buscar más. A desear más. Hasta el que proclama a los cuatro vientos estar plenamente satisfecho con su forma de ser, hacer y estar, desmiente con sus actos tal afirmación con la búsqueda de más y de más, repitiendo —intentando repetir, al menos— y reiterando el esquema de su éxito. Fromm diría que persisten en su modo de vida orientado al «tener» en lugar de vivir en el «ser». Pero allá cada cual con sus pupas y sus penas.

Sabina eligió ser un pirata cojo. A diferencia de muchos compañeros de aula, yo estoy contento con la profesión elegida, me identifica y me sigue regalando momentos de placer intelectual, pero no negaré —no puedo hacerlo— que en mi vida ha habido, hay y habrá momentos en los que he soñado, sueño y soñaré, he anhelado, anhelo y anhelaré, experimentar lo que podrían haber sido otras vidas. Quizá otras profesiones. Pirata con una pata de palo podría ser una de tantas buenas experiencias que vivir, pese a que la hemos heredado edulcorada en las proyecciones cinematográficas. Aunque en mi caso no hay una sola vida que prefiriese vivir, hay muchas que me encantaría experimentar, de los primeros exploradores de los polos terrestres sería aún mejor que abordar calaveras, bergantines, goletas y demás naves españolas, inglesas u holandesas según la bandera que me apadrinara y el viento de dónde soplara.

Con este esquema mental —potaje o puré, que dirían algunos— no es extraño que la atípica película documental 'Encuentros en el fin del mundo', dirigida por Werner Herzog, me haya encantado. Me la compré en Blu Ray en un arrebato consumista de esos que tanto me caracterizan, sin tener la más mínima idea de qué iba la historia pero buscando imágenes con una definición tan extrema que me hicieran saltar las lágrimas de puro placer visual, y me tropecé con un documento humano realmente valioso e inestimable. Una obra de culto dedicada al ser, un tributo libre de prejuicios y cuya búsqueda perpetua toma descanso allí donde las líneas de los mapas convergen —expresión tomada de uno de los protagonistas del filme—.

Como el propio director proclama al principio, no es un documental de pingüinos más. En la película encontraremos personajes infrecuentes, realizando cosas aparentemente mundanas en parajes hostiles y nada comunes. Un experto en finanzas que cambió el éxito del dinero por la conducción de vehículo dedicado al transporte de personas —guagua, bus— de dimensiones irreales en la base o ciudad de McMurdo, en el Polo Sur del planeta. O el de un filósofo que maniobra un tractor grandísimo. O un lingüista cuidando de un vivero o un invernadero en mitad de una noche soleada. Todos, junto con otros personajes casi de ficción, conviven en un lugar no hecho para cualquiera y que, por esa suerte especial que da la narrativa, te presentan como lugar de encuentro. Algunos dirán que hay que estar mal de la «azotea» para irse a vivir y trabajar a un sitio como ese. A lo que yo les preguntaría «¿tú eres feliz?», porque esta gente sí parece serlo pese a las condiciones extremas en las que viven.

Sin embargo, pese a que el documental se centra en el motivo, en la causa, que persiguen aquellos que se lanzan a lo desconocido buscando vete a saber qué, no se desperdicia la oportunidad para visitar enclaves de investigación científica y presentarnos a los que allí trabajan y viven. Y, cómo no, meditan sobre la existencia y sus trabajos. Hay momentos para sorprenderse con la riqueza que nos regala este mundo, como el sonido extraterrestre que emiten las focas de Weddell bajo el mar helado. De verdad que merece la pena escucharlo. ¿Qué soñarían los exploradores en tiempos de Amundsen y Scott al escuchar esos sonidos, recostados en plena noche, tal vez añorando el calor de los cuerpos de sus amantes, cuando aún no existían sintetizadores y la imaginación colectiva sobre extraterrestres y platillos volantes no hablaba de efectos especiales digitales, de rayos láser o de sables de luz?

En definitiva, 'Encuentros en el fin del mundo' es un documental difícilmente encasillable que nos brinda una oportunidad exquisita para conocer a la gente que hace posible que hayamos llegado a lugares increíbles. Un 'must see' que, por la condición humana egocentrista reacia a aceptar lo distinto, lo genuino, difícilmente será apto para cualquiera. Creo sinceramente que se ha de contar y disponer de una sensibilidad especial y de una mentalidad abierta para poder disfrutar de un documento visual, espiritual y transcendental como éste.

viernes, 2 de octubre de 2009

'Superplagas'

La Tierra es un lugar sorprendente. A nada que inviertas un poco de tiempo en mirar a tu alrededor, y salvo que vivas en una burbuja aislado del resto, encontrarás material suficiente para asombrarte. Y es que, en el fondo, no prestamos atención a nada de lo que nos rodea. Salvo, tal vez, cuando hay algo tan anómalo que no podemos evitar fijarnos en ello.

Uno de estos fenómenos al que no podríamos evitar prestar nuestra atención, aunque nos esforzáramos en ello, es el de las plagas. No resulta nada agradable encontrase, de repente, inmerso en medio de varios cientos de miles de especímenes de alguna especie que tenga, en un momento dado, montada una fiesta en la que se hayan vendido el quintuple de entradas de más del aforo permitido en el local. Vamos, muchos, cabreados y por lo general hambrientos.

'Superplagas', es un buen documental que nos presenta varios casos, todos ellos bastante asombrosos, de grandes colonias del mundo animal que desde luego no pasarán desapercibidas. A las ya conocidas de langostas y ratas, se suman las de hormigas legionarias, cacerolas de mar, moscas efímeras y estorninos pintos, por poner algunos ejemplos, en las que inmensas colonias irrumpen en nuestro mundo. En realidad el documental se tendría que haber supercolonias o superenjambres, pues el original inglés es 'Superswarm' -una vez más, los españoles haciendo pupa con sus traducciones- pues al final de eso es de lo que se trata, de enjambres o colonias con tal números de individuos que producen intranquilidad.

La película, dividida en dos capítulos, gira mayoritariamente en torno a la relación del ser humano con las distintas colonias -o plagas, cuando es eso se convierten- y de cómo, en algunos casos, saca provecho de ello o, en los que no, cómo se las apaña para librarse de tan molestos visitantes.

Un documental que merece la pena ver, que resulta entretenido y sorprendente, como rara vez ocurre ya con otras formas de entretenimiento, y que, si huyes de los fondos mafiosos de las redes P2P, puedes disfrutar aquí. Siempre, claro está, que tu tolerancia a una calidad de imagen ligeramente deficiente esté bastante, digamos, dilatada. La tolerancia, digo.

jueves, 24 de septiembre de 2009

'I, videogame'

Se puede decir que mi crecimiento intelectual se produjo en un entorno tecnológico. Desde los 12 años tuve ordenador y, antes, con 9 y 10 años, ya jugaba a las máquinas recreativas matando marcianos y comiendo cocos. Pero antes aún, jugaba con aquellas alucinantes Game & Watch de Nintendo. No es de extrañar que para mí el que la gente juegue e invierta dinero y esfuerzo en hacerlo es algo muy normal. Tanto como podría serlo ir al cine a toquetearse con la novia o el novio en la oscuridad hace cuatro décadas. O a un guateque hace cinco. Son cosas de cada generación.

Pero los videojuegos no son algo que comenzara hace un par de días. Es curioso que no nos percatemos mucho de ello, pero tenemos ya varias décadas de historia en torno a lo que se ha convertido en una industria multimillonaria. Países como Japón, Canadá y, ¿cómo no?, la omnipresente EEUU han facilitado que la industria de los videojuegos logre una importante aportación al PIB nacional. No en vano el ejército de los EEUU promovió el desarrollo de algunos juegos para el entrenamiento de sus soldados. La industria del videojuego mueve muchos millones. Miles de millones.

¿Con tanto tiempo transcurrido desde que apareció el primer videojuego, 'Tenis for two', en 1958 (sí, medio siglo ya), es de extrañar que alguien empiece a preocuparse por recopilar su historia y el contexto en el que se desarrollaron? A mí no me extraña lo más mínimo y eso pretende la serie documental 'I, videogame' de Discovery Channel, traducida al español por 'La historia de los videojuegos', que repasa la evolución de los mismos a través de las décadas y de los conflictos sociales que se vivían y que, mantienen sus autores, se reflejaron inevitablemente en los tipos de videojuegos que se hicieron, se hacen y se harán. Conflictos como la Guerra Fría, la Guerra del Golfo, etc., etc.

La serie consta de cinco capítulos. En cada uno se va profundizando, desde los orígenes, donde lo que se manejaba no tenía personalidad, meros píxeles, hasta los actuales juegos que ofrecen la sensación de inmersión en universos alternativos en los juegos en primera persona para multijugador. ¿El resumen de cinco décadas de avances tecnológicos y sociales en la materia?

Yo no termino de alejarme por completo del mundo de los videojuegos, aunque apenas toco ya las consolas. Así que no estoy muy puesto y puede que lo que a mí me resultó toda una curiosidad, para el resto de mis contemporáneos sea algo de lo más natural y lógico del mundo, pero desconocía que había un movimiento de gente que se dedica a desarrollar películas usando imágenes animadas de videojuegos. A esto se le ha venido a llamar «machinima». ¿No es sorprendente? ¡Si hasta hay un festival! Lo que no invente el hombre...

El último capítulo, el quinto, es especialmente interesante. Se habla principalmente de las redes sociales en torno a universos alternativos, cuyo origen se remonta a los MUD y que hoy en día tienen la denominación de «multijuador masivo». Cientos de miles, millones, de personas se concentran en torno a universos que ofrecen grados de libertas asombrosos y en los que pueden llegar a alcanzar los éxitos que no cosechan en la realidad. Pero más allá de este reflejo de huida emocional, lo que más me sorprendió -bueno, en realidad visto con calma es lo más lógico del mundo- es la cantidad de dinero que se mueve en algunos de esos universos, donde se compran y se venden cosas por dinero real. ¿Quién paga cien mil euros por comprarse un local en un mundo virtual? Pues hay gente que lo hace... ¡Y recupera la inversión! Este capítulo hay que verlo, sí o sí.

La serie resulta bastante entretenida. Los que nos criamos con el vicio algo más desarrollado seguramente la disfrutemos mucho más que aquellos que han sido ajenos a los avances y evoluciones producidos en la industria, pero creo que no deja de ser instructivo sumergirse durante unas cuatro horas en la historia de una de las opciones de ocio preferidas por tantos y tantos seres humanos. Yo lo recomiendo. Y si no quieres andar perdiendo el tiempo sumergiéndote en las mafias del P2P, siempre podrás disfrutar de todos los capítulos aquí. Recomendado.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

'Google, fábrica de ideas'

Es curioso lo rápido que nos acostumbramos a lo bueno. ¿Alguien se para alguna vez a pensar en cómo eran las cosas hace 15 o 20 años, cuando Internet era algo más cercano a la ciencia ficción que a la realidad de los hogares? Hablo, obviamente, a las generaciones de la década de los 60 y posteriores, que alcanzaron la madurez de la sociedad del bienestar en plena incursión apoteósica de la banda ancha en las casas, la cual se acabó convirtiendo en el desagüe donde se verterían tantas horas y horas despilfarradas delante de los monitores.

Dentro del gran número de actores que han intervenido en el desarrollo de la sociedad de la información -nombre, por otro lado, que no me gusta nada-, y que han conseguido que la gente (las de las generaciones mencionadas) pase más tiempo delante de su ordenador que delante de la tele, creo que nadie discutirá que hay uno que destaca eclipsando al resto. Hablo, ¿cómo no?, de Google. Sospecho que la historia, cuando se reescriba, porque la historia siempre se reescribe, lo hacen los ganadores, acabará diciendo que Google inventó Internet. Y, aunque tal vez no llegó a inventarla, hay que reconocer que la revolucionó y la acercó a todo el mundo. Digamos que consiguió lo que nadie había conseguido hasta ese momento: centralizarla.

En el mercado de las películas documentales, existen ya varias sobre este coloso de la industria de las tecnologías de la información. 'Google, fábrica de ideas' es otro de las tantas películas documentales que acabarán produciéndose. En esta ocasión, de origen francés, hace de su sentido de ser repasar las peculiaridades en el trato con sus empleados, de cómo los atrae con una serie de beneficios sociales y, en resumen, de lo chachi piruli que resulta trabajar colaborar con ellos. Porque la esencia de trabajar en Google no es hacerte sentir como un trabajador, sino como un colaborador con voz y voto, dentro de un marco de constante crecimiento personal en un contexto donde la información circula sin barreras. El culmen del paradigma de la organización que aprende. Los mundos de yupi del universo empresarial. Y, lo asombroso -o cojonudo- es que funcionan. Más de una empresa debería tomar ejemplo de ello.

El documental, de una hora de duración, está muy bien planteado. Resulta ameno todo el tiempo y no deja de sorprender la cantidad de cosas que se hacen con, por y para sus empleados. La máxima sería «empleado contento empleado productivo». No es de extrañar que todo el mundo quiera trabajar en Google y que, una vez dentro, sublime su vida personal por vivir en un lugar donde lo personal y lo laboral se fusionan de una forma cuyas implicaciones resulten, tal vez, complejo predecir a largo plazo. Porque, claro, ahora la gran mayoría de la plantilla de Google no supera los treinta años, ¿pero qué sucederá cuando esos mismos chavales que se niegan a crecer, esos mozalbetes con Síndrome de Peter Pan, tengan cuarenta años y se encuentren inmersos en la disyuntiva que surja entre formar parte de la vida de sus vástagos o ser el jovial pureta, vestido como un eterno teenager, que se va en bicicleta a primera hora de la mañana y que vuelve por la noche cuando ya duermen y que no pasa de ser una mancha borrosa en sus memorias? Es una pregunta peliaguda que dejan en el aire. Tal vez ya lo tengan resuelto y la empresa se convierta en un criadero -dado que aquellos con los que únicamente se pueden relacionarse los empleados son los que conforman el resto de la plantilla-, con guarderías y niños que no conocerán otra cosa que un universo de lámparas de lava. O, tal vez, dado que es una forma de esterilización sexual asumida, los trabajadores de Google no lleguen a procrear nunca. Aunque tal vez la respuesta se encuentre en un futuro no muy lejano cuando Google se convierta en una de las megacorporaciones que decidan las políticas globales y todos seamos empleados de Google. Esperemos que entonces recuerden uno de sus fundamentos originales: «don't be evil». ¿Habla la envidia por ser demasiado viejo para ser aceptado en el círculo de Google? Sea como fuere, y dios me libre de conocer el futuro que nos espera (aunque algunos aseguran que del 21 de diciembre de 2012 no pasamos), es un documental que merece la pena ver.

Yo disfruté de él en uno de esos días de trabajo sin trabajo, aprovechando que Internet acabará con la televisión. Aquí podrás verlo de cabo a rabo con una calidad aceptable. No es un documental de grandes fotografías, por lo que la calidad de visionado, aunque sigo defendiendo que es vital de forma general, no es imprescindible para este caso. Recomendado.

martes, 15 de septiembre de 2009

'El mundo en imágenes'

Escuchaba a un amigo comentar un día que alguien le recriminaba que «nunca llegarás a ser un buen fotógrafo si no inviertes tiempo comprando libros y estudiando a los grandes». Falta de razón tal vez no tenga esa afirmación, pero lo cierto es que cada uno hace lo que hace por los motivos que a él le da la gana y alcanzará lo que aspire alcanzar por la vía que mejor le parezca. A veces no hace falta tirar cantidades ingentes de dinero en comprar libros de fotógrafos importantes.

En mi caso particular, sí he comprado más de un libro de algunos fotógrafos. Sin embargo, lo que siempre me ha impactado son las magníficas fotografías de National Geographics. Cuando las veo no puedo sentir otra cosa que envidia, de la sana, preguntándome cómo demonios consiguen los fotógrafos esas fantásticas y, en algunos casos, asombrosas imágenes. Supongo que no soy el único que alguna vez ha soñado con ser fotógrafo de National Geographics -o de conseguir una fotografía que alcance el nivel de calidad de sus fotógrafos-, así que, para todos nosotros, hace unos años produjeron un documental en el que muestran cómo trabajan algunos de sus fotógrafos y cómo consiguieron alguna de esas imágenes que al resto de los mortales, aficionados a la fotografía algunos, nos deja pasmados. 'El mundo en imágenes' -'Through the lens', en su nombre original-, es el documental en cuestión. La película repasa la historia de varios fotógrafos de aventuras y de cómo consiguieron esa foto especial, la que consigue capturar la esencia de lo que desean transmitir, y que hace que algunos de nosotros sufran ataques de envidia. Cuentan las historias detrás de esas fotografías de la mano de aquellos que las hicieron posible, porque detrás de toda buena fotografía siempre hay una persona que estaba allí para apretar el disparador en el momento preciso.

Al que le guste la fotografía, tanto si es o no la modalidad de aventuras su estilo, 'El mundo en imágenes' es un documental que no debería perder la oportunidad de ver. En mi caso no lo conseguía en alta definición, por lo que tuve que conformarme con ver las imágenes en calidad DVD -algo peor-, pero independientemente de que no se puedan apreciar en toda su magnitud, bien merece la pena escuchar la historia de cada una contada por su fotógrafo. Documental recomendado.

sábado, 5 de septiembre de 2009

'Tiburón - En las garras del hombre'

Puede que mi madre no haya sido la mejor madre del mundo, aunque para mí sí que lo es. Cierto que, como persona, ha cometido errores. La gran mayoría diluidos en el olvido y/o perdonados, cuando me tocaba a mí directamente, porque a una madre, si es como la mía, se le debe perdonar absolutamente todo. O casi todo. Porque hay una de esas cosas que hizo que aún no he conseguido perdonarle: que me llevara a ver 'Tiburón 3' cuando apenas tenía... ¿cuánto? ¿Nueve años? Junto con 'No profanar el sueño de los muertos', película que me produjo más de una pesadilla, 'Tiburón 3' supuso mi completa ruptura, a edad tan temprana, con el medio marino y, desde aquella tierna infancia, me ha provocado no pocas pesadillas con tiburones blancos de dientes enormes e insaciable sed de sangre. Sed de mi sangre. Incluso, durante años, no me atrevía a meterme en una piscina por la noche no fuese a encontrarme con uno de esos bichos escondido en alguna esquina. Eso aún no se lo he perdonado a mi madre. Porque, además, era una película argumentalmente mala malísima, y de calidad de filmado pésima. Todavía recuerdo el tragicómico recurso visual de hacer aparecer el cabezón de escualo detrás del aterrado hombre, que había caído en el agua segundos antes y que con ojos como platos miraba a la cámara, para ocultarse, unos instantes después, justo para no ser visto antes de que se diese la vuelta el susodicho tropezón de carne. Vamos, como en los espectáculos de marionetas, esos en los que los niños gritaban «¡Que lo tienes detrás! ¡Detrás! ¡Pero mira detrás, imbécil!».

Por aquello que dicen y predican de «la única forma de vencer tus miedo es enfrentándote a ellos», creo que he desarrollado un gusto enfermizo por los documentales sobre el mundo marino y, en particular, por aquellos que tratan sobre los tiburones. Durante un tiempo parecía que las películas que se producían de este género daban la razón a la visión ficticia de Spielberg sobre el tema, recreándose en los atroces ataques de los escualos contra inocentes personas, surfistas, bañistas, y cualquier tentempié de carne humana que se cruzara con estos temibles peces o que osara adentrarse en el reino de estos insaciables devoradores de hombres. Vamos, películas que no hacían otra cosa que reafirmar mi convicción de no volver a meterme en el agua de la playa durante el resto de mi existencia.

Sin embargo, esa tendencia documental ha cambiado en los últimos años. Documentales más rigurosos y mejor planteados, que buscan más la comprensión que el espectáculo, demuestran que si bien es necesario «conocer para amar», es trágicamente común en el carácter humano «odiar a causa de la ignorancia o la desinformación». Los nuevos documentales que acercan estos animales a los espectadores, luchan contra los prejuicios que otros productos de la industria han inculcado durante años y años en las mentes de las personas. Un trabajo admirable y, hay que decirlo, complicado, dado todo lo que tienen en contra al defender a estos bichos. No se me ocurriría imaginar a un bañista, así con la forma de piolín, cantando «me parece haber visto un lindo pececito». Y es que, por muy racionalizado que tengamos el que los ataques de tiburón tan solo matan cinco personas al año, lo que deja a la gripe común como una verdadera pandemia segadora de vidas humanas, el ver una aleta sobresaliendo del agua haría que hasta el más entero deje un reguero de puré de caca flotando mientras nada a velocidad impensable hacia la playa.

'Tiburón - En las garras del hombre', producción canadiense de nombre original 'Sharkwater', se suma a ese intento por conseguir que la gente se preocupe por lo que estamos haciendo a estas criaturas que llevan muchos miles de años más sobre la faz de la Tierra -o, mejor dicho, surcando sus océanos- que el homo sapiens. Es una película que apunta el gran problema que nos encontraríamos si seguimos eliminando, sin control, éste gran depredador cuya función es, precisamente, ejercer un control sobre las poblaciones de otras especies en los océanos. Digo «apunta» porque en realidad no consigue explicar en detalle los motivos de ello, pero lo que se dibuja no plantea un futuro halagüeño de seguir así. Y si bien no consigue documentar exhaustivamente nuestra dependencia de los voraces peces, sí es cierto que las imágenes de las atrocidades que hacemos los hombres con estos animales no dejan -o no deberían dejar- impasible a nadie que las viese. Imágenes terribles de lo que se llega a hacer, del dolor que se llega a causar, por unas míseras monedas. Un nuevo capítulo de la reiterada historia de la humanidad. La sopa de aleta de tiburón, desgraciadamente, mueve mucho dinero y hay mafias en torno a ella. Al menos eso es lo que plantean en las experiencias que vive y documenta el protagonista, también escritor y director, Rob Stewart (no, no es el cantante, de nombre Rod), en esta su película.

'Sharkwater', prefiero su nombre en inglés para referirme a ella, por brevedad, es una película muy bien hecha, con imágenes magníficas, bien montada, con un tono de narración adecuado y que consigue, al menos conmigo lo hizo, que le perdamos un poco de miedo a los tiburones, haciéndonos sentir cierto aprecio por ellos y un gran desprecio por los que, sin contemplaciones, los están aniquilando hasta el punto de estar considerados en la actualidad en peligro de extinción. Una vez más, la especie humana, demuestra lo que vale reflejándose en sus actos. Por muy aterrador que nos parezca un ser, una especie, no deberíamos permitir que se los caze y mate de este modo. Permitiéndolo no nos diferenciamos de lo que hiciera el Tercer Reich con otros pueblos.

Seamos mejores. Intentémoslo. No permitamos esta masacre y que desaparezcan los tiburones. Lo lamentaremos, si llegamos a permitirlo. Los ecosistemas marinos están entrelazados de formas que apenas comenzamos a entender. Si te preocupa un poco lo que está pasando, puedes visitar Oceana para leer sobre otras atrocidades cometidas en los océanos.

Como siempre, la película se podrá conseguir en los canales comerciales o, como es de esperar para el 99% de la población, por las vías poco éticas del P2P, sustentadas por una panda de vagos y maleantes. Pero como ya he comentado en otras ocasiones, aparca tus sentimientos de culpa, que lo importante es que aprecies este trabajo y el esfuerzo que hacen porque lleguemos a valorar y comprender la existencia de los tiburones y cómo nos afecta. Y nos afectaría su desaparición.

viernes, 28 de agosto de 2009

'Pacífico sur'

Confieso que no puedo considerarme una persona con una red social demasiado amplia. Es más, diría que apenas tengo interacción humana fuera de las horas de trabajo, si no contamos a mi mujer, claro. Y tengo mis dudas de que lo que sucede durante las horas laborales se pueda llamárselo interacción. Soy muy sociable, muy extrovertido, pero la mayoría de la gente me aburre. Y yo los aburro a ellos. No piensen que soy un elitista, ni un intelectualoide que mira a la gente por encima del hombro. No me considero así. Simplemente soy incapaz de interesarme por lo que la mayoría de la gente parece estar interesada. Dietas y gorduras, fútbol y deportes, famoseo y amarillismo, o echarle la culpa de todo a Zapatero, son la mayoría de los temas que discute la población cercana. Eso si no pasamos ya al tema directamente de lo esotérico, de supersticiones y religiones, que eso sí inicia intensos y acalorados debates. Recuerdo, en los años de carrera, que la siguiente generación de prohombres y promujeres de nuestra sociedad estaban infinitamente más interesados en el más allá que en el más acá. ¿Qué carajo importa si existe o no Dios -o los fantasmas- cuando hay tantos problemas que resolver en la convivencia del propio ser humano? Es una pena que, cuando le comentas a alguien algo como «en Filipinas hay una planta carnívora que es capaz de comer ratas» lo más que obtienes es un casi inaudible «vaya» o un «mira qué bien» y a continuación vuelvan a quejarse de que la Campanarios -¿quién coño es la campanarios?- se haya comportado como un bicho en el programa de televisión de la noche anterior.

El cerebro de la mayoría de la gente es impermeable ante las curiosidades de la Naturaleza y del mundo que les rodea. Lo más que puedes obtener es un pequeño destello de interés, generalmente acompañado por una ceja enarcada, que a veces sospecho se trata más de un «te lo estás inventando». Destello que con la misma celeridad que llegó, desaparece. Lo dicho, mis intereses suelen ser ajenos a los ajenos, y a la mayoría de la gente le importará un pito que en el Pacífico, por poner un ejemplo, haya casi veinte mil islas, o que haya tanta diversidad natural que uno no dejaría de asombrarse con los bichos tan raros que habitan y que están especializados a lo que hay en cada isla. Cosas que a mí sí me han dejado con la boca abierta de asombro. La Tierra es una maravilla y el Pacífico contiene una buena muestra de ello.

'Pacífico Sur' es una serie documental de seis capítulos que nos acerca, o lo intenta a aquellos que sientan un poco de curiosidad, la maravillosa fauna, la sorprendente cultura y la curiosa geografía de uno de los océanos más desconocidos que hay en el planeta. Y es que hay que ver la cantidad de bichos raros y extremadamente singulares que han evolucionado a formas tan curiosas a causa de un aislamiento de milenios. Como preguntas recurrentes durante toda la serie tenemos: «¿Cómo llegaron estos seres vivos a estos lugares, algunas veces a miles de kilómetros de islas más cercanas?» «¿Cómo consiguieron adaptarse a éste medio?» Algunas de las teorías son realmente sorprendentes. Como sorprendentes son algunos de los animales que habitan en esas islas. Así, para muestra un botón, tenemos al kákapu, simpático loro nocturno con algo de sobrepeso que haría honor al chiste «¿qué hace un pájaro de 90 kilos en una rama?» y que, por desgracia, está en serio riesgo de extinción y que tal vez, en dos generaciones, quede como una rareza disecada en algunos museos (o como imagen digital en Internet). Como otras tantas especies animales, sometidas al desplazamiento de la colonización humana.

Durante la serie se nos plantea el reto que deberemos asumir para conseguir que esta variedad, esta riqueza natural, que hay en esa parte del mundo sobreviva a los constantes asaltos del hombre contra los ecosistemas del océano Pacífico. Ecosistemas que, por suerte de un fenómeno de globalización anterior, pero muy anterior, al propuesto por el neoliberalismo del capital, influyen significativamente en el resto del Planeta. Uno no debería dejar de sentir nunca cierta vergüenza al descubrir cómo, mientras los países desarrollados siguen esquilmando mares de la otra cara del planeta, o empujan a los menos desarrollados a hacerlo en su nombre, muchos de los pueblos que habitan en esas islas han aprendido a convivir en armonía. Y cómo aquellos pueblos que no lo consiguieron, los Rapa Nui por ejemplo, casi se extinguieron completamente, llevados por el desenfreno y la eliminación sistemática de su bosque primario de palmeras gigantes y, en cadena, sus recursos naturales. ¿Es eso lo que nos espera si seguimos a este ritmo de explotación de unos recursos ya exhaustos?

'Pacífico Sur' es lo suficientemente reciente como para que la estén poniendo estos días en las cadenas de las plataformas satélites. En Canal+ la pusieron hace poco. Para aquellos que no tenemos contratado dicho servicio -bueno, a mí me provee mi padre-, siempre podrán recurrir a las redes de vagos y maleantes que aglutinan a la gente de dudosa integridad moral. Dios los cría y ellos se juntan, dicen. Supongo que también se podrá conseguir por la lícita vía de comprar los DVD originales. Es tu decisión, pero mi recomendación es que dejes los conflictos de conciencia como algo secundario y disfrutes de esta magnífica e interesante serie documental.

jueves, 27 de agosto de 2009

'LHC - El acelerador de partículas'

Antes de comenzar, decir que a la hora de escribir este artículo, al igual que hago con el resto, intento localizar alguna referencia o vídeo que pueda enlazar. Con el de hoy he descubierto un sitio en Internet que pasa a ser de visita obligatoria: http://www.docuciencia.es/. Pero si ese es flipante, http://www.documentalesonlinegratis.com lo es aún más. Y hay muchos más por la red. Es como una mala gripe. Se ha puesto de moda. Esos sitios serían algo así como el edén para cualquier aficionado a los documentales. Por desgracia la calidad promedia de visionado es bastante mala. Que sí, que sí, que muy mala. Una pena que sea tan exigente con la imagen y el sonido, pero creo que las películas documentales, y sus hermanos pequeños, los documentales de metraje medio, son ventanas a una realidad que se nos ofrece con cariño. Nosotros debemos corresponder intentando que esa experiencia sea consumida con la mejor calidad posible.

El título en el inglés original del documental de hoy es 'The Next Big Bang', y en esta ocasión, una vez más, a la hora de traerlo a España, han hecho lo que les ha salido de los cataplines y lo han llamado 'LHC - El acelerador de partículas'. Por lo visto es importante lo de anteponer LHC por lo del Gran colisionador de hadrones (o Large Hadron Collider, de su original en inglés), y luego decir en tono trágicamente grandilocuente «¡El acelerador de partículas!». Me recuerda a esa manía de las productoras españolas de reiterar en su gusto por los nombres grandisonantes típicos del cine Z: «Vea ¡POL! ¡El ataque de las polillas mutantes!»

He de confesar que la película me ha gustado. Me resultó muy ameno el enfoque. Muy dinámico. El dinamismo se ha conseguido, en parte, intercalado intervenciones de los diferentes protagonistas para construir explicaciones muy sencillas, comprensibles para el común de los mortales. Además de utilizar bastantes símiles y metáforas visuales con el fin de hacer aún más digestivo lo que intentan explicar.

Al principio hubo un momento en que estuve a punto de apagar el documental directamente. Fue justo cuando el segundo narrador en off cuenta «L-H-C son las siglas en inglés de Gran Colisionador de Hadrones, que significa que es muy grande y que acelera y hace chocar hadrones, que son partículas.» ¡DIOS! ¡Que me revientan el cerebro con tantas evidencias! «Dos perogrulladas más como esa y me tiro por la ventana», me prometí a mi mismo. Por suerte para la vecina del bajo la cosa mejora inmediatamente y no me veo obligado a mancharle el patio con mis fluidos corporales.

Tampoco me gustó la voz en off del primer narrador. Yo no sé si están familiarizados con algunos de los sintetizadores de voz comerciales que existen, pero les aseguro que la voz y la entonación parecen generados con uno en particular que está más o menos extendido.

Por lo demás, el documental creo que ayuda a entender los motivos de uno de los proyectos de ingeniería más grandes de las últimas décadas. Con él se intentará expandir el conocimiento de lo que sucedió en los nanosegundos posteriores al Big Bang, cuando la temperatura era tan tan tan tan alta que no podías sancochar un huevo porque, directamente, no existía materia para formarlo primero. O averiguar qué es la materia oscura, si es que a estas alturas ya no lo han averiguado. Tampoco está mal la idea de intentar saber cuántas dimensiones existen realmente y si el Universo es realmente elegante. O, ya para los más alarmistas y catastrofistas, si efectivamente, cuando se ponga en funcionamiento, el agujero negro resultante acabará con la vida en la Tierra. En fin, que si las inquietudes del lector van algo más allá de los programas tipo Gran Hermano, es una película que puede resultar interesante.

El documental ha sido emitido por el Canal Historia, pero sobra decir a estas alturas que inmediatamente después de su emisión (por no decir paralelamente a la misma), lo peor de lo peor de la raza humana ya lo ponía a disposición de las mafias de P2P para disfrute del resto de los mortales. Lo mejor es que tampoco tienes que descargarlo para verlo. Si tienes cierta tolerancia, por no decir directamente gusto, por ver las cosas en calidad baja o mediocre, aquí podrás tragártelo enterito.

miércoles, 26 de agosto de 2009

'Planeta Tierra'

Mantengo y persisto en que aquello que se desconoce es imposible de amar realmente. Más allá de que las inquietudes personales te lleven a tal o cual tema de interés particular, la Tierra es tan extraña, tan cargada de singular belleza, que no aprovecharla para extasiarte y maravillarse, aunque sea solamente una vez cada mucho tiempo, es un crimen hacia ti mismo y hacia lo que el Cosmos ha dejado ahí para que lo apreciemos. Es un cuadro soberbio que está ahí, tejido con pinceladas preciosas y precisas, de entramados infinitos y de matices incontables, que nos resistimos a apreciar, mirando siempre para otro lado. El ser humano se ha caracterizado por mirar siempre para otro lado. No seamos como el resto. Marquemos la diferencia.

Dentro de ese conjunto de documentales especialmente selecto por su enorme calidad y que nos brindan la ocasión de asomarnos, como una ventana que se abre ante nosotros, a lo que nos ofrece la Naturaleza, tenemos la serie documental de la BBC 'Planeta Tierra'. Dividida en once capítulos, 'Planeta Tierra' realiza un repaso a los diferentes rincones, lugares y elementos que encontramos alrededor del globo. En la web de Discovery Channel hay una excelente presentación a modo de fichas con el tema de cada uno de los capítulos. Cada uno de ellos se centra en un aspecto determinado y da la vuelta al mundo mostrándonos todas esas maravillas que nos estamos perdiendo. Estamos angustiados por un estilo de vida cada vez más enclaustrado y empobrecido.

Es posible que mucha gente camine insensibilizada ante la majestuosidad y exuberancia de la fauna y la flora, ante lo curiosamente entrelazado que está todo en el mundo, pero por mucho que nos neguemos a verlo, todo ello seguirá estando ahí. No sé si este sentimiento de negación se debe al temor de perder nuestra hegemonía ficticia que nos fabricamos dentro de nuestro universo personal. Tal vez existe el temor a sentirse miserablemente prescindible en este mundo si reconocemos que la Naturaleza está ahí, y seguirá estándolo cuando ya no quede un solo hombre para ver cómo la vida se apega a la existencia. Tal vez. Tal vez nuestro destino sea siempre mirar para otro lado. Pero la realidad es que constantemente se nos ofrecen posibilidades únicas de entender, de apreciar y de amar todo lo que nos rodea. Es una tontería perder y despreciar la oportunidad. Desaparecer desapareceremos igualmente. ¿Por qué no hacerlo valorando y respetando aquello que ya estaba aquí antes de llegar nosotros? Aquello que ha forjado el paso del tiempo mucho antes de que nosotros lo enclaustráramos en horas, minutos y segundos. 'Plante Tierra' es una de estas impagables oportunidades. No pierdas la ocasión de asomarte a esta magistral ventana que se abre ante ti.

Una vez más, para hacernos con este tipo de contenidos podremos acudir a las redes P2P, pero la serie completa está por apenas 40 € en alta definición. Sinceramente creo que merece la pena ahorrarte el esfuerzo de localizar los enlaces y esperar a su descarga. Frente a lo que te gastas en chorradas prescindibles durante un fin de semana, tendrás placer audiovisual para rato. Es tu decisión. En cualquier caso, recomiendo no perder la oportunidad de disfrutar de esta magnífica serie. Preferiblemente en alta definición, repito y repetiré. Muy recomendable.

martes, 25 de agosto de 2009

'Home', precioso canto de amor a la Tierra

Ayer comentaba lo impresionado que había quedado con la película no verbal 'Baraka'. Me considero especialmente sensible a la fotografía, en especial a la de naturaleza, y esa película es un lujo para la vista. Pero no se queda atrás la película 'Home' (ficha imdb; web oficial).

Yann Arthus-Bertrand pone la dirección y una impresionante fotografía a una película terriblemente hermosa y sensible. Un canto de amor a la Tierra y una denuncia de la influencia destructiva ejercida por el ser humano sobre ella.

Nada más empezar mosquea el agradecimiento a los empleados del grupo PPR. ¿Cómo demonios empresas del tipo FNAC, YvesSaintLaurent, etc. pueden estar detrás de una película documental que quiere hacer ver lo malo que ha sido el hombre, en general, y la industria, en particular, con el planeta en el que vivimos? Reconozco que mis prejuicios ya empezaron a jugarme una mala pasada. Para colmo, aunque la voz de Juan Echanove resulta agradable y conduce estupendamente durante las dos horas de película, los primeros quince minutos resultan un tanto aburridos. Salvados únicamente por las fantásticas fotografías aéreas. Pero luego todo cambia y los siguientes cien minutos pasan como un rayo. Quedas enganchado. Petrificado. Todos los elementos, fotografía, voz y una magistral banda sonora a cargo de Armand Amar, encuentran el equilibrio justo y tú, homo sapiens, formas parte activa de esta soberbia poesía. Sin poder oponer resistencia, tus procesos mentales te hacen reconocer la sobrecogedora verdad, la hermosura de lo que queda, la tragedia de lo que se fue, del drama de la desigualdad entre hermanos, de la pérdida de ayer y de aquello que se podría perder mañana, y el inevitable advenimiento de lo peor si no cambiamos, en una toma de consciencia, inevitable e irreversible, del mundo en el que vives y del que, aunque duela reconocer, eres un auténtico ignorante.

Los datos son demoledores:
  • El 20% de la población mundial consume el 80% de los recursos del planeta.
  • Los gastos militares mundiales son 12 veces mayores que las ayudas a los países en vías de desarrollo.
  • Cinco mil personas mueren cada día por beber agua contaminada.
  • Mil millones de seres humanos no tienen acceso al agua potable.
  • Mil millones de personas padecen hambre.
  • Más del 50% de los cereales comercializados en el mundo se destinan a la alimentación animal y a la fabricación de biocombustibles.
  • El 40% de las tierras cultivables está degradado.
  • Las tres cuartas partes de los recursos pesqueros están agotados, en declive o a punto de estarlo.
  • Etc., etc., etc.

La Tierra es nuestra casa, nuestro hogar. La Tierra es donde estamos obligados a vivir y donde habrán de vivir los que vengan después, humanos o seres diferentes a nosotros. La Tierra es lo único que tenemos y lo que dejaremos en herencia a nuestros hijos, nietos y biznietos. Sin embargo, como niños inconscientes, malcriados y egoístas nos hemos cagado y meado debajo de las alfombras de nuestro hogar. Hemos destrozado y malgastado caprichosamente los recursos que cuatro mil millones de años de evolución han puesto ahí para nosotros. Hemos quemado la tierra y envenenado los mares y los cielos. Estamos a punto de cambiar la química de la atmósfera de un modo que nadie podría imaginar hace décadas y que pocos tienen la capacidad de suponer qué deparará. ¿Cómo será la atmósfera del siglo que viene? ¿Cuánto monóxido y dióxido de carbono, metano y otros gases venenosos habrá? ¿Serán capaces los nietos de tus nietos de hinchar sus pulmones caminando sobre la superficie de la Tierra?

Porque no se puede amar aquello que se desconoce, es importante que la gente, empezando por uno mismo, aprecie y aprenda sobre lo que tiene y lo que queda. Este tipo de documentos acerca mejor, de una forma eficaz y efectiva, ese conocimiento a todos. Pero es necesario que se haga un esfuerzo por continuarlo, por trasladarlo y transmitirlo, por hacerlo llegar a aquellos que no quieren mirar. «Es demasiado tarde para ser pesimista». Tú también puedes hacer algo: GoodPlanet Foundation. No mires para otro lado. Aunque sea por puro egoísmo, por poder disfrutar durante el viaje fugaz que es la vida de una Tierra que aún es hermosa, haz algo. No dejes que otros estropeen lo que también es tuyo y de los tuyos. «Es demasiado tarde para ser pesimista». No hagamos cierto el dicho «no se aprecia lo que se tiene hasta que lo pierdes para siempre». Quiero creer que no es así. «Es demasiado tarde para ser pesimista».

Si te gusta la fotografía aérea de Yann Arthus-Bertrand, aquí tienes una colección de wallpapers que podrás usar como fondo de escritorio. Son un placer para el sentido de la vista. ¿Por qué no decoras tu trabajo con ellos? Tal vez, aquellos que solo miran sus pies sientan curiosidad por saber qué se están perdiendo. Porque el mundo es un lugar muy grande, pero al mismo tiempo es un rincón muy pequeño. Es tu casa. Es mi casa. Nuestro rincón.

Aún estamos a tiempo.

lunes, 24 de agosto de 2009

'Baraka', maravillosa obra de arte

Con esto del «uno al día» junto con el «un día, un tema» se van acumulando anotaciones de aquellos temas a los que dedico más tiempo. Así que he decidido que esta semana la voy a dedicar a ponerme al día, al menos un poco, con el tema de los documentales. Si el género documental no es tema de devoción del lector, puede volver -lo que agradeceré enormemente- la próxima semana. En caso contrario, espero que saque provecho a lo que irá apareciendo esta semana.

Hay veces, que entre tanta basura que uno se apropia ilícitamente por ahí, hundiendo el alma en las cloacas más profundas de las mafias del P2P, tropiezas con una joya que bien merece la pena el riesgo de degradarse moralmente con actos ilícitos. En el fondo, aunque sea legal, no es bueno hartarse con tanta mula. Todo ha de ser consumido con moderación, porque hasta lo sano, en exceso, es malo.

Decía que hay veces que uno tropieza con auténticas joyas. Me descargué 'Baraka' (ficha imdb) porque estaba catalogada como documental. Soy un fanático de los documentales y tengo más de un centenar aún por ver. Entre los que grabo de Canal Satélite y descargo de Internet, pronto tendré que comprar otro disco duro externo. Como pasa con muchas otras descartas, me olvidé que existía. Me senté a verla varias semanas después de haber concluido su descarga. Más de un mes, creo. Y por casualidad. Buscando algo con lo que pasar el rato uno de esos días tontos, repasando la lista de lo que había en el disco duro, le di al play cuando la tenía seleccionada -me había olvidado de ella y me pregunté «¿Baraka? ¿De qué carajo va Baraka?»-. Lo siguiente fue un choque. Casi me caigo de culo nada más empezar a verla. Me hubiese caído si no hubiese tenido ya los glúteos apoyados en el sofá.

Ron Fricke quita el aliento y demuestra una maestría absoluta de la fotografía casi desde el primer fotograma. Te paraliza en el sillón sin haber tenido tiempo de soltar el mando. Es una película que debería ser vista por cualquier amante de la fotografía. Independientemente de su contenido. Preciosa es un calificativo que le hace poca justicia.

Sé que me he sumado tarde al carro de aquellas personas que ya la han visto, la película data de 1992, pero aseguro que no se aprecia su maravilloso acabado hasta que no se disfruta en alta definición. Y dudo que el DVD le hubiese hecho siquiera justicia. A momento de escribir esto ya la he visto tres veces y he propuesto a familiares -los únicos que me entienden en estos asuntos, en especial mis padres- que vengan a casa a disfrutarla conmigo. Es casi una experiencia mística de trascendencia. Me siento delante de la televisión y me dejo inundar, sin resistencia, por unas imágenes abrumadoramente nítidas y hermosas, y por una banda sonora magistral que viene de la mano de Michael Stearns y que en el home cinema suena exquisitamente bien. El visionado de la película es casi hipnótico y consigue que entre en fase armónica con el cosmos. Me relaja profundamente y salgo renovado, en paz conmigo mismo, tras apenas noventa minutos. ¿He dicho que es una película magnífica?

Tal vez la mejor forma de resumirla sea citando la breve sinopsis de la entrada de la Wikipedia:
Documental filmado en 24 países que narra, en términos eminentemente visuales, aurales y musicales, la evolución de la Tierra y de la Humanidad, al mismo tiempo que señala las formas en que el ser humano se ha relacionado con su medio ambiente. La aparente fragilidad de la vida humana es contrastada con la grandeza de sus obras, al mismo tiempo que se subraya la desigual relación entre hombre y naturaleza. En medio de estos contrastes, la espiritualidad de la humanidad surge como el elemento más importante que la distingue de otras especies.

Poco más se puede decir, salvo que hay que verla para comprenderla y disfrutarla de primera mano.

Yo la conseguí por la vía poca ética de las redes P2P, pero nada más verla por primera vez me lancé, VISA en mano, a pedir mi copia en Blu-Ray por Internet. De momento solo está disponible en Amazon UK en formato PAL, así que creo que esperaré un poco a que la editen en España (espero que no tarden mucho). Recomiendo a todo el mundo que no pierda la oportunidad de hacer lo mismo. De momento, si estás interesado, en Amazon ofrecen un video con el making of.

'Baraka' no es la primera película del género, que se ha venido en llamar no verbal, pero es la primera que tropiezo de un género que acaba de ganar otro incondicional. En Spirit of Baraka podremos encontrar referencias a otras obras del mismo estilo. De momento, y mientras llega esta magistral película a las estanterías de las tiendas especializadas, yo ya estoy esperando que saquen también la trilogía Qatsi en alta definición y sigo hurgando en las redes de la inmundicia a ver si consigo alguna más en alta definición. Aunque el 9 de septiembre pasaré por caja y me pillaré Chronos.

En serio. No lo pienses dos veces. Es una experiencia realmente mágica a la que deberías darle una oportunidad. Y más de una también.

jueves, 20 de agosto de 2009

'Cuervos de Tokio', documental curioso

El cuervo, de la familia de los córvidos, y pariente de la corneja, ha tomando las calles de Tokio y forma parte, de ninguna forma inadvertida, y con varias decenas de miles de sujetos en su población, del paisaje urbano de esa ciudad. De unos siete mil a mediados de la década de los 80, se habla de cuarenta o sesenta mil en el momento de rodar el documental 'Cuervos de Tokio'. En los últimos años, se capturan y sacrifican unos pocos miles cada año para intentar reducir la población de un ave ruidosa que se ha adueñado de la ciudad y molesta cada vez a más tokiotas.

Sin ser una maravilla de documental, cierto es que resulta entretenido y, en ocasiones, sorprendente. Sorprendente ver cómo los cuervos roban perchas para hacerse los nidos. Y sorprendente ver cómo este animal, que para los occidentales puede resultar un tanto antipático ya en apariencia, aprende con facilidad de otros especímenes más experimentados. Inteligentes, mucho, estos bichos.

El documental también resulta interesante para ver ese lado menos turístico de una ciudad que atrae a tanta, tantísima, gente. Con un legendario sentido práctico de la organización, no deja de sorprender cómo hay tantas calles donde se deposita la basura en las esquinas dentro de bolsas transparentes, motivo por que los cuervos se dan los festines que se dan y procrean hasta cantidades insostenibles, por falta de contenedores donde proteger y guardar mejor los restos; pese a las redes azules que reparten para proteger las montañas de basura. Pero eso no quita que uno quede fascinado con ese sentimiento enfrentado que tienen los japoneses de la capital con estos animales, a los que veneran como dioses de la naturaleza -el kami sintoísta (¿o era tengu?)- y que odian por ruidosos y por, lo que documenta algún japonés y algún extranjero que vive allí, los ataques sufridos por estos bichos con alas y de color tan funesto.

Y poco más que añadir. Un documental que, si no tienes nada mejor que hacer, podrías ver, pero que tampoco se pierde mucho por no hacerlo.

jueves, 13 de agosto de 2009

Un año de jueves, el más cerebral de los días

Ya comentaba el martes, que los tesoros perdidos se disputaron el jueves como día dedicado a ellos. El primer jueves de la bitácora, coincidiendo con el último día del mes de julio del año pasado, publiqué Tesoros perdidos reencontrados (I), en el que hablaba de lo feliz que me encontraba al reencontrarme con un juego que hice en mis años de escuela universitaria: Super Kutre Invaders.

Agosto, septiembre y octubre de 2008 marcaron el comienzo de esta bitácora siendo los más prolíficos. Cierto que tenía el propósito interior de estar publicando con constancia durante al menos tres meses. En agosto ya se concretó el jueves como el día de mi vertiente más intelectuoloide, aunque el primer jueves aún ganó el puesto Tesoros perdidos reencontrados (IV): Las hormonas poéticas, donde me burlo de mí mismo cuando a un chico de diecisiete años se le mezclan las neuronas con un cierto sentimentalismo y salen frases la mar de cursis.

Como adicto a los documentales, será esta forma de consumo de conocimiento la que prime en el día de los jueves. Así, en el segundo jueves del mes de agosto, comento en Un documental que deberías ver: Insector mortales, lo maravilloso que puede ser el reino animal hasta en su apartado más cruento. En mi pubertad y en mi temparana adolescencia soñaba que un día sería como Bruce Lee, pero eso requería mucho trabajo físico. Así que me conformo con ver documentales sobre artes marciales, aunque hay alguno que no merece la pena el tiempo invertido. Eso me pasó y lo cuento en Un documental que te sugiero no ver: "Loto y espadas: Legado de la princesa Zen", documental que me resultó algo soporífero. Termino agosto sugiriendo una serie documental en Una serie documental que deberías ver: MayDay, catástrofes aéreas, y que no creo necesite más aclaración.

En el primer jueves de septiembre recomiendo un documental magnífico que pone en tela de juicio las verdaderas intenciones de las religiones, de la manipulación del 11-s y de quién maneja realmente el dinero. En Un documental que sí deberías ver: Zeitgeist hablo de uno de los mejores y más controvertidos documentales que he visto en los últimos años. En la línea de los documentales sobre economía, otra de esas materias que me resultan atractivas, comento Un documental que deberías ver: Cuando el petróleo se acabe, donde se dramatiza un posible futuro si no hacemos lo posible por desvincular las economías del oro negro. Como no de solo de documentales se alimenta el cerebro, y volviendo con el tema de la economía, el penúltimo jueves del mes publico Un libro que deberías leer: El economista camuflado, libro que, pese a un comienzo algo desalentador, acabó enganchándome y al que recomiendo se le de una oportunidad. Terminaría septiembre con un documental sobre el maridaje del cine y los videojuegos, ambos mundos seguidos por mí desde la pubertad, con Un documental que podrías ver: Los juegos de Hollywood.

Octubre traerá una sorpresa, aunque no romperá la línea. Empezamos el mes con Un libro que deberías leer: Una breve historia de casi todo, y de cómo se debería luchar activamente porque este tipo de literatura rellenase el tiempo de mucha gente. A poder ser de forma obligatoria. Algo que expreso también, y con más vehemencia aún, en Una serie documental que SÍ deberías ver -que sí, que sí-: COSMOS, serie de la que no creo que tenga que hablar mucho más, pero que supuso un hito en mi propia existencia. Continuaremos el mes proponiendo otro documental, aunque tal vez menos accesible para muchos, en Un documental que deberías ver: El universo elegante, serie de tres capítulos que sale de un libro homónimo que aún tengo en mi lista de pendientes por leer. En Un documental que sí deberías ver: 'Secretos del universo', por Stephen Hawking, propongo que se disfrute de una serie de seis capítulos cuyo protagonista es uno de los físicos con más renombre de la historia. Acabaremos el mes de octubre con una excepción, Día completo, día agotador, en la que en apenas dos párrafos cuento que estoy con el culo a dos manos por temas laborales. El aviso informal de que la continuidad cotidiana de la bitácora se acaba.

El último jueves de 2008 en que publico algo será en noviembre. Con Un documental que deberías ver: 'Money as debt', de contenido muy esclerecedor sobre cómo se crea dinero en nuestra economía y como ello implica que siempre alguien tendrá que descolgarse de la carrera del bienestar, se acabó la oferta intelectual de ese año. Y no será hasta mediados de febrero en que retome el tema. Pero el día 1 de enero de 2009, coincidiendo que es jueves, lanzo al ciberespacio mis propósitos o mis Votos para el 2009.

A finales de enero empiezo a vivir, tal vez por las circunstancias laborales, un nuevo deseo de reciclarme, de mejorar y actualizar mis conocimientos. Ello me lleva a recuperar buena parte de los libros que tenía en espera. Comienzo a leerlos y, por tanto, a comentarlos públicamente. A mediados de febrero cae Un libro que podrías leer: ¡Tráguese ese sapo!, libro que me resultó muy ameno, aunque peque de un poco repetitivo, y que puede llegar a ser inspirador.

Pero nos saltamos marzo y no será hasta abril en que comience nuevamente a hablar de documentales (y libros). En el segundo jueves del mes aparece Un capitulo curioso de una serie documental curiosa: 'Ciudades bajo tierra: Nueva York', donde podremos disfrutar de una forma distinta de acercarse a una de las ciudades emblemáticas del mundo. El mes de abril aún nos ofrecerá otra opción en 'Armas de seducción', documental muy interesante que deberías ver. Además de ser un documental muy bien hecho, resulta muy entretenido. No deja de sorprender lo maravillosamente exhuberante que es el naturaleza cuando se trata de seducir y encontrar pareja.

Nos volveremos a saltar un mes, mayo, y caeremos en junio. Junio fue un mes de abundancia de publicaciones en jueves, aunque estuvo enteramente dedicado a libros. Empezamos con 'Freakonomics', libro interesante, donde los autores analizan casos y situaciones, desde una perspectiva económica, en las que lo obvio no lo es tanto y llega a resultar contradictorio. A veces sus propuestas pueden resultar, cuando menos, chocantes. En ¿Te imaginas poder disfrutar de 'La semana laboral de 4 horas'?, no termino de decidirme si el libro es recomendable o no, ya que choca un poco con mis propias creencias o valores. Tal vez por eso merezca la pena leerlo. La tercera entrada del mes será para un libro que me ha encantado. En Hoy recomiendo 'La meta' comento uno de los libros que más me han gustado en los últimos tiempos. Es un libro que esboza la necesidad de desarrollar un pensamiento racional en los negocios, en particular en la industria, pues se escribió hace ya algo más de un cuarto de siglo, y de no aceptar por cierto todo lo que viene heredado. Aventurarse a redefinir los procesos teniendo siempre en mente cuál es la verdadera meta de una empresa.

Terminará junio con la última aportación realizada un jueves al primer año de existencia de esta bitácora. Será con 'Las trampas del deseo', libro especialmente recomendado, libro que me recomendó el amigo Esteban, pero que su título -traducido- no es el más adecuado, con el que concluiré el año. No sin decir que el libro es especialmente ilustrativo de lo contradictoria que es nuestra condición humana.

Concluye aquí el repaso a los jueves del primer año de la bitácora. Otras veintitres entradas publicadas que se sumaron al total en este tiempo. Espero que hayan disfrutado leyéndolos como yo escribiéndolos. Hasta mañana.

jueves, 23 de abril de 2009

'Armas de seducción', documental muy interesante que deberías ver

Doy por hecho que es fruto de la mejora por evolución la incapacidad inherente del ser (sub)humano en general, y de ti en particular, de preocuparse, cuando no maravillarse, de lo inimaginablemente magnífico y prolíficamente variado que es la Madre Naturaleza. Digo que debe ser algo de la evolución, y por tanto algo bueno, porque de lo contrario nos daríamos cuenta que no somos más que una cagarruta en la sinfonía de la naturaleza y la terrible depresión post descubrimiento podría ser devastadora para la esperanza de vida de nuestros egoistas genes. Suerte que hay varios miles de millones de personas que en lo único que piensan es en mojar el churro (machos) o que le den un buen viaje (hembras) y que, con ello, conseguirán una nueva generación de humanos y poner en salvaguarda la herencia genética. De momento no hay peligro que nos extingamos mientras en lo único que piense (la mayor parte de) nuestra especie sea en sexo.

Lo siento pero estos días estoy disfrutando nuevamente de la magnífica y maravillosa serie Cosmos, lo que siempre provoca en mí estos sentimientos de microbio industrializado que ve al resto de la indolente humanidad como sopa probiótica primordial...

Pero volviendo al tema del sexo, en el documental 'Armas de seducción', de nombre original -y muy acertado- 'What Females Want... and Males will do', uno no deja de sorprenderse, especie tras especie que van presentando, de lo elaborado que resulta el cortejo y la estrategia sexual en la Naturaleza. Todavía habrá quien se siga creyendo el rey del mambo de la disco pese a ver esto, pero desde luego, no hay color (ni sonido) comparado con lo que podemos encontrar. Es que hay que ver lo que han tenido que evolucionar los ritos de cortejo para conseguir atraer a las hembras de algunas especies. Nada que ver con lo de invitar a cenar y enseñar la VISA oro.

Resulta complicado decir qué especie, o mejor qué rito, me sorprendió más. Nada más empezar ya te quedas con la boca abierta escuchando los sonidos que es capaz de imitar un ave lira soberbia. Mira el vídeo y dime si lo que suena no es un obturador de cámara. Sencillamente genial. Ahora ya sé qué tipo de pajarraco era el negro de los ruidos de 'Loca academia de policía'. Otro cortejo que me sorprendió fue el tablao flamento y canto de la araña saltadora. Si después de ver esto aún piensas que eres como Elvis Presley moviendo la cadera en la pista de baile, desde luego no tienes abuela. ¿Para acabar, cómo podemos olvidar el simpático baile del ave fusil?

Lo inferido de este documental es que toda esta variedad y pluralidad de formas y métodos de cortejo deviene de lo eternamente exigentes que son las hembras, da igual la especie, a la hora de aceptar un macho que las monte. Selección sexual, dicen. Y gracias. Si se fueran con cualquiera no habríamos evolucionado más allá de la baba primigenia.

Aviso que una de las cosas malas que tiene ver este tipo de documentales es que, al final, si tienes al menos una neurona plenamente funcional, con algo de inquieta y/o curiosa, no dejas de sufrir el inmenso complejo de ignorante soberano que produce un desconocimiento tan descomunal del Mundo que nos rodea. Y esto no es más que un atisbo fugaz a miles de millones de años de concienzuda e implacable selección natural (o de ingenioso diseño inteligente, que ahora no tengo ganas de discutir; pero si realmente hubiese sido inteligente el diseñador, hubiese dejado a las amebas como especie dominante). ¿Se podría llegar a medida tanta ignorancia? En cualquier caso es un complejo que se pasará rápidamente visitando los habituales portales de vídeos guarros, todo sea dicho de paso, que sueles frecuentar. Para aliviar las tensiones que ocasiona el complejo de insignificante, claro.

Un documental harto recomendable que no deberías perder la oportunidad de ver. Ya sabes: antros regentados por las mafias del P2P los hay a patadas en los rincones de Internet. Seguro que no te costará mucho encontrar el tuyo. Puede que, con una probabilidad de uno entre un billón de cientos de miles de billones, consigas engancharte al conocimiento y a la ciencia. Aunque es más probable que uses estas curiosidades aprendidas para enganchar a la chati -o al maromo- que te pone cada día en la oficina.

jueves, 9 de abril de 2009

Un capítulo curioso de una serie documental curiosa: 'Ciudades bajo tierra: Nueva York'

Más bien por curiosidad, y haciendo uso de las inmorales redes de pares, me hice con una copia del documental 'Ciudades bajo tierra: Nueva York'. Cuando lo pillé, me lo tropecé solo y, como cazador que aprovecha la soledad de la presa, no dudé en dar buena cuenta de él en dos clic de ratón. Una vez superado el reglamentario tiempo de descarga, visionándolo cómodamente echado en mi sofá, me percaté que debía formar parte de una serie o conjunto de documentales cuya temática consistiese en hurgar la Historia bajo las faldas de ciudades conocidas. Una rápida búsqueda en Internet confirmó la sospecha. Que yo sepa ya superan la treintena de capítulos, repartidos en tres temporadas.

De momento no he seguido exprimiendo el cutre ancho de banda de mi conexión ADSL para continuar comportándome de forma despreciable e ilícita, pero la tengo en mi lista de posibles. Todo se andará.

Sin resultar -al menos para mi persona- un documental especialmente apasionante, el referido a la ciudad de Nueva York, y sin ser especial seguidor de este tipo de documentales o su temática, sí que es cierto que me intrigó el enfoque y el tema. Lo suficiente, al menos, como para apuntar en mi to-do list el recordarle a mi progenitor que se encargue de grabar alguno del Canal Historia, donde lo emiten -o emitían- y me ahorre el tener que localizar y descargar nuevos capítulos. Mi padre sí es de los que se gastan dinero manteniendo la plataforma satélite en España. Yo, como buen hijo de esta generación, lo parasito. Al menos que me ahorre unas cuantas descargas.

Volviendo al tema y concretando, el capítulo de Nueva York, y como el nombre de la serie sugiere, se adentra, pese a adolecer en varias ocasiones de un tono y enfoque sensacionalista, en varios lugares de interés histórico que se conservan en la ciudad de Nueva York y que tiene la característica de estar enterrados a unos cuantos metros bajo tierra. Una forma diferente de visitar la ciudad estandarte de nuestra sociedad.

Recalco lo del tono sensacionalista porque este tipo de documentales parece requerir de la fórmula del nunca visto antes o del no te lo vas a creer para resultar más interesantes a la audiencia. Cosas del tipo "emplearon una técnica revolucionaria para la época" seguido de un "que ya habían usado los romanos veinte siglos atrás", no suele ser algo que me guste en exceso. ¿Cómo demonios una técnica con dos milenios es revolucionaria para la época? En fin...

En cualquier caso, y salvando el pequeño error de forma, el contenido del episodio es más que aceptable y curioso, por lo que si no eres de los que sufren de urticaria cuando les hablas de Historia, este documental, y posiblemente la serie completa, puedan resultarte lo suficientemente interesantes como para dedicar ratos a visionarlos. No se sabe de nadie que haya muerto por exposición al conocimiento, al menos en forma de documental televisado. Aunque siempre existe el temor de que cualquier intento de incrementar tu saber devenga en alguna forma de ictus epiléptico (algo así como un buffer overflow cerebral); o que violes tu juramento hipocrático del consumista y acabes cayendo en las -de momento solo ilícitas, que no ilegales- redes del intercambio de ficheros. ¿Riesgos que merece la pena correr? No lo descartaría en este caso. Suerte.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Un documental que deberías ver: 'Money as debt'

Se está convirtiendo en algo muy habitual, últimamente hablar sobre economía en los 'ratos del café'. Más bien pseudo-economía, dados el nivel medio de conocimiento sobre la materia del común de los particupantes. Hace unas semanas alguien lanzó la gran pregunta, '¿quién fabrica el dinero?', y todos los presentes nos quedamos pensando durante momento. Suerte que, aunque licenciado en informática, tuve una asignatura de economía y recordaba someramente el mecanismo de creación del dinero que emplean los bancos. Así que, una vez más, pase a ser el pedante de la oficina. Me gusta.

Si tu caso es similar y quieres recordar cómo era, o directamente lo desconoces y quieres saber cómo es, un buen punto de partida es ver el documental 'Money as Debt' ('El dinero como deuda'). La copia que yo conseguí, gracias una vez más a la mezquindad de las mafias del p2p, estaba doblada al español por alguien que no se debe dedicar de forma profesional a ello. El doblaje es malísimo y decae en monótono muchas veces. Pero hay que agradecerle el interés y el esfuerzo, porque permite acercar un documental que creo debe ser de obligado visionado por todos para conocer a los catalizadores de este sumidero económico al que nos precipitamos velozmente. He dicho catalizadores, porque sigo creyendo que los verdaderos culpables somos nosotros, la gente de a pié, que se cree, cual borrego, todo lo que les digan los dominadores que manejan los medios.

Hecho íntegramente empleando animación (y dibujos muy malos), repasa la historia del cambio del dinero basado en oro al basado en 'oportunidad de cobro' y de cómo eso genera una falsa riqueza a partir de intereses que no se respaldan con nada. Un poco confusa es la propuesta de una economía autosostenida alternativa, pero en mi defensa diré que eso te lo cuentan al final y ya llegué algo cansado y con mi capacidad cognoscitiva más mermada de lo que es norma. No tanto porque el documental en sí sea muy aburrido, que hay momentos en los que resulta algo pesado, como porque me puse a verlo a la una de la madrugada.

En cualquier caso, y para concluir, si eres de los borregos que quieren seguir feliz en su ignorancia, entonces ni se te ocurra verlo. Para todos los demás, recomiendo verlo. Puede que alcances a entender por qué el banco te ha denegado el crédito, o porqué te vas a tener que comer los ladrillos de tu casa, de hipoteca hipermegainflada, para poder subsistir dentro de unos meses. Siempre es un consuelo conocer los errores propios. Aunque también puede servir para quedar como un tipo que sabe delante de los colegas de bar, porque al final ese será el último escondrijo que tendrás para ahogar tus penas cuando vengan a embargarte.

Por cierto, que si no te has amargado ya de forma suficiente conociendo las verdades del dinero-ficción que llevamos décadas manejando, disfruta de la entrevista que le hizo Buenafuente a Leopoldo Abadía. Si este 'gurú' tiene razón, y el vejete resulta tan entrañable que te anima a creerlo, ni vendiendo los órganos de tus hijos en el mercado negro vas a escaparte de la ola de 'porquería' que cubrirá el Mundo al completo. Es momento de permitirte sentir pánico. Y recuerda, el suicidio a veces es la solución.

jueves, 23 de octubre de 2008

Un documental que sí deberías ver: 'Secretos del universo', por Stephen Hawking

Si hace dos semanas recomendaba todo un clásico de la divulgación científica como es la serie 'Cosmos', hoy toca recomendarte otra que te hará, una vez más, mejor ser humano (entiendo que ya has adquirido la condición de humano porque me habrás hecho caso y la habrás visto). Se trata de la magistral y estupenda serie documental de casi seis horas de duración que protagonizó Stephen Hawking y que lleva el nombre de 'Los secretos del universo' o comunmente conocida como 'El universo de/según Stephen Hawking'. ¿Cómo no?

La serie documental es de las que, si eres una persona de bien y se interesa por estas cosas, sabrá disfrutar y querrá repetir en un futuro no demasiado lejano. Siempre se aprenden cosas nuevas. Te lo digo yo y te debería bastar. Lo que sí que no va a suceder es que se te pegue algo -al menos algo bueno- del genio Hawking por el simple hecho de verlo. Tal vez podemos encargar una silla de ruedas similiar a ver qué tal te sienta, pero me parece que lo tu 'limitación' es intelectual y no motriz.

Recalco lo que comentaba al principio del párrafo anterior: 'si eres una persona de bien'. Estoy absolutamente convencido que solo las verdaderas personas de bien, las que llevan el cambio a mejor en sus mentes, se interesan por estas cosas. El resto no es más que una masa poseída y controlada por el gen egoísta y que no dejará una huella profunda en el devenir del Tiempo. Eres y serás carne de gusano. Asúmelo.

El trabajo de Hawking debería ser, junto con el de Sagan, de obligado estudio en las escuelas y promovido por los padres. Propondría que a aquellos padres que no obligasen a sus hijos a ver la serie documental sean apaleados en plaza la plaza mayor para escarnio público.

Sobre el documental, que ya tiene más de una década, poco puedo decir que no vayas a descubrir tú solito viéndolo. Si es que el nombre ya no te es suficiente para hacerte una idea, claro. Te aviso: No busques extraterrestres, que esto va de cosas más interesantes. Si lo que te van son los 'hombrecitos verdes' espera a los próximos carnavales o dedícate a Íker Jiménez.

Como tengo la absoluta certeza que no vas a hacer el menor esfuerzo económico para comprate la serie (y conste que yo soy uno de los afortunados poseedores), y más interesado en que aprendas cosas importantes sobre el universo que te rodea antes que defender a las mafi... a los grupos que protegen los derechos de autor y atacan, con su dudoso deseo nada lucrativo, a las verdaderas mafias que promueven el intercambio lícito y verdaderamente sin ánimo de lucro usando las redes P2P, te paso tres enlaces que puso un chaval de generoso corazón para que te tragues las seis horas en tres partes (y a poder sin respirar): parte 1, parte 2 y parte 3. Ahí te quedas. Si sobrevives al esfuerzo intelectual hablamos.