Apenas tuve tiempo de leer la advertencia del Avast cuando una ventana ocupó toda la pantalla y, en la cabecera, veía una captura de mí mismo leyendo atónito. El virus o troyano es una variante del Ukash o Virus de la policía. El texto venía a decir, más o menos, que la Policía Nacional me había bloqueado el ordenador porque alguien estaba usando mi ordenador de forma remota para acceder a sitios de descarga con contenido protegido por derechos de autor, tal y tal, y que, por no haberlo yo protegerlo adecuadamente, era solidariamente responsable. Que para evitar un proceso judicial que podría suponer pagar un muchillón de euros, debía abonar inmediatamente una multa de 100 € para que me devolviesen el control. Todo ello, repito, mientras la cámara web me grababa leyendo eso mismo. Tardé en reaccionar (a saber dónde andarán esas imágenes ahora; última vez que me siento en calzoncillos delante de la pantalla), pero la reacción fue intentar saltar al administrador de tareas. Nada. Había perdido el control de mi equipo. Reinicio en modo seguro y dejo horas y horas el Avast, del que compré licencia hace unos meses, para descubrir que hay algunos archivos infectados con CVE-2012-1723-CT [Expl].
Investigando un poco descubro que hace un par de días saltó la alarma de un fallo de seguridad importante en el Java 7. (También aquí, en castellano). Tengo Java en mi equipo porque en los proyectos que trabajo ahora usamos productos desarrollados en esta mierda de plataforma que estoy empezando a detestar lentamente (y mira que me pasé años anhelando trabajar en «proyectos pesados» con la misma). Qué ganas tengo de que vuelvan a asignarme un buen proyecto .NET.
El avispado malpensado inmediatamente supondrá que el motivo de haber sido infectado es que andaba navegando por páginas porno. Pues no, mire usté. Andaba buscando torrents de la segunda temporada de Downton Abbey en alta definición y acabé en las páginas que no debía. Doy por hecho que ha sido eso, aunque puede llevar latente un par de días (hace un par de días andaba buscando Los Vengadores y visité páginas muy similares), por lo que ahora tendré que cambiar la tarjeta de crédito -compré un pasaje esta mañana con ella- y las contraseñas de los chopocientos sitios en los que estoy dado de alta. Eso sin contar que tengo que reinstalar completamente el Windows en el ordenador del trabajo. Vaya fin de semana me espera… Suerte que esto ha pasado con el Windows, el ordenador del trabajo, y que tengo máquina virtual en mi Mac. Tiraré con ella mientras.
No se dejen ir e inhabiliten completamente Java en sus equipos y, en especial, en sus navegadores. Pero ya. De hecho desinstálenlo y convenzan a sus jefes de que es mejor cambiar todos los desarrollos hechos en esta tecnología infecta y apostar por cosas más estables y que no tengan a Oracle detrás.
En realidad creo que le he cogido manía a Java por Oracle.
jueves, 30 de agosto de 2012
lunes, 13 de agosto de 2012
Una de IMAP
Toca hacer una pequeña aplicación para migrar desde un servicio IMAP a otro. No se puede usar alguna aplicación ya existente (que las hay a paladas), sino que hay que implementar una para soportar algunas particularidades del proceso. .NET, claro. Y no me voy a poner a implementar una de cero. Así que he hecho una pequeña búsqueda en Internet y estas son las que he encontrado:
Seguro que hay chopocientos más, pero tengo prisa y necesito empezar a probar los que ya he encontrado.
- ImapX 2 - Soporta GMail y tiene buena pinta. Parece bastante activo.
- MailSystem.NET - Muy completo y tiene buenas críticas. Aunque desde el 2009 no se toca
- InterIMAP - A medias, mucho «coming soon»
- AE.Net.Mail - Me gusta mucho la sintaxis para definir los parámetros de búsquedas
- xemail-net - Hace 20 meses que no se toca
- Koolwired.Imap - Otro que parece estar a medias y que lleva año y medio sin tocarse
- OpenPop.NET - Ups, sólo para leer POP
- uno en Lumisoft - Hay hasta un servidor, pero me da pereza descargarme las partes para ver cómo funciona
- Mail.dll - Una pinta realmente estupenda, pero es de pago. No muy cara, eso sí. Habiendo opciones gratuitas, queda de momento relegada a una segunda vuelta
Seguro que hay chopocientos más, pero tengo prisa y necesito empezar a probar los que ya he encontrado.
miércoles, 1 de agosto de 2012
Dosis superlativa de mierda cinéfila
Acabo de comerme, tragarme, o visualizar, como se prefiera, una mierda insufrible, producto putrefacto de eso que vienen a llamar el séptimo arte. Por muy gratuita que te la ponga en el Plan Premium de Wuaki nunca, nunca, elijas ver Los inmortales: El origen. Por aquello de ir por la vida a contracorriente, en plan intelectual rojiprogre, ufanándome de ignorar las críticas ajenas, y de que uno mismo es el rasero por el que ha de medirlo todo y tal y tal, he quedado profundamente aturdido tras 80 minutos de la bazofia más infumable que he visto en mucho tiempo. Otros cinco minutos más y seguro que quedo perpetuamente lobotomizado. Daño cerebral crónico imposible descartarlo.
Como venganza, aquí va un spoiler monumental y la esencia misma de la película. Allá tú si lo lees. Toda la historia del origen no es más que una oportunidad para que el guaperas del prota pueda preñar a su querida. Si has visto la película original (y de culto), sabrás que la leche de inmortal tiene nulas calorías espermáticas. Vamos, que no preñaría ni con cinco litros de viagra en vena. Pero la chavala tiene la caverna anhelante de convertirse en fábrica de vástagos. El premio de encontrar el origen, acompañado de un fenómeno astronómico cuando menos absurdo, con sus planetas saliendo de órbitas y alineándose para marcar la equis en el mapa, es concederle al inmortal que alcance a la moza en el portal interdimensional, una leche de primerísima calidad con la que llenarle los ovarios hasta reventar. Todo lo demás sobra. Incluso el malo malísimo de pacotilla a medio camino entre (con mucha imaginación y siendo muy benevolente con las comparaciones) al malo de la primera parte, el kurgan, y el chalado cenobita de Hellraiser produce más risa que pavor. Aquí foto del interfecto:
La primera foto es la del final, con la chocha esperando que su bravo caballero acabe el trabajo del día para que suba las escaleras y le de un buen viaje, con eyección ocular incluida por exceso de presión interior.
Hay que tener mucho estómago para ver esta película. Ni siendo un orco del clan de los orcos más infecto justificaría verla. Y aquí van dos preguntas: ¿Por qué cojones alcancé a terminar de verla? ¿Y qué coño hago yo a la una de la madrugada perdiendo tiempo contándolo? La primera es relativamente sencilla. Mientras la tenía abierta en una pantalla, en la otra estaba leyendo cosas más interesantes. Al menos la mitad del cerebro que daba para el lado contrario sé que ha quedado intacto a la exposición. Para la segunda no tengo respuesta. La meditaré consultándolo con la almohada. Lo cierto es que ya me he relajado un poco. He descargado. A diferencia del protagonista, que se tuvo que quedar a gusto después de vaciar los huevos, yo me he quedado a gusto después de descargar tanto odio acumulado en tan poco tiempo. Dulces sueños.
Como venganza, aquí va un spoiler monumental y la esencia misma de la película. Allá tú si lo lees. Toda la historia del origen no es más que una oportunidad para que el guaperas del prota pueda preñar a su querida. Si has visto la película original (y de culto), sabrás que la leche de inmortal tiene nulas calorías espermáticas. Vamos, que no preñaría ni con cinco litros de viagra en vena. Pero la chavala tiene la caverna anhelante de convertirse en fábrica de vástagos. El premio de encontrar el origen, acompañado de un fenómeno astronómico cuando menos absurdo, con sus planetas saliendo de órbitas y alineándose para marcar la equis en el mapa, es concederle al inmortal que alcance a la moza en el portal interdimensional, una leche de primerísima calidad con la que llenarle los ovarios hasta reventar. Todo lo demás sobra. Incluso el malo malísimo de pacotilla a medio camino entre (con mucha imaginación y siendo muy benevolente con las comparaciones) al malo de la primera parte, el kurgan, y el chalado cenobita de Hellraiser produce más risa que pavor. Aquí foto del interfecto:
La primera foto es la del final, con la chocha esperando que su bravo caballero acabe el trabajo del día para que suba las escaleras y le de un buen viaje, con eyección ocular incluida por exceso de presión interior.
Hay que tener mucho estómago para ver esta película. Ni siendo un orco del clan de los orcos más infecto justificaría verla. Y aquí van dos preguntas: ¿Por qué cojones alcancé a terminar de verla? ¿Y qué coño hago yo a la una de la madrugada perdiendo tiempo contándolo? La primera es relativamente sencilla. Mientras la tenía abierta en una pantalla, en la otra estaba leyendo cosas más interesantes. Al menos la mitad del cerebro que daba para el lado contrario sé que ha quedado intacto a la exposición. Para la segunda no tengo respuesta. La meditaré consultándolo con la almohada. Lo cierto es que ya me he relajado un poco. He descargado. A diferencia del protagonista, que se tuvo que quedar a gusto después de vaciar los huevos, yo me he quedado a gusto después de descargar tanto odio acumulado en tan poco tiempo. Dulces sueños.
viernes, 20 de julio de 2012
Blogolimia iteroconcurrente: Sudokus e Inyección de Dependencias
A veces me vuelvo realmente loco intentando recordar dónde vi lo que vi y de dónde saqué la idea que saqué. Sospecho padecer el Trastorno de déficit de atención. Sin acabar de estar muy convencido de la existencia del hermano pequeño, díscolo e inestable que es el apartado de las pepinadas, y que da cabida a toda suerte de miserias, he querido darle algo más de entelequia, intención de continuidad, y apuntar por aquí, para consulta futura, para sostén de mi memoria, y por simple pedorreta intelectuoloide, lo que vaya llamando mi atención. También es cierto que con algo tengo que rellenar, y de paso justificar, intentarlo al menos, la existencia de este blog [1] cutre salchichero pseudoexistencialista que me he montado por aquí. Y no se me ha ocurrido mejor forma que repasar el historial de mi navegador y elegir aquellos enlaces en los que dediqué más tiempo de lectura y atención y que, en muchas ocasiones, ha supuesto abandonar lo que tenía en mente para fijar la atención en otra cosa. De ser un personaje de ficción, sería la pez amiga de Nemo, memoria de tres segundos sobrentendida.
A lo largo de la semana son muchas las páginas, lugares, rincones y, en general, vertederos de toda índole, que visito. No en vano, y dado que tengo una existencia más bien solitaria en mi apartado rincón de Parla —el ermitaño, o mejor el anacoreta, del sur de Madrid acabarán llamándome—, paso mucho tiempo delante de una pantalla retroiluminada como mejor compañía (portátil/ordenador de trabajo, iPhone, iPad…). Estoy conectado veinticuatro horas al día, siete días a la semana, trescientos sesenta y cinco días al año. Éste trescientos sesenta y seis.
Al tajo, sin perder dedos en el camino. Sirva todo este esfuerzo como recordatorio y como muestra de por dónde tuercen mis desviaciones. ¿Alcanzaré aún nivel mayor de cutrez existencial?
Esta semana, con la cuarta parte del horario de verano consumido, lo han protagonizado, principalmente, el Sudoku y frameworks de Inyección de Dependencias para .NET. Entre cabezada va, cabezada viene, en el tren retomo la búsqueda de una métrica para calcular la dificultad de un Sudoku, tropezando con un PDF que tiene buena pinta y de título Sudoku: Bagging a Dificulty Metric & Building Up Puzzles. Lo apunto para leerlo durante el fin de semana, Batman mediante [2]. Hace meses hice un programa para resolver sudokus usando una mezcla entre Exact Cover (¿cobertura exacta?) y Backtracking. No obstante me quedé con las ganas de hacer un generador y calcular empíricamente una medida de dificultad. Al parecer es harto jodido, ya que se basa en heurísticas y no existe una medida solvente de lo que se busca. Al menos que yo sepa. Desistí. Retomando el tema acabé en el PDF mencionado. En la búsqueda también tropecé con otro PDF que apunto para lectura más tardía: A Pencil-and-Paper Algorithm for Solving Sudoku Puzzles. Lo mejor (o lo peor, según se mire) fue que, rebotando aquí y allá, guiado por mi TDA, llegué a Notices of the American Mathematical Society y pude descargarme el último ejemplar de forma íntegra en PDF. ¡Que me da un jamacuco! ¡ARGHHHH! ¿A qué tanto chute matemático? Pues porque con el horario de verano —¡tardes libres!— retomé la idea de programar un juego para smartphones y se me ocurrió, antes de seguir con Profanation versión deluxe-chachi-guay-new-age meterme con algo más sencillo para familiarizarme con Frameworks y chuminadas varias, que desde el año pasado han cambiado algo [3]. Para ser «sencillo» aún queda bastante curro, pero esta es la pinta que va presentando (de momento desarrollo con Visual Studio y XNA).
Tiene mérito insistir tanto con XNA cuando la propia Microsoft parece no apostar por él para el desarrollo de juegos para la interfaz nativa Metro de su próximo Winwows Phone 8. Básicamente proponen dos alternativas: C++ con DirectX y HTML5 con JavaScript. La tercera, Silverlight, ni mencionarla. Todo, y todos, apunta, apuntan a, que la quinta será la última versión. Y mira que la gente de MonoGame está haciendo un trabajo estupendo para propagar el framework XNA a diferentes plataformas. ¡Si hasta Sony ha elegido una variante de MonoDevelop para su entorno de desarrollo de juegos para la PSP Vita (A look around the PlayStation Mobile tools and SDK)! Sea como fuere, en breve desempolvaré [4] los libros de C++ que tengo.
Esta semana toca rehacer el código de un servicio que alguien malparió hace una década. Casi. De mediados del año 2003 está fechado ese proyecto. Malparió el código —y la arquitectura relacionada—, porque el servicio tiene su sentido de ser. Incluso la solución planteada, de forma global, no es mala, pero es que hay cada aberración pestilente en cómo está implementada que tira para atrás. Hablo de un servicio Windows, de esos de los de antes. El programador original, protegido por el anonimato que dan años de olvido —y de rotación de personal— dejó algunas joyas y una década de datos defectuosos. Aunque con incidencia y repercusión tan diminuta que apenas ha merecido atención hasta ahora. Lo curioso es que es un servicio de importancia vital para la plataforma en la que se engendró, pero como únicamente afecta en unos marcos espaciotemporales tan bien definidos, no se ha querido tocar hasta la fecha. Por aquello del «peor el remedio que la enfermedad», supongo. Obstinado como estoy en inculcar ideas tales como Integración Continua, estoy por reprogramarlo. Cada vez que me pongo con una cosa como esta acabo implementando mi propia versión de la Inyección de Dependencias en su forma manual [5]. Pero ya va siendo hora de dejar las cosas a los expertos de verdad, así que me puse a buscar Frameworks para la inyección de dependencias o Dependency Inyection Containers, como los vienen llamando, esos mismos expertos, para .NET. ¡La polla! ¡Hay un montón! Finalmente hice poda y me quedé con cuatro candidatos: Castle Windsor, Spring.NET, Unity y StructureMap. No porque el resto sean peores. Simplemente porque no tengo tiempo de evaluarlos uno a uno y tenía que decantarme por alguno en poco tiempo. Inicialmente quería elegir Sprint.NET porque también estoy metido en un proyecto Java y era una forma natural de enganchar, pero andar con archivos XML de configuración y sus namespaces y sus estructuras particulares poco documentadas, es algo que me supera y quería hacerlo directamente desde código. Al menos para ponerlo rápidamente en marcha. Por lo poco que pude ver, StructureMap parece el mejor para eso, definir en código, sin perder de vista la futurible configuración externa en XML. Seguro que me equivoco, pero la decisión ya está tomada. Los cambios tengo que hacerlos en tiempo récord, suponiendo siempre que no desista en rehacerlo y opte por parchear hasta que lo retome el siguiente programador, y aún tengo que pensar en cómo voy a solucionar algunos problemas para incorporar test unitarios (¿por qué la gente programa las cosas de forma tan acoplada?). Siempre habrá tiempo de cambiar/mejorar dentro de otra década. Para entonces supongo que la programación funcional será lo más y alguien vendrá, dirá que lo que yo hice apesta, y que hay que hacerlo todo con funciones y en «petabito», el nuevo lenguaje de moda masmejó para eso y todo lo que necesites.
Por último, y sinceramente sin venir a cuento por nada en particular, recordé haber visto hacía tiempo una especie de nube de palabras. En particular fue tras el debate que mantuvieron los dos candidatos a las últimas elecciones. Creo que fue El País —o cualquiera de tirada gratuita que pasa por mis manos casi cualquier día— donde aparecieron sendas nubes con los términos más destacables de las propuestas de cada uno de los dosmentirosos sinceros y preocupados políticos. Apunté indagar sobre el asunto y, sin venir a cuento, mi cerebro sufrió una interrupción mientras me estrujaba la amígdala averiguando cómo enganchar diferentes perfiles de validación a un mismo proyecto Sonar, herramienta muy cojonuda para la validación estática de la calidad del código y con la que ando liado estos días en uno de los proyectos, y recordé que estaria bien dedicar un rato a ver qué podía averiguar. No hice mucho, pero encontré un servicio que produce unos realmente bonitos y altamente configurables: Wordle. Para muestra un botón. Aquí va la nube con el texto de la entrada de hoy:
Hay que pulir un poco, pero el servicio tiene muchas opciones para la presentación. Algún día haré la nube para todo lo publicado hasta la fecha. Algún día.
[1] Que decepción más grande me he llevado al descubrir que la Academia de la Lengua acogía la palabra bárbara blog como parte de nuestro patrimonio lingüístico. Si es que todo se acaba pegando. Lo malo, claro.
[2] Me va a resultar muy complicado no ir al estreno de la tercera y última película de Nolan sobre tan oscuro personaje.
[3] ¿Pero es que no recuerdan aquel magnífico Recocido de Profanation sobre cama afrutada de XNA y con relleno de MonoGame (o XNATouch) y ese espectacular recopilatorio que supuso El blues de los momentos perdidos?
[4] Quien dice «desempolvar» podría decir también «descargar». Hasta que desaparezca completamente, todavía quedan sitios como wowebook.com donde los más viles y rastreros pueden hacerse con libros técnicos sin pagar. De todas formas yo siempre pago. Al menos por los que merecen la pena. Es una absurda cuestión de principios. Pero antes de saber si merece la pena, no está de más echarle una lectura rápida obteniéndolo de forma poco digna.
[5] Algún día me gustaría continuar el artículo Diseño reincidente (I) - IntroMix 2010, filosofía zen, las articulaciones y el bambú. En esencia de lo que iba era de contar cómo empecé a usar esas técnicas (parecidas al menos) en 2002 de forma intuitiva (mi descubrimiento de IoC/DI es bastante reciente) y cómo, desde entonces, siempre acabo haciendo las cosas muy parecidas. Está claro que si funciona, ¿por qué cambiarlo? Y a mí me funciona.
A lo largo de la semana son muchas las páginas, lugares, rincones y, en general, vertederos de toda índole, que visito. No en vano, y dado que tengo una existencia más bien solitaria en mi apartado rincón de Parla —el ermitaño, o mejor el anacoreta, del sur de Madrid acabarán llamándome—, paso mucho tiempo delante de una pantalla retroiluminada como mejor compañía (portátil/ordenador de trabajo, iPhone, iPad…). Estoy conectado veinticuatro horas al día, siete días a la semana, trescientos sesenta y cinco días al año. Éste trescientos sesenta y seis.
Al tajo, sin perder dedos en el camino. Sirva todo este esfuerzo como recordatorio y como muestra de por dónde tuercen mis desviaciones. ¿Alcanzaré aún nivel mayor de cutrez existencial?
Esta semana, con la cuarta parte del horario de verano consumido, lo han protagonizado, principalmente, el Sudoku y frameworks de Inyección de Dependencias para .NET. Entre cabezada va, cabezada viene, en el tren retomo la búsqueda de una métrica para calcular la dificultad de un Sudoku, tropezando con un PDF que tiene buena pinta y de título Sudoku: Bagging a Dificulty Metric & Building Up Puzzles. Lo apunto para leerlo durante el fin de semana, Batman mediante [2]. Hace meses hice un programa para resolver sudokus usando una mezcla entre Exact Cover (¿cobertura exacta?) y Backtracking. No obstante me quedé con las ganas de hacer un generador y calcular empíricamente una medida de dificultad. Al parecer es harto jodido, ya que se basa en heurísticas y no existe una medida solvente de lo que se busca. Al menos que yo sepa. Desistí. Retomando el tema acabé en el PDF mencionado. En la búsqueda también tropecé con otro PDF que apunto para lectura más tardía: A Pencil-and-Paper Algorithm for Solving Sudoku Puzzles. Lo mejor (o lo peor, según se mire) fue que, rebotando aquí y allá, guiado por mi TDA, llegué a Notices of the American Mathematical Society y pude descargarme el último ejemplar de forma íntegra en PDF. ¡Que me da un jamacuco! ¡ARGHHHH! ¿A qué tanto chute matemático? Pues porque con el horario de verano —¡tardes libres!— retomé la idea de programar un juego para smartphones y se me ocurrió, antes de seguir con Profanation versión deluxe-chachi-guay-new-age meterme con algo más sencillo para familiarizarme con Frameworks y chuminadas varias, que desde el año pasado han cambiado algo [3]. Para ser «sencillo» aún queda bastante curro, pero esta es la pinta que va presentando (de momento desarrollo con Visual Studio y XNA).
Tiene mérito insistir tanto con XNA cuando la propia Microsoft parece no apostar por él para el desarrollo de juegos para la interfaz nativa Metro de su próximo Winwows Phone 8. Básicamente proponen dos alternativas: C++ con DirectX y HTML5 con JavaScript. La tercera, Silverlight, ni mencionarla. Todo, y todos, apunta, apuntan a, que la quinta será la última versión. Y mira que la gente de MonoGame está haciendo un trabajo estupendo para propagar el framework XNA a diferentes plataformas. ¡Si hasta Sony ha elegido una variante de MonoDevelop para su entorno de desarrollo de juegos para la PSP Vita (A look around the PlayStation Mobile tools and SDK)! Sea como fuere, en breve desempolvaré [4] los libros de C++ que tengo.
Esta semana toca rehacer el código de un servicio que alguien malparió hace una década. Casi. De mediados del año 2003 está fechado ese proyecto. Malparió el código —y la arquitectura relacionada—, porque el servicio tiene su sentido de ser. Incluso la solución planteada, de forma global, no es mala, pero es que hay cada aberración pestilente en cómo está implementada que tira para atrás. Hablo de un servicio Windows, de esos de los de antes. El programador original, protegido por el anonimato que dan años de olvido —y de rotación de personal— dejó algunas joyas y una década de datos defectuosos. Aunque con incidencia y repercusión tan diminuta que apenas ha merecido atención hasta ahora. Lo curioso es que es un servicio de importancia vital para la plataforma en la que se engendró, pero como únicamente afecta en unos marcos espaciotemporales tan bien definidos, no se ha querido tocar hasta la fecha. Por aquello del «peor el remedio que la enfermedad», supongo. Obstinado como estoy en inculcar ideas tales como Integración Continua, estoy por reprogramarlo. Cada vez que me pongo con una cosa como esta acabo implementando mi propia versión de la Inyección de Dependencias en su forma manual [5]. Pero ya va siendo hora de dejar las cosas a los expertos de verdad, así que me puse a buscar Frameworks para la inyección de dependencias o Dependency Inyection Containers, como los vienen llamando, esos mismos expertos, para .NET. ¡La polla! ¡Hay un montón! Finalmente hice poda y me quedé con cuatro candidatos: Castle Windsor, Spring.NET, Unity y StructureMap. No porque el resto sean peores. Simplemente porque no tengo tiempo de evaluarlos uno a uno y tenía que decantarme por alguno en poco tiempo. Inicialmente quería elegir Sprint.NET porque también estoy metido en un proyecto Java y era una forma natural de enganchar, pero andar con archivos XML de configuración y sus namespaces y sus estructuras particulares poco documentadas, es algo que me supera y quería hacerlo directamente desde código. Al menos para ponerlo rápidamente en marcha. Por lo poco que pude ver, StructureMap parece el mejor para eso, definir en código, sin perder de vista la futurible configuración externa en XML. Seguro que me equivoco, pero la decisión ya está tomada. Los cambios tengo que hacerlos en tiempo récord, suponiendo siempre que no desista en rehacerlo y opte por parchear hasta que lo retome el siguiente programador, y aún tengo que pensar en cómo voy a solucionar algunos problemas para incorporar test unitarios (¿por qué la gente programa las cosas de forma tan acoplada?). Siempre habrá tiempo de cambiar/mejorar dentro de otra década. Para entonces supongo que la programación funcional será lo más y alguien vendrá, dirá que lo que yo hice apesta, y que hay que hacerlo todo con funciones y en «petabito», el nuevo lenguaje de moda masmejó para eso y todo lo que necesites.
Por último, y sinceramente sin venir a cuento por nada en particular, recordé haber visto hacía tiempo una especie de nube de palabras. En particular fue tras el debate que mantuvieron los dos candidatos a las últimas elecciones. Creo que fue El País —o cualquiera de tirada gratuita que pasa por mis manos casi cualquier día— donde aparecieron sendas nubes con los términos más destacables de las propuestas de cada uno de los dos
Hay que pulir un poco, pero el servicio tiene muchas opciones para la presentación. Algún día haré la nube para todo lo publicado hasta la fecha. Algún día.
[1] Que decepción más grande me he llevado al descubrir que la Academia de la Lengua acogía la palabra bárbara blog como parte de nuestro patrimonio lingüístico. Si es que todo se acaba pegando. Lo malo, claro.
[2] Me va a resultar muy complicado no ir al estreno de la tercera y última película de Nolan sobre tan oscuro personaje.
[3] ¿Pero es que no recuerdan aquel magnífico Recocido de Profanation sobre cama afrutada de XNA y con relleno de MonoGame (o XNATouch) y ese espectacular recopilatorio que supuso El blues de los momentos perdidos?
[4] Quien dice «desempolvar» podría decir también «descargar». Hasta que desaparezca completamente, todavía quedan sitios como wowebook.com donde los más viles y rastreros pueden hacerse con libros técnicos sin pagar. De todas formas yo siempre pago. Al menos por los que merecen la pena. Es una absurda cuestión de principios. Pero antes de saber si merece la pena, no está de más echarle una lectura rápida obteniéndolo de forma poco digna.
[5] Algún día me gustaría continuar el artículo Diseño reincidente (I) - IntroMix 2010, filosofía zen, las articulaciones y el bambú. En esencia de lo que iba era de contar cómo empecé a usar esas técnicas (parecidas al menos) en 2002 de forma intuitiva (mi descubrimiento de IoC/DI es bastante reciente) y cómo, desde entonces, siempre acabo haciendo las cosas muy parecidas. Está claro que si funciona, ¿por qué cambiarlo? Y a mí me funciona.
lunes, 9 de julio de 2012
El medievo con tu ano
Que se me caiga el pito si miento, pero juro que no recuerdo cuánto hace que dejé de descargar canciones de Internet, parche en el ojo incluido. Hace mucho, eso sí lo sé. ¿Cuatro? ¿Cinco años? Es posible que seis; incluso siete. Aburguesarse implica pagar por la música, y eso es lo que empecé a hacer. (En realidad continuar, porque mi colección de CDs, sin llegar a ser portentosa, era digna de elogio para ser un estudiante pobretón). También sé que justo antes de dejarlo, por aquello de «la última vez, cariño, y mañana te respetaré y no lo diré a nadie lo que me has hecho, so guarra», dejé el ordenador unas dos semanas descargando durante veinticuatro horas cientos de discos. Todo lo que pillaba en los foros del pirateo inmisericorde. De forma indiscriminada bajaba desde blues y jazz hasta reguetón. El 99% de aquella tonelada de zips y rars acabó arrinconado en un disco duro extraíble y, pasado el tiempo, borrado miserablemente cuando necesité espacio para cosas más interesantes con la convicción de que, además, nunca llegaría a perder tiempo en clasificarla ni rescatar ninguna cosa. Es complicado rescatar cuando no se sabe exactamente qué hay que rescatar. El 1% restante, que tiempo después incorporé a la biblioteca iTunes, lo fui eliminando paulatinamente. Si no lo escucho no merece la pena dejarlo; y escucho lo que compro. Lo compro porque me gusta. Si me gusta, lo escucho. En fin, un círculo vicioso.
De vez en cuando, sin embargo, tropiezo con algún superviviente de los sucesivos exterminios. Emerge cuando dejo al DJ de iTunes que amenice las tardes de programación. Y así ha aparecido una canción de Mamá Ladilla, grupo del que no tengo especial recuerdo de buenas canciones debido a su estilo particular, que se me antoja de usar y tirar, que ha conseguido, sin embargo, hacerme sonreír y, de hecho, la he escuchado de forma compulsiva durante un buen rato. El título 'Sucedió en Beckelar', y un estribillo que da título a esta entrada. Parte al menos. En la web del grupo podrán disfrutar, con animación flash grotesca incluida, de la canción de forma íntegra. Puede herir la sensibilidad —o sensiblería— de alguno.
Ha conseguido sacar mi lado gamberrete. Y el republicano. ¿Quién se apunta a quemar palacios y decapitar a miembros de la realeza? Los elefantes del Mundo nos lo agradecerán.
De vez en cuando, sin embargo, tropiezo con algún superviviente de los sucesivos exterminios. Emerge cuando dejo al DJ de iTunes que amenice las tardes de programación. Y así ha aparecido una canción de Mamá Ladilla, grupo del que no tengo especial recuerdo de buenas canciones debido a su estilo particular, que se me antoja de usar y tirar, que ha conseguido, sin embargo, hacerme sonreír y, de hecho, la he escuchado de forma compulsiva durante un buen rato. El título 'Sucedió en Beckelar', y un estribillo que da título a esta entrada. Parte al menos. En la web del grupo podrán disfrutar, con animación flash grotesca incluida, de la canción de forma íntegra. Puede herir la sensibilidad —o sensiblería— de alguno.
Ha conseguido sacar mi lado gamberrete. Y el republicano. ¿Quién se apunta a quemar palacios y decapitar a miembros de la realeza? Los elefantes del Mundo nos lo agradecerán.
viernes, 6 de julio de 2012
Retomando XNA
Esta semana empezó el horario de verano. El último mes ha sido de locura. Pero de la verdadera. Hace dos fines de semana trabajé el equivalente a una semana normal. Los viernes la jornada laboral termina a las dos de la tarde y yo seguí trabajando hasta las cuatro de la madrugada. El sábado y el domingo lo mismo. Después del sobre esfuerzo parece que todo vuelve a la normalidad. Me he encontrado con las tardes libres y una vida bastante solitaria. Aquí en Madrid apenas conozco a nadie y casi todo el mundo anda muy liado. Sea como fuere, en algo hay que rellenar el tiempo y, como ver la televisión no es de mis actividades favoritas, he optado por retomar la idea de hacer una versión de Profanation para dispositivos móviles. Pero antes voy a darle con ganas al XNA hasta que lo tenga bastante controlado, para lo que he empezado con cosas más sencillas
Seguiremos informando.
Seguiremos informando.
Ya no tengo Facebook
Tampoco es algo que resulte especialmente reseñable. Llevaba tiempo dándole vueltas a la idea. Finalmente eliminé mi cuenta de Facebook.
No, no la desactivé. Desactivar lo puedes hacer directamente desde las opciones de la administración de la cuenta. No. La eliminé completamente. Antes borré una a una las publicaciones y las fotografías que tenía desde que la abrí. Toda precaución es poca. Bueno, eliminada en teoría, porque te mandan un correo diciendo que durante dos semanas aún te puedes arrepentir. Pasado ese período de gracia será como si nunca hubieses estado en esa red. No hay marcha atrás.
Ha transcurrido una semana. Me embarga cierto sentimiento de libertad y de satisfacción abstractos.
Ojo con pulsar el enlace anterior, que si tienes cuenta abierta se la cepilla.
¿Me cepillaré también la de Google+?
Foto tomada aquí. Autor: Alan Levine.
No, no la desactivé. Desactivar lo puedes hacer directamente desde las opciones de la administración de la cuenta. No. La eliminé completamente. Antes borré una a una las publicaciones y las fotografías que tenía desde que la abrí. Toda precaución es poca. Bueno, eliminada en teoría, porque te mandan un correo diciendo que durante dos semanas aún te puedes arrepentir. Pasado ese período de gracia será como si nunca hubieses estado en esa red. No hay marcha atrás.
Ha transcurrido una semana. Me embarga cierto sentimiento de libertad y de satisfacción abstractos.
Ojo con pulsar el enlace anterior, que si tienes cuenta abierta se la cepilla.
¿Me cepillaré también la de Google+?
Foto tomada aquí. Autor: Alan Levine.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)






