jueves, 18 de junio de 2009

'La meta'

Llegué al libro de Eliyahu M. Goldratt en uno de esos días en los que me dedico a recorrer enlaces de un lado para otro a partir de una búsqueda inicial y que, en muchos casos, me lleva a destinos que no tienen nada que ver con lo que originalmente estaba buscando. Pero lo cierto es que al leer sobre la Teoría de las limitaciones o de las restricciones (TOC, del inglés) me sentí atraído por el concepto o la idea que había tras ella. Y así fue como me decidí -más bien me lancé- a comprar un libro que ya tiene algo más de dos décadas (aunque su tercera edición en español es de 2005).

El libro, escrito a modo de novela de espíritu socrático, engancha a las pocas páginas y resulta muy ameno de principio a fin. Decae un poco en los últimos capítulos, como novela digo, pero en general mantiene un ritmo adecuado en el que se va adentrando en los problemas de una fábrica que tiene los días contados por su pésima gestión, basada en principios erróneos, mantenidos por la inercia intelectual. Al responder a un pregunta (resolver un problema) aparecen otras preguntas que deben ser respondidas. Una visión del sistema como algo más que la suma de sus partes. Holístico en su pretensión, se podría decir.

Es de suponer que en el momento en que se escribió tuvo que ser rompedor con el pensamiento reinante, aunque supongo que los principios y motivos del libro ya están superados por el sentido común, el menos común de los sentidos, en los días que nos toca vivir.

Aunque el método nace pensando en la industria y, especialmente en la producción de bienes tangibles, lo cierto es que hay momentos en que no puedo evitar encontrar paralelismos con lo que ocurre en algunas empresas de software. Al menos en algunas de las que he trabajado, donde los pedidos -proyectos-, todos con retrasos importantes, son atendidos según los gritos del cliente y las imposiciones del mandamás. Y es que, como bien se señala al final del libro, TOC ha sido habilmente adaptado a diferentes sectores de bienes intangibles y servicios.

El libro concluye con una entrevista al autor y creador de la teoría, intercalando entrevistas a otras personas y la forma en que vivieron, proyectaron y concluyeron la incorporación del paradigma la mejora contínua y sus herramientas. Sin embargo el libro no detalla ni da pistas de ninguna de estas herramientas auxiliares, dando por sentado que la herramienta más importante es la propia capacidad deductiva, de lo que sí que parece andar resuelto el protagonista. Hubiese deseado un poco más información sobre la forma en que se analizan y representan los problemas (arboles de realidad actual y futura, evaporación de nubes, etc., etc.)

En Internet hay bastante información sobre TOC, pero creo que voy a tentar a la suerte y esperaré a ver si aún es posible conseguir la continuación, en la que el protagonista, Alex Rogo, se las sigue viendo con el método socrático para elaborar una serie de herramientas y mecanismos que le permitan gestionar la división. Digo lo de tentar a la suerte porque llevo varias semanas esperando respuesta. ¿Quedará aún algún ejemplar disponible en el distribuidor? Espero que sí.

En definitiva, un libro recomendable, que no hace ningún mal leer. Sobretodo si se siente cierta inquietud sobre cómo se pueden mejorar las cosas y qué límites puede haber en un sistema, aunque sea únicamente por cambiar el chip durante un rato. O, simplemente, para aquel que quiera leer una novela de ficción industrial.

miércoles, 17 de junio de 2009

Fines de semana en Dunas Maspalomas

El año pasado, más o menos por estas fechas, un matrimonio amigo y su tropa de enanos incordio, vinieron a pasar una semana de vacaciones a la isla. Organizándolo todo ellos mismos desde Madrid, dieron con un complejo de bungalows del grupo Dunas, Dunas Maspalomas, que les ofrecía el espacio suficiente para recoger, bajo un mismo techo y a precio razonable, a la familia numerosa. Como no tenemos muchas oportunidades de pasar tiempo con ellos durante el año, mi mujer y yo decidimos coger otro de los bungalows. En nuestro caso con menos habitaciones, por aquello de no tener aún descendencia y evitar que se llenase con familiares.

Bungalows Dunas Maspalomas

Mi mujer y yo nos consideramos personas de gustos sencillos, que aprecian las cosas simples. El complejo Dunas Maspalomas no es, desde luego, un lugar para personas especialmente exigentes. Se aprecia a simple vista que en algunos bungalows haría falta un mantenimiento más exhaustivo o, simplemente, que lo tirasen abajo y lo reconstruyesen. Pero en general, el estado de conservación es más que aceptable y rara vez tienes que preocuparte porque algo no funcione adecuadamente. Y por aquello de que una cosa quita la otra, se agradece tener cafetera, microondas y tostadora. Así que, desde aquella primera vez, y aunque como hábito más o menos reciente, todos los meses intentamos darnos una escapada de fin de semana para pasarlo tranquilos. Tranquilos siempre y cuando la familia nos lo permita.

Toallas a la espera

Siempre intentamos que nos asignen un bungalow alejado de alguna de las muchas piscinas que hay en el complejo. Es un placer difícilmente descriptible el sentarse en la pequeña terraza a leer mientras te calienta el sol de primera hora de la mañana, con una taza de café o un vaso de refresco, ajeno al griterío que se produce en las piscinas y que rara vez te llega como un lejano eco, inmerso en libro mientras una suave brisa agita las hojas de las plantas que hay por todas partes y levantas la vista un momento para ver a un gato joven juguetear en el césped del vecino. Rara vez encuentro una experiencia al mismo tiempo tan gratificante, tan relajante y tan intensa como el leer en ese sitio alejado de las hordas de homínidos que se tiran en bomba en la piscina.

Cielo nublado en Maspalomas

Sin embargo, nuestra breve escapada se está convirtiendo en toda una huida. Nunca ha sido más cierto aquello de que los familiares son una lacra. Haciendo gala del más vulgar de los comportamientos que tan mala fama nos ha ganado a los lugareños de cara a los complejos turísticos de la zona, los rusos nos denominan, hay que hacer verdaderas y agotadoras filigranas para que no se nos cuelen ni cuelguen los familiares gorrones. Antes de sufrir esta forma de hemorroides consanguínea, les decía de forma cariñosa que eran una panda de gitanos. Pero como no hay Hemoal que alivie esta sintomática persecución, y la cirugía en este caso estaría penada con la cárcel, ha pasado a convertirse en una expresión harto despectiva cuando sale de mis labios. Más aún en presencia de los referidos. Me tienen tan hinchados los bajos que he pasado a ser un verdadero cafre por decirles abiertamente que no los quiero ver ni en pintura. Cada vez que pienso en los familiares resuenan en mi memoria aquellas célebres advertencias de la película Gremlins: no les des de comer y no los mojes. ¡Los cabrones -la familia- parece que se multiplican en presencia de una piscina! Y si bien en la película era no darles de comer después de media noche, a estos hay que evitar darles de comer a cualquier hora.

Pero más allá de tener que soportar odios y rabias por la frustración que les provoca mi talante intransigente con su presencia, lo cierto es que mi mujer y yo hemos encontrado nuestro pequeño rincón donde eliminar de nuestras dermis el estrés de una semana de trabajo y frustraciones laborales. El sitio perfecto para recargar pilas. Así que, hasta que descubramos otro lugar de características mejores, con un precio similar, mantendremos nuestras escapadas a este sitio que se nos antoja como un pequeño edén. Pese a que no estaría de más un mejor mantenimiento de los bungalows y una alambrada de espinos, con torres de vigilancia provistas de ametralladoras, para mantener alejados a los familiares.

viernes, 12 de junio de 2009

Se me fastidió la excusa con 'Journeyman'

Las películas y series de ciencia ficción me atraen como la luz incandescente a una polilla. Prefiero este símil al de la mosca y la mierda, aunque dada la calidad de la serie que toca hoy bien podría haberlo empleado. Así que no es raro que, cuando leí la sinopsis de 'Journeyman' dentro del catálogo ofertado por mi camello, no lo dudé dos veces. Sé que siempre digo que aquellos que se acercan a las mafias del P2P son lo peor, más bajo y rastrero que ha dado nuestra sociedad, pero en mis trabajos de investigación he desarrollado adicción y ahora debo vivir como otro marginado social. Me siento sucio por ello.

Tenía planeado usar esta serie de televisión para escaquearme otro fin de semana de mis deberes domésticos. Pero tras tragarme los dos primeros episodios, y abandonar hastiado a la mitad el tercero, me parece que la cosa no pinta nada bien. Y no soy tan masoquista como para comer cualquier cosa por el simple hecho de comer. Tampoco tengo la excusa de las elecciones europeas del fin de semana pasado, y su jornada de reflexión (o su jornada posterior para comentar los resultados), ni un maratón fotográfico al que desee acudir, por lo que lamentablemente tocará armarme con la aspiradora y limpiar en rincones de mi piso donde hace mucho tiempo que no pongo la vista. Hace tiempo que de esos rincones salen sonidos extraños y aventurarse a limpiar en ellos puede acabar muy mal. Al menos para mí. La limpieza en mi casa es un deporte de riesgo.

Que la calidad de una serie (o de una película) no la garantiza el reparto, es algo que sabemos todos, pero tras disfrutar con la actuación que hizo en 'Roma', creí que sería un aliciente para tragarme el segundo capítulo, e intentarlo nuevamente con el tercero, tras un soporífero episodio piloto. Pero se hace extraño ver a un desorientado Lucio Voreno saltando constantemente en el tiempo. Es lo que tiene asociar una cara con un personaje. Esperaba que de un momento a otro se encasquetase el casco de centurión, se armase de una espada y gritase un "¡Por Romaaaaaa!" en mitad de uno de los saltos temporales.

En fin. Aunque la intención era buena, y la historia podía haber dado para más, lo cierto es que, sin ser una basura, es aburrida y eso, a la larga, es casi peor. Al menos, si hubiese sido rematadamente mala te hubieses dicho, bueno, no da para más. Pero con 'Journeyman' te queda el sabor amargo de saber que se podría haber hecho un poquito más para aprobar. Como el suspender con un 4,9. Por una décima te quedas en la calle. Y siempre está ahí la duda de que tal vez el próximo capítulo hubise sido mejor, si le hubieses dado una oportunidad. Pero lo peor es que a mí me ha fastidiado el fin de semana. No podré disfrutar de mis (in)merecidas tardes de sofá.

jueves, 11 de junio de 2009

¿Te imaginas poder disfrutar de 'La semana laboral de 4 horas'?

Compré 'La semana laboral de 4 horas' el mismo día en que compré 'Freakonomics'. Principalmente porque estaba puesto justo al lado en la estantería, en la sección de Economía de la librería. En segundo lugar porque leí la contraportada y me resultó un planteamiento curioso: ¿Quién no desearía toquetearse el ombligo todo el santo día y vivir como un jeque trabajando lo mínimo? Por lo que, sin otras opiniones sobre él, pasé por caja.

Tras leer un par de capítulos lo primero que me vino a la cabeza fue la pertinente y conocida frase "del dicho al hecho hay un gran trecho". Lo que se propone en el libro está muy bien, pero da la sensación de ser muy ajeno a la cultura española. Desde el comienzo da la sensación de que los nuevos ricos (NR) sólo pueden gestarse en EEUU, donde todo se hace de forma diferente. De hecho la mayor parte de las referencias a empresas de logística y otros servicios de valor son de compañías norteamericanas. Tal vez los NR se pueda dar en otros países, pero visión al respecto viene coartada por un modelo cultural en el que la panacea laboral es conseguir alcanzar el estatus de funcionario (y tocarse el ombligo todo el santo día). Lo que no deja de ser una forma de prejuicio. Es posible que ajustando adecuadamente lo que propone el autor, parte de lo referido se podría aplicar a cualquier país del mundo. Bueno, a casi cualquiera. Cierto que en un país, donde el ideal alternativo a ser funcionario es ser tu propio jefe -gran error ese, por cierto-, hay que hacer un esfuerzo de titán para cambiar el chip. ¿Quién se pone a ello? ¡No pain, no gain!

Pero más allá de las limitaciones y diferencias culturales, y por encima de la cantidad de referencias -muy útiles- a cantidad de empresas y fuentes varias que ofrece, y además de proponerte unos hábitos muy concretos para organizarte y atender tus deberes laborales, el libro es -y no deja de ser- un libro de autoayuda en el que la pregunta que siempre está presente, como una nube perenne sobre la ciudad, es "¿Qué quieres hacer con tu vida?". Lo que no es moco de pavo, ya que solo tienes una vida. O su variante más popular: "¿Si hoy te dijesen que estirarás la pata en equis tiempo, qué es lo que harías? Siendo equis un tiempo lastimosamente corto." Reconozco que, de haber estado puesto en la sección de autoayuda no lo hubiese ni mirado, pero al estar en la de economía lo acabé comprando. Para que veas lo que son los prejuicios.

Para la redacción del libro el autor, Tim Ferris, emplea un lenguaje coloquial, lo que lo acerca a la forma de pensar y sentir de muchos quemaos del mundo laboral, y hace que su lectura sea amena la mayor parte del tiempo. Huye de tecnicismos y complejas explicaciones, e intenta aproximar las ideas, o la idea principal, que en esencia es la de trabajar para vivir y no a la inversa, de forma llana y clara. Que, por otra parte, lo hace de forma bastante lineal y simple. Pero no me atrevería a decir que un tipo que ha conseguido la panacea laboral llegue a decir cosas simplonas. Enfrentarte al miedo al cambio y tener valor para tomar las riendas de tu vida, empujado por responder a la pregunta de qué sentido tiene tu existencia, es el otro pilar argumental de esta obra. Autoayuda, ya lo había dicho.

Sin embargo, no es (solo) un libro de autoayuda. Es mucho más. Es un libro que te detalla, paso por paso, cómo debes proceder para convertirte en un nuevo rico, con una empresa que te financie el estilo de vida que elijas. El libro contiene, tal indicaba antes, muchos enlaces a empresas que pueden formar parte del workflow para que se autogestione adecuadamente. Lo genial del planteamiento es que el objetivo es eliminarte de la ecuación. Todo el circuito ha de trabajar para ti, no tú par él.

En el libro se menciona en repetidas ocasiones la Web asociada al mismo, www.fourhourworkweek.com, donde se podrá encontrar contenidos adicionales que te ayudarán a convertirte en ese nuevo rico que todos quisiéramos ser. Aquí puedes encontrar traducidos los 'capítulos de regalo', por si tu fuerte no es el inglés (uno de los contenidos adicionales te debería permitir aprender cualquier idioma en 3 meses).

Pese a que tengo mis dudas sobre la aplicabilidad práctica del texto o su sostenibilidad (¿qué pasaría si mañana todo el mundo decidiese hacerse un nuevo rico? ¿quién produciría o trabajaría para soportar este modelo existencial?), al menos en mi caso y para el de mucha gente que conozco, sí que hay muchos párrafos inspiradores, de esos que te paralizan de golpe con una sensación de brutal clarividencia y te obligan a pensar seriamente si lo que vivo a día de hoy se corresponde con mi ideal, o si no estoy haciendo otra cosa que autoengañarme.

No soy bueno haciendo críticas ni escribiendo reseñas de libros -esta, de hecho, es una caca-, así que te paso dos enlaces que hablan del libro y que considero que son buenas reseñas: la de Hábitos vitales y la de Papel en blanco. Estoy completamente de acuerdo con lo que dice al final la reseña de Papel en blanco:
Quizá el libro no es sea de gran utilidad, quizá le abra los ojos a algunos. En todo caso, su lectura, curiosa y divertida, es de todo punto recomendable.
Para acabar, estaría encantado de conocer de primera mano a alguien que lo haya llevado a la práctica con buenos resultados. ¿Alguien? ¿No? ¿Pero aún no lo has leído?

miércoles, 10 de junio de 2009

Mi primera vez...

... en el Maratón Fotográfico de Mesa y López. ¿O qué pensabas?

Refería ayer que en mi persona se combinaba una extraña mezcla de vergüenza y exhibicionismo. En la parte exhibicionista, por ejemplo, no me importa dar el cante cuando hablo con amigos. No me preocupa lo más mínimo lo que otros piensen de lo que digo o de cómo lo digo. O de hacerlo en Internet, como es el caso de esta bitácora. Cierto es que no tengo demasiados secretos, y los que hubiese podido ser mejor evitar contar lo sabe tanta gente que apenas tiene valor de chantaje. Pero si estoy solo, o mejor cuando debo actuar solo... Sufro de un ataque de parálisis cohibitiva. Esto me ha impedido acudir a anteriores certámenes del maratón fotográfico. Aunque no es culpa exclusiva de la vergüenza que sufro cuando tengo la cámara en la mano, que también pasa que me despisto con las fechas.

Sin embargo, y en esta ocasión, el amigo Luis me animó a ir con él y, con el número de participante 299, me presenté de forma puntual el sábado para pagar y confirmar mi participación en la sexta edición del certamen. En el álbum de Flickr voy poniendo algunas de las fotos que tomé.

Piés - Segundo Tema - Perfiles

Como novato he de decir que me lo pasé genial. Para mí todo era nuevo, así que ante las críticas de los veteranos sobre que los temas dejaban mucho que desear, yo no hice demasiado caso. Al fin y al cabo, y al menos para mí, se trataba de pasar el rato. En ningún momento fui por los premios. Cierto, sin embargo, que para alguno de los temas, tal vez, el tiempo que dejaban era realmente poco y que, también, se produjo un poco de estupor cuando anunciaron el tema "Mimos y globos". Al menos nosotros, que estábamos en el otro extremo camino de tomarnos un café, no vimos los mimos y los globos hasta que cambiaron de tema. Esto último es una larga historia, por cierto, pero pasa por habernos comprado nosotros los globos y hacer el gilipollas con los gestos (mimos). Queda para el anecdotario, pero solo esto ya nos debe haber valido la descalificación a todos (nos faltan esas fotos).

Quinto Tema - Besos

Los temas fueron:
  • Fotógrafo fotografiado (que levantó un "oohhhh" de decepción)
  • Perfiles
  • Movimiento
  • Mimos y globos
  • Besos, y
  • Harley Davidson
Para cada tema se contaba con 30 minutos. El maratón duró, multiplicando el tiempo de cada tema por el número de temas, tres horas. Más lo que hay que esperar luego para dejar las fotografías seleccionadas en el laboratorio, con una cola que llegaba hasta la otra manzana. Salí de casa a las 8:30 de la mañana y volví a las 16:30, aprovechando para descubrir, nuevamente de la mano del amigo Luis, un chino chino. De esos en los que no comes la típica comida china grasienta y repleta de glutamato monosódico, sino que disponen de una carta paralela para la comunidad china que acude allí a cenar, cantar al karaoke y jugar tras un biombo. Se encuentra en la calle Olof Palme, para más reseñas y, salvo que alguien te lo indique, la primera planta parece un bareto en el que solo entran los lugareños.

Sexto Tema - Harley Davidson


En el apartado técnico decir que opté, para la mayoría de las situaciones, y dado que el día estaba luminoso, aunque había momentos en que se ensombrecía un poco, usar casi siempre un ISO de 200, fijar el balance de blancos en soleado y elegir el programa 'A', fijar la apertura del diafragma, que dejaba casi siempre en 5.6, apertura que ha permitido que haga las paces con mi 18-200. Con esa apertura, la calidad óptica es bastante buena durante casi todo el recorrido. Por encima de 135 mm es mejor plantearse cambiar de óptica.

En resumen, me lo pasé genial y creo que repetiré el próximo año. Si no se me pasa la fecha, claro. Para eso cuento con que el amigo Luis vuelva a tenerme al tanto.

martes, 9 de junio de 2009

Tesoros perdidos reencontrados (XX): mis primeras webs personales

Confesaba hace unas semanas que tengo la extraña filia de buscarme, cada cierto tiempo, en Internet. ¿Variante de la egolatría? Pongo mi nombre y apellidos en el buscador y reviso lo que aparece. Así fue como me tropecé con la vieja práctica de Ingeniería del Conocimiento, que supuso la calificación de matrícula de honor para todos los componentes del grupo. O que se usan mis fotos (con licencia CC) en algunas webs. De hecho ese es el principal motivo por el que practico esta forma tan extraña de egolatría. Me sorprende que sigan apareciendo correos que escribí hace una eternidad al grupo de PostgreSql. Pero lo que más me sorprendió fue tropezar con una de mis primeras páginas Webs personales.

Tal vez esta entrada suene a "este quiere hacerme creer que lleva con esto más que yo", pero lo cierto, y si me conoces un poco no lo dudarás, siempre he sido bastante exhibicionista. Mi tema favorito de conversación suelo ser yo mismo. Este puntito exhibicionista se combina con un sentimiento de reserva intenso. O tal vez debería decir de vergüenza. Compleja combinación, lo sé. El caso es que al poco de tener Internet en casa (que era la de mis padres por entonces, y ahí ya teníamos banda estrecha a finales del año 95, con módem de 56 kbps), me puse a diseñar mi hueco web. Uno donde poder enseñar el plumaje a gusto.

El primer proveedor que permitió publicar páginas personales, sin por ello pagar un duro de más -o, mejor dicho, incluido en el precio-, fue Arrakis. Así que, si la memoria no me engaña, a mediados del año 97 me hice un sitio con HTML con el nombre de Íkaro. No, no tengo nada que ver con un grupo de ocultismo que luego usó ese mismo identificador. Entre los soportes de almacenamiento recuperados, mis tesoros perdidos, encontré los diseños originales. ¡Qué cutrada, por dios!


El que me conoce sabe que tengo un carácter volátil y que pronto me aburro de las cosas. También que tengo pocas ideas, así que recurro a las mismas de forma cíclica y reiterada para rellenar mi existencia (véase el caso de la filatelia). Así que, la primera web, la de Íkaro en Arrakis, dejó paso a otras, que también abandoné, hasta llegar a la que monté en Jazzfree. Ésta última, que se encuentra ahora en otro dominio distinto al original, es la que actualmente sigue pudiendo encontrarse en Internet si buscas por mi nombre. ¡Ojo! Antes de que te lances, advertirte que el complemento WOT de Firefox te avisa que la web es altamente peligrosa. Parece que el hospedador tiene muy mala reputación. Allá tú si te adentras para visitarla. Quedas avisado.

Esto sucedía, otra vez si mi memoria no me engaña, a finales del año 2000. Desde entonces, y ya hasta el 2005, no volvía a hacerme notar en Internet. Entonces ya pasé a las bitácoras o blogs. Había incorporado su utilización en el trabajo a finales del año anterior, para gestionar proyectos. ¿Pero qué mejor proyecto hay en la vida que uno mismo? Desde entonces y hasta la fecha, cada cierto tiempo he ido machacando las que iba creando para, acto seguido, hacer renacer otra reencarnación para contar, una vez más, las mismas batallas. Es que soy muy volátil y tengo un repertorio de conversación muy reducido, como sabrán los que me han venido siguiendo y los que me sufren desde hace tiempo.

Antes de pasar a los blogs volví a intentar crear una sitio web porque me había empecinado en desarrollar mi innegable talento como diseñador web. Repetí esfuerzo, pero me quedé pronto sin fuelle. Nunca llegué a subir lo poco que tenía hecho. Había decidido, por esas cosas que uno lee por ahí, usar el rimbombante término 'Centro Web de...'. Si no fuese por el hecho de defender a ultranza el derecho a errar y cometer estupideces, que ya van unas cuantas en mi vida, sentiría vergüenza de lo que acabo de confesar.



Tengo varios amigos que llevan con su presencia en la red desde hace unos cuantos años, lo que es una verdadera proeza de constancia y continuidad, merecedora de mi sincera y sana envidia. Yo me siento incapaz de mantener durante más de un año un mismo sitio. Puede que éste se convierta en excepción, cosa que a priori no creo. Para mí es heroico mantener un registro personal durante tanto tiempo. Dada a mi constancia por eliminar la versión anterior de mi bitácora, siempre da la sensación que soy un advenedizo. Aunque gracias al buscador de buscadores, y a la extraña persistencia del hospedador en mantener la web original, queda prueba de que yo me expuse en la red hace ya una década y que mi única constante es hacerme desaparecer cada ciento tiempo. Lo que tampoco sé si es tema de orgullo o una muestra más de mi inagotable capacidad para hacer tonterías.

Los diseños originales los guardaré para las futuras generaciones. Nunca se sabe con qué aberración de mi pasado querrán hacerme chantaje cuando esté forrado. O tal vez los pegue sobre unos lienzos y los venda a algún desviado japonés que lo considere arte. Nunca se sabe lo que pasará mañana.

lunes, 8 de junio de 2009

Alta definición a toda máquina: mi experiencia con el WD TV HD Media Player

La llegada de la alta definición a mi vida supuso uno de esos momentos de antes y después. En cierta medida, me ha hecho afortunado y desgraciado a partes iguales. En realidad me siento mucho más afortunado que desdichado por ella. Desgraciado porque, como el que prueba por primera vez la ambrosía de los dioses, ya no se conforma con menos. Contra mis deseos, me he convertido en sibarita de lo que introduzco por mis ojos. Si ya hacía muchísimo tiempo que ignoraba cualquier película que no viniese de una fuente DVD -audio y vídeo- y ocupase no menos de giga y medio (dos cd's), desde que pillé la PS3 ya no me preocupo en buscar nada -y rechazo todo- que no tenga la calidad de un Blu-Ray. Lo que significa, en la práctica, o comprarlos o desplazarme hasta el videoclub para alquilarlos y devolverlos no más de veinticuatro horas después. Algo que no deja de ser un poco coñazo si, como es mi caso, los videoclub que ofrecen películas en dicho formato están a no menos de seis kilómetros y obligan a usar medios de transporte impulsados por combustión de algún derivado del petróleo.

Soy afortunado, aunque me costó tiempo apreciarlo, porque al renunciar a meterme por los ojos cosas con cualquier calidad, como el que renuncia a comer comida basura cuando ha probado un buen solomillo en un restaurante con varias estrellas Michelin, tengo más tiempo para hacer otras cosas. Entre ellas, leer. Y eso, hay que agradecerlo. El símil puede resultar chocante o exagerado, pero he notado que cuando el cerebro no tiene que inventarse los detalles mínimos ni la definición de las líneas en la escena, descansa y disfruta más de lo que está viendo. Pruébalo y dime si no estoy en lo correcto. El problema es que llevamos tanto tiempo metiéndonos cualquier cosa que, al principio, el sentido de la vista se ve desbordado con tanta calidad.

Ante toda esta vomitada intencional, y antes de seguir, confieso que hay dos excepciones a la regla: las series de televisión y los documentales. Resulta complicado conseguir todas las series que veo en español y en alta definición y, si lo primero es complicado, conseguir documentales que cumplan las dos condiciones es ya casi ciencia ficción. En cualquier caso parece que la cosa está cambiando y, poco a poco, van apareciendo más contenido en alta definición de ambas categorías. Me lo estoy pasando pipa viendo la segunda temporada de Big Bang Theory en HD y sonido 5.1. No hay color.
Con estos pequeños momentos de absoluto placer visual era suficiente para ir tirando. Es difícil explicar la experiencia con palabras. Es lo mismo que intentar explicar a un perro, suponiéndole la capacidad del habla, que la del razonamiento, visto lo visto en el homo sapiens, empiezo a creer que no le falta, lo que son los colores cuando, en su vida de can, nunca ha logrado ver más allá de una reducida gama de grises. Es difícil hacer entender lo que significa para el cerebro ver una escena de acción en la que los mínimos detalles, como las letras de un letrero al final de una calle, o las arrugas de la piel del protagonista, resultan claramente visibles. Para saberlo hay que vivirlo y experimentarlo. Y si todo eso lo aderezas con sonido envolvente... Lo aconsejo. Hay veces que viendo tanto detalle te haces pis del gusto. ¡Y eso que mi televisión es solo HD Ready (720p)!

Decía que con estos pequeños momentos de placer visual me iba bien y estaba contento. Hasta que llegó, en mi cumpleaños, el reproductor de alta definición de Western Digital. Por 99 € es capaz de reproducir películas en alta definición full hd 1080p, con sonido envolvente DTS 5.1, que mi querido Mac Mini, el actual media center de mi salón, y que costó siete veces más, apenas es capaz de abrir. La calidad es brutal y no desmerece en nada a lo que ofrece un Blu-Ray. Mueve archivos de 16 Gb como si tuviesen apenas unos megas. Sin cortes ni interrupciones. Y las que hay son más bien achacables al disco duro externo, que el pobre está ya para la jubilación. Estoy pensando seriamente retirar el Mac Mini y venderlo o dedicarlo a otros menesteres. El WD TV HD Media Player es un producto altamente recomendable y, salvo por grabar algún que otro programa de la televisión, no necesitaría más. Poco más se puede decir de él salvo que el mando que trae, los dos puertos USB y el menú de uso son más que suficientes para tener un disfrute completo de la alta definición en un televisor que le haga justicia.

El gran problema, o uno de ellos, es proveerse de contenido que poder reproducir en cacharro. No me ha quedado más remedio que acudir, mientras la ley ampare estos comportamientos inmorales, a las mafias de vagos y maleantes que pululan por la red de redes. No me siento bien con ello, pero hasta que la industria no entienda que esto es lo que queremos los consumidores, no habrá otra forma de conseguir contenido en alta definición. Eso sí, ármate de paciencia porque los 8 Gb mínimos que debe tener una película para aprovechar el cacharro en cuestión no se descargan en una hora. Salvo que, claro, estés en un centro científico y/o universitario y el ancho de banda, subvencionado con el bolsillo de todos, y del que disfrutas, equivalga al de todos los ADSL juntos del municipio en el que vives. En ese caso te convertirás en proveedor de amistades y familiares. Hazte con un buen disco duro externo, que a 8 Gb la película, en lo que pestañeas, te has quedado sin espacio.

Recomendado.