miércoles, 11 de marzo de 2009

Un día en Palmitos Park, Pozo Izquierdo y Arinaga, acompañado por Sulaco

La semana pasada me reincorporé al trabajo después de una estupenda semana de vacaciones. Rara vez las semanas laborales tienen algo destacable, más allá del placer que pueda ocasionarme el trabajo, que reconozco que me gusta y disfruto. Así que poco puedo decir más allá del "lo habitual" que acompaña a este tipo de vivencias y, con ello, quedaría resumido todo. Bueno sí, esta semana nadie "ha finalizado su colaboración" con la empresa. Lo que siempre anima en tiempos de crisis.

Desde el lunes de la semana pasada estaba a la espera de concretar con Sulaco el día que iríamos a Palmitos Park, algo que tenía muchas ganas de hacer y que habíamos planteado desde que fuimos a las Dunas de Maspalomas para fotografiar el amanecer. O intentarlo. En mi caso, digo.

Al final, revisando y comprobando día sí, día también, las previsiones contradictorias del clima, acabamos yendo el domingo. A las nueve me recogió y, tras parada obligatoria para tomar un cortado, llegamos sobre las diez al lugar. Después de recorrer un tiempo que parecía infinito una carretera de cabras hasta llegar a la puerta de entrada. Ya echa para atrás visitar Palmitos Park el tener que adentrarse por esas carreteras tan mal señalizadas y en tal mal estado.

Flamencos

En las casi cuatro horas que estuvimos por allí, nos llovió (más bien chispó) encima unas cuatro o cinco veces. Una de ellas sin poder escondernos porque en el espectáculo de rapaces (no, no de banqueros, sino de aves), te prohibían expresamente levantarte del asiento. Supongo que para que el bicho no te confundiera con un suculento suricato y te arrancase los ojos. Resumiendo: una mierda de clima para visitar el parque.

El día estaba demasiado oscuro para aprovechar mi limitado equipo fotográfico, compuesto por mi adorada D200, mi mediocre 18-200 VR y el genial 10-20. El último no lo usé en todo el tiempo que estuve en Palmitos Park, por lo que la calidad de mis fotografías quedó limitada a las escasas capacidades que ofrece el 18-200 con ISO's de 400 para arriba de la D200. Y es por todos sabidos que la Gen 1 de Nikon digitales dejan mucho que desear en cuanto al ruido con las ISO's altas. Y 320 es ya una ISO alta en la D200. Mientras, el cabrito de Sulaco, con su Canon 50D, su Sigma 70-200 2.8 y su monopod, disparando todo el rato a ISO 100. Estaba acomplejado por el 'tamaño de su equipo'; para que luego digan que el 'tamaño no importa'. Si hay justicia divina, lo pagará muy caro... Habla la envidia, por supuesto.

Gibón

Intentando objetivizar la visita, lo que significa olvidar el inconveniente del clima, mi opinión es que la visita resulta cara. 18 € para los indígenas y 23 € para los guiris no me parece un precio adecuado ni atrayente. Y no compensan los espectáculos que se ofrecen. Tanto el de las aves rapaces como el de las aves exóticas me dejaron bastante frío. Sí, sí, sé que hacía frío, pero no me pareció tampoco algo espectacular y maravilloso, digno de estar recordando durante horas. El de los papagayos es el clásico y no paramos a verlo. Tampoco me resultaron interesantes el orquidiario ni la casa de las mariposas, que por cierto, y en el caso de ésta última, al entrar sientes que lo estás haciendo en una sauna. Con el cambio de temperatura y la humedad que había dentro, se empañaron los objetivos, y en mi caso, las gafas. Veremos cuánto cobran cuando terminen con las ampliaciones (habrá un delfinario y también nutrias). No había vuelto a visitar Palmitos Park desde el año 96. Y no sé si pasarán otros 12 años hasta que vuelva a entrar allí. ¿Tendré que pagar 200 € entonces? Claro que ahora me parece una cantidad exagerada, pero dentro de una década podría ser lo que te cuesta, santa crisis mediante, un paquete de chicles.

A destacar que echamos en falta la presencia de aves paseando libremente por el parque, como sí que había en mi última visita. Debe ser que la gente sólo llevaba el pan para pasar el día en el parque. La carne fresca con la que rellenar el bocadillo correteaba libremente por allí mismo. Y a base de robar a los pobres bichos, acabaron extinguiéndose. Es una suposición, claro. O eso o se estaban poniendo como cochinos con los resto que les daba todo cristo que pasaba por allí.

Espectáculo de aves rapaces

Cuando dejábamos el parque empezó a despejarse el cielo y a brillar, tímidamente, el astro rey. Dichosos microclimas. Con las tarjetas de memoria casi llenas y con el estómago quejándose por su vacío, la cosa pintaba en que no volvería para atras a repetir tomas. Mala suerte. Dentro de 10 años vuelvo. Y espero que haga mejor tiempo.

No me considero de los que sistemáticamente creen que 'el cesped del vecino siempre es más verde', pero no dejo de tener una actitud crítica sobre las cosas que vivo y me rodean (por ejemplo), que al cabo es lo que conozco de primera mano. También soy consciente de que no hay ningún sistema perfecto, pero es cierto que Holanda parece llevarnos la delantera en muchas cosas. Es por eso que me gusta escuchar lo que me cuenta Sulaco sobre cómo se organiza el sistema financiero hipotecario allí. Con eso, y otras muchas curiosidades relativas al país que lo ha adoptado, pasamos el almuerzo.

Con el estómago lleno e hiperdimensionado por una pizza del tamaño de un continente a la deriva, terminamos la ronda fotográfica acercándonos a Pozo Izquierdo, donde a falta de windsurfistas nos conformamos con los molinos. Tras lo cual, terminamos con una breve visita a Arinaga y un diluvio a la altura de El Goro, que nos obligó a concluir el recorrido cerca de las cinco y media de la tarde.

Molinos de Pozo Izquierdo

Para mí fue un buen día. Habrá que esperar a la valoración del compañero de andanzas. A ver dónde vamos en su próxima visita a la isla.

Es mi intención acercarme a devolverle la visita este año. Estaba barajando hacerlo en los primeros días de Semana Santa, aprovechando que mi mujer no coge vacaciones. En particular desde el viernes 3 al miércoles 8 de abril. Pero de los 350 € que cuesta el pasaje Gran Canaria - Amsterdam, 170 € se cargan en concepto de tasas de aeropuerto. Brutal. Esta semana espero volver a hablar con Sulaco y ver qué disponibilidad tendría esos días, aunque la crísis... digo, el horno, no está para bollos.

lunes, 9 de marzo de 2009

Mi experiencia con el calendario de Fotoprix

Hace bastante tiempo ya, comentaba lo contento que estaba con el Fotolibro de Fotoprix. Mi experiencia, hasta la fecha, y con varios libros acumulados, era muy positiva. También decía entonces que andaba buscando alternativas para Mac. Sin embargo, por aquello del "más vale malo conocido que bueno por conocer", he optado por seguir explotando durante un tiempo el software de Fotoprix, pero usando el VMWare, que tan buenos resultados me ha dado estos meses atrás para cosillas puntuales. Por si esta declaración creara dudas sobre mi paso al Universo Apple, que se tranquilice, estoy encantadísimo con Mac y con Leopard. Pero no soy idiota (creo). Si algo me funciona no voy a volverme loco buscando una alternativa para cambiarlo. Al menos de la noche a la mañana.

Pero esta entrada no es para hablar de los fotolibros, de Mac o de Windows. Es para comentar mi opinión sobre otro producto que ofrece -y se puede elaborar con el software de- Fotoprix. Hablo de los calendarios.


La oferta que tienen en cuanto a calendarios es variada; variando principalmente en el tamaño. Lo que, de paso, conlleva variación en el número de páginas y la distribución de las imágenes. Todo lógico, por supuesto. Como yo quería -mejor dicho, necesitaba- uno para el escritorio del trabajo, opté por el más pequeño. Huelga decir que, aún trabajando con un ordenador todo el día, disponer de un calendario de sobremesa es una gran ayuda. Y como la crisis parece haber empujado a que este año ningún proveedor/cliente nos haya enviado el suyo, opté por solicitar uno con mis propias fotografías. Y de paso otro para mi mujer, que tampoco había recibido ninguno. Como decía, opté por el más pequeño, de unos 14 x 12 cm. Del tamaño de la caja de un CD, para que te hagas una idea.

Como iba a regalar unos cuantos -aprovechando que solicitaba dos, solicité diez- quise elegir fotos que ya estuvieran publicadas en Flickr y que, además, hubiesen sido sacadas en el mes para el que eran elegidas. En todos los casos pude hacerlo, salvo para diciembre, que no encontraba ninguna -ya publicada- que me llamase la atención. La selección fue (pinchar sobre el mes para acceder a la foto): enero, febrero, marzo, abril, mayo, junio, julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre y diciembre. Todas ellas públicas en mi cuenta Flickr, como decía.

Paisaje grancanario

Al revisar el pedido tuve sentimientos encontrados. Por un lado, el resultado general es bueno. Me esperaba peor la parte de las imágenes, para ser franco. Sin embargo hubo dos de los calendarios que llegaron dañados en alguas de las páginas. Algo de lo que me di cuenta cuando ya estaba en casa separando cada uno para su destinatario. Nada tampoco para rasgarse las vestiduras, pero te jode -a mí me jode mucho- hacer un regalo y descubrir que no está todo lo cuidado que esperabas.

Volviendo al apartado de la calidad de las reproducciones, repito que yo me esperaba, sinceramente, algo mucho peor. En general la calidad, aunque con los tonos ligeramente apagados, reproduce bastante bien los colores originales (al menos los que originalmente veo en mi monitor).

Las hojas del calendario, impresas por ambas caras, se sienten sólidas, pero no acartonadas. Correctas en este apartado para lo que se puede esperar de un producto de este tipo.

En cuanto al calendario, las fechas, desgraciadamente, al ser una empresa nacional, tiene el inconveniente de no presentar los específicos de la comunidad, lo que puede ser un inconveniente. Un gran inconveniente si, como es mi caso, trabajas para una empresa de Madrid y, con calendario en una mano y el teléfono en otra, te pones a discutir sobre fechas de entrega y te olvidas que la siguiente semana tienes el festival de la legumbre marchosa que sólo se celebra en tu pueblo. Tu familia nunca te perdonará que los dejaras tirados para acabar un vulgar trabajo. Un rotulador rojo y marcar los festivos locales con un puntito o circulito puede ayudar. Es una chapuza, lo sé, pero es lo que hay.

Puesta de sol en Agaete

El otro apartado negativo es el precio. Si bien estoy muy contento con el resultado general, sí que me parece un poquitín caro. 9 € por un calendario de 6 páginas (no trae portada, como sí tienen sus hermanos mayores), me parece algo excesivo. Al pedir 10, la unidad se rebajó hasta los 8 €, lo que sigue siendo caro aunque, como pude hacer, disfrutase de un bono descuento del 15%. Aunque, como regalo o complemento de un regalo mayor, es un muy buen detalle, y bien se puede estirar uno un poco para pagar esos 9 €. La gente alucina cuando lo recibe.

La anécdota la pusieron los elegidos. Salvo mi mujer, que ya sabía de quién eran las fotos, todos, casi todos ellos familiares, repetían lo mismo: "¿Por qué no pusiste tu nombre en las fotos?". El del año que viene tendrá mi nombre, seguro.

Lo dicho, y para concluir, si te has visto que este año la crisis ha impedido que te regalen uno, siempre puedes hacértelo tú mismo por lo que estás dispuesto a gastarte en 2 cervezas, cuando sales a intentar ligar. Pero en este caso te dura todo un año. Menos te va a durar si no te das prisa en pedirlo ya.

En fin, es un producto recomendable.

domingo, 8 de marzo de 2009

'Metal Gear Solid 4'. ¡Compra! ¡Compra!

Desde que tengo la Playstation 3, no había encontrado ningún juego del que pudiese decir, sin discusión posible, "es una jodida obra de arte". Al menos en todos los aspectos que abarca un título para la nueva generación de consolas. Eso ha sido hasta tropezar con el 'Metal Gear Solid 4: Guns of the Patriots'.

Con la venta de 'Príncipe de Persia' y de 'El poder de la fuerza', saqué dinero, en forma de vale, que invertí, aunque no muy convencido al principio, en la cuarta entrega de la franquicia MGS. Y no me arrepiento lo más mínimo. El juego es una jodida obra de arte. Ahora sí que puedo decirlo.

Erróneamente creía que el juego era del tipo FPS, forma de jugar que no me gusta nada. No conocía las entregas anteriores y soy de los que prefieren ver siempre el machanguito correteando, saltando, golpeando, etc., etc., de un lado a otro. Creyendo que era del tipo FPS no estaba nada convencido de cambiar el vale por el juego, de segunda mano. Lo hice porque mi sobrino insistía en que había sido considerado uno de los mejores juegos del 2008. Y ahora entiendo porqué de tal consideración.

Existe la posibilidad de jugarlo como un FPS, si es el deseo del jugador, pero como más se disfruta es jugándolo en modo tercera persona, pasando a modo primera persona cuando tienes que apuntar con el arma. En especial cuando el arma en cuestión se trata de un rifle de francotirador. Y poco más.

No es el típico mata mata. Hay fases que te puedes pasar sin haber disparado apenas, porque de lo que se trata es de aprovechar el traje de última generación, talla exclusiva, para pasar completamente desapercibido camuflándote con el entorno. Yo quiero uno igual para las próximas navidades. Si te pasas con el gatillo, el personaje sufre en sus carnes los cargos de conciencia.

A mí me llevó unas veintipico horas terminarlo. Claro que yo me tragué absolutamente todos, que son muchos y muy largos, los vídeos que acompañan al juego y que te van contando la historia de los personajes y del contexto social en el que se encuentran. Es una película de animación. Aún así, el juego, la parte en que tú participas, es lo suficientemente largo y variado como para no aburrirte lo más mínimo. Como anécdota, porque el juego te lo va indicando entre acto y acto, de todo ese tiempo pasé unas tres horas desplazándome agachado; otras tres horas arrastrándome, lo que permite alcanzar índices de camuflaje o invisibilidad de hasta un 95%, y mucho tiempo pegado, cual lagartija, a una pared para no ser visto. Es una gozada ver cómo el traje adquiere la textura del entorno cuando te detienes un momento para que se recalibre.

Decía que el juego tiene muchas animaciones. Y es que tiene un enfoque de pelícua que llama muchísimo la atención desde el principio. Sorprende que los dos primeros minutos y medios te los pases haciendo zapping de programas de televisión, muy raros, aunque al final resulta hasta curioso (un estilo a lo que encontrabas viendo la película 'Robocop'). Puede cansar que, a veces, entre acción y acción, te puedas tirar media hora viendo vídeos de la historia. Aunque no es obligatorio tragarselos, si lo tuyo es actuar y no pensar. Otro apartado a destacar es su banda sonora, que es simple y llanamente acojonante. Si hubiese Oscars de los videojuegos (y justicia divina), este juego se debería llevar el premio, al menos, a su banda sonora.

Podría seguir soltando parrafadas sobre la cantidad de detalles que tiene el juego, como lo del iPod que puedes llevar encima o lo de las Playboys que vas encontrando durante el juego, pero creo que será mejor que lo averigües por ti mismo. Si tienes una PS3, y aún no lo tienes en tu poder, has de saber que esta semana ha salido a la venta en edición Platinum. Es el momento de hacerte con tu copia. No te arrepentirás. ¡Cómpralo! ¡Ya! Y si aún no estás convencido, aquí tienes un trailer que merece la pena ver. Por si el vídeo que ya enlacé antes aún no te ha convencido. Para mí ha pasado a formar parte de los mejores juegos de la historia. De lo único que me arrepiento es de no haberlo conseguido antes. Es que lo he disfrutado como un marrano en un charco.

Y si no tienes una PS3, además de por las películas en Blu-Ray, este juego puede ser la excusa perfecta para hacerte con una. Tampoco te arrepentirás.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Resumen de la semana pasada, semana de vacaciones

Los miércoles suele ser el día reservado para el anecdotario personal; aunque también caben las cosas -¿cómo no?- que me de la gana contar. Así que hoy he decidido aburrir con un resumen breve (cuando la brevedad nos es una de mis virtudes), sobre las boberías que hice durante la última semana de febrero, que cogí de vacaciones a cuenta de días que aún me quedaban de 2008. Y me siguen quedando otros dos que, crisis mediante y si llego contratado, tomaré en Semana Santa.

Como todas las semanas de vacaciones que se toman completas, no empiezan en lunes, ni en el domingo anglosajón, empiezan el viernes justo de la semana anterior. Siempre y cuando no tenga que trabajar en fin de semana, que no es mi caso. Debo decir que mis vacaciones, o sea el viernes, empezaron ligeramente mal. Estando ya en casa preparándome para una buen masaje, me entero que en la central habían despedido, crisis maldita, a una persona a la que tengo en alta estima. Una verdadera lástima, pero sospecho que no tendrá difícil, con su alta cualificación, encontrar otro buen trabajo.

Ya contando los días de vacaciones, que en la empresa para la que tengo el placer de trabajar se cuentan únicamente los laborales, el lunes acompañé al amigo Luis a sacar fotos en el Jardín Canario. Cada cierto tiempo me gusta visitarlo, el jardín que no al amigo; aunque la vegetación suele tener la mala costumbre de no cambiar demasiado con los años. Al menos de forma marcadamente brutal. De esa manera que te hacen exclamar, "¡coño! ¡qué gordo estás!".

Allí, además de subir tantas escaleras que pensaba que perdería el conocimiento de un momento a otro, y a saber lo que habría hecho el degenerado de mi amigo encontrándome inerme tumbado, tenté nuevamente la suerte con la técnica macro, haciendo uso del Nikkor 105 f/2.8 que heredé de mi padre, quien ha tomado la sabia decisión de no esperar a diñarla para hacerme entrega de él. Lo que, además, le permite disfrutar de las fotos que hago en vida.

Para esta entrada elegí un par de intentos:

Macro en el Jardín Canario

Arañas "partiéndose la cara" en el Jardín Canario

Con la primera tuve el acierto de usar el trípode, con una rótula un tanto exasperante que tiene mecanismos independientes para mover en cada uno de los tres ejes. Lo que, como digo, puede llegar a ser algo exasperante. En cuanto a la segunda fue un intento, otra vez infructuoso, de hacer una fotografía macro a pulso de dos arañas que, a simple vista, no existían; pero que parecían estar dándose el lote. En realidad la que parecía darse el lote era la del culo gordo. Sospecho que la otra ya estaba más tiesa que el trozo de carne que sueles olvidar al fondo del cajón del congelador durante tres meses. De vez en cuando se la veía mover una patilla en un fútil intento de oponerse a que sus jugos viales fueran traspasados, por dedicada y decidida absorción, a su prima.

Saliéndome ligeramente del tema, nada más incorporarme esta semana al trabajo, me he llevado la grata sorpresa de recibir un flickrcorreo pidiéndome permiso para usar la primera foto en la revista Jardinería Profesional. Mentarán mi autoría y me remitirán un ejemplar por correo. Si es que al final la usan. Pero la usen o no, no deja de ser un motivo para hincharme el ego a lo Nacho Vidal.

El martes, festivo en Las Palmas, resacado por acostarme bastante tarde (¿las tres de la madrugada puede considerarse tarde o temprano?), opté por quedarme en casa trabajando en el fotolibro de París, que a este ritmo terminaré dentro de otros dos años. Ya no te digo el de La Gomera, que aún no he terminado de posprocesar las imágenes en formato NEF. Paciencia, querida esposa, paciencia.

Reflejos en La Caja

El miércoles arriesgué mi propia vida yendo en transporte público hasta Arinaga, que tiene un paseo marítimo espléndido para pasear, preferiblemente en un día soleado como el que tuve suerte de vivir, y que tiene sitios donde se podría obtener alguna imagen interesante. Pero aunque esta semana podría calificarse de semana temática de la fotografía, no llevé la cámara conmigo. Iba a recibir, y recibí, un magistral masaje de manos de Jenny. Dos horas recolocándome músculos y huesos de cuya existencia mi parte consciente se negaba a reconocer. Principalmente porque si les presto asunto me doy cuenta que no están donde deberían y, lo quieras o no, duele. Mucho.

Jueves y viernes repetí la misma rutina, aproximadamente. Me levanté a la misma hora en que me levanto cuando voy a trabajar. Desayuné con mi preciosa mujer, tal como desayuno cada dia. Me vestí y cogí la guagua que suelo coger, con ella, para ir a trabajar. Una vez en el Teatro ella se dirigió a su trabajo y yo me dediqué a pasear por Triana, primero, y luego a recorrer toda la avenida hasta Las Alcaravaneras. Y volver hasta el Teatro. Según el googlimapímetro eso son unos 10 km. No es raro que el viernes tuviese una ampolla en el talón izquierdo que me dolía una barbaridad.


Salvo el trípode (a ver el gracioso que hace un chiste con "trípode" y "ampolla"), iba con todo el equipo fotográfico cargado a la espalda. Ya he dicho antes que esa semana iba a ser la semana temática de la fotografía; y salvo por un par de días, lo cumplí.

La bella y la bestia del Parque Doramas

Una verdadera lástima que fuesen un par de días con calima, lo que dificultaba obtener fotografías nítidas de los barcos que desde hace bastante tiempo tienen por hábito fondear en la costa, frente a la Avenida Marítima.

Si nada se tuerce, este próximo domingo iré con el amigo Sulaco a echar unas fotos a Palmitos Park y, en apenas unas cinco semanas más, volveré a tener vacaciones. En Semana Santa espero volver a perderme por la ciudad, incluso más lejos, a seguir exprimiendo el obturador de mi adorada D200. ¿Alguien que quiera apuntarse?

En el apartado consumista extremo, ese que me caracteriza y que demuestra que soy hijo de quien soy hijo, me arrojé a Media Markt a comprar un disco duro externo de un terabyte que ya tengo casi completamente lleno, principalmente con la copia de seguridad de fotos y tropecientos documentales que mi padre me envía, grabados del satélite, y también malgasté en algún que otro electrodoméstico dedicado al ocio que no merece la pena ser mentado, de momento.

A lo único que lamento no haber podido dedicar más tiempo es a visitar a amigos que hace tiempo que no veo. Bueno, en Semana Santa, habrá más.

lunes, 2 de marzo de 2009

Mi experiencia con la Nikon D200

He estado repasando los artículos publicados hasta la fecha y no he visto que haya hablado, ningún lunes pasado, día que suelo emplear para estas cosas, aburriéndoles con mi experiencia personal con la Nikon D200. Anotar que como primer recurso he enlazo el análisis de Quésabesde, en lugar de lo habitual, que sería enlazar al artículo de la Wikipedia, porque creo que me lo leí como diez veces antes de decidirme. Ése y también el artículo del admirable Frikosal, más el artículo del 'chuck norris' de Ken Rockwell, que empezaba con "My D200 is the best digital camera I've ever owned". Leí y releí hasta la saciedad para autoconvencerme de que debía comprarme la D200 y dejar de sufrir, con la indecisión, por las noches.

Así que, tras hablarlo con mi querida esposa, con la que intento consensuar todos los gastos domésticos de cierta importancia, y que generalmente se corresponden con caprichos asociados al capítulo de mis gastos, compré la cámara en Barcelona. La víspera del vuelo a Egipto. En Barcelona porque unos días antes, en Las Palmas, habían vendido la última que les quedaba. Eso me dijo la chica que me atendió: "¡Vaya! Esta semana hemos vendido las que teníamos y hace dos días vendimos la última". Eso fue después de un mes viéndolas en el estante de El Corte Inglés y que nadie se las llevaba. Pagué por ella 100 € más de los que hubiera pagado de haberla comprado cerca de mi casa. Pero hasta la fecha no me he arrepentido. Ni lo más mínimo. Por cierto, en Barcelona era la última que les quedaba.

Durante el vuelo de ida hasta Asuán fui leyendo el manual, enorme, para intentar comprender las tropecientas mil funciones que ofrecía la cámara y poder hacer uso de ella nada más aterrizar. Abrumado por tanta información y por las ganas de usarla desesperadamente, básicamente la usé en modo automático. A día de hoy aún no he conseguido aprender a usarla al completo. Tiene tantas funciones y opciones que he optado por tomármelo con calma. Tanta calma que hace poco me las vi y deseé para hacer unas fotos usando la opción de bracketing. Sin tener el manual cerca. Dominar y conocer en profundidad esta cámara requeriría mucho tiempo y mucha dedicación. Y no dejo de ser un aficionado con pretensiones, por lo que, como decía hace un momento, opté por tomármelo con mucha calma. Ya iré y seguiré aprendiendo. Pero el balance de blancos es una espinita que tengo clavada en lo más profundo...

Soy consciente que la falta de un conocimiento más profundo de la máquina y una general ausencia de lentes de alta calidad, hacen que infrautilice la cámara, no sacándole todo el provecho posible a la misma. No pienso cambiar de cámara pronto, pero sí ir comprando mejores objetivos de los que dispongo a día de hoy, así que tiempo al tiempo. La D200 es una inversión a medio/largo plazo. Espero que me aguante unos dos, tres o cuatro años más, antes de dar el salto a otra cámara Nikon (por eso de seguir aprovechando las lentes que haya comprado hasta la fecha). De hecho ya he colocado alguna en la C.R.M., que desde hace unos meses acompaña a la derecha mi bitácora personal. Se acerca mi cumpleaños, han de saber. Los objetivos que estoy deseando, a día de hoy, están pensadas para mi probable futuro salto, cuando toque, a los sensores de tamaño completo, como el de la Nikon D700. Aunque para entonces imagino que andaremos, crisis mediante, por la D900.

Hoy es un día especialmente bueno para hablar de mi Nikon D200, porque hoy hace, precisamente, dos años justos que la compré y pasó a formar parte de mi familia de gadgets. La sensación de solidez que transmite al cogerla sigue siendo la misma. Es, la cojas por donde la cojas, y la mires por donde la mires, un material que transmite robustez. Tengo la firme convicción que si se la tiras a alguien a la cabeza, recuperarás la cámara en perfecto estado y habrás conseguido detener al que intentaba robártela. Aunque la robustez se paga. Caro. Es una cámara que pesa lo suyo. Más si le sumas un objetivo mínimamente bueno y el MB-D200, que llevo siempre con ella. La suma de todo puede llegar a los 2 Kg. Lo que es mucho para llevarla siempre con uno. Lo que, sin embargo, intento hacer en la medida de lo posible: muchísimas veces salgo con ella metida en la cartera en la que llevo los tupers para el almuerzo y el libro que me acompaña en el transporte público. Para alguien que se mueve mayoritariamente en guagua es una hazaña cargar todo el santo día con 2 Kg de más.

El muelle de Las Palmas desde Las Alcaravaneras

En el apartado de imagen, los resultados, en general, son siempre muy bueno y satisfactorios, y su respuesta en diferentes condiciones de luz es estupenda. Únicamente no contar con mejores objetivos, y un conocimiento mucho más amplio en técnica fotográfica, minan lo que se podría obtener de esta estupenda y magnífica cámara y de su sensor de 10 megapíxeles. ¿Quién necesita mas de esa cantidad?

Eso sí, el flash que incorpora es un pelín caca. Resuelve bien las situaciones de poca luz, pero es tan corto que con muchos objetivos no se puede usar. Crea sombras horribles. Para evitar recurrir a él casi siempre llevo conmigo, aunque sea a plena luz del día, el SB-800. Incluso como flash de relleno.

Aunque ya aparece descatalogada en muchos sitios, aún se puede conseguir por unos 800 o 900 €, lo que resulta bastante atractivo si no quieres invertir en la D300, por unos 500 o 600 € más. Ese dinero se puede invertir en una buena lente y saldrás ganando. Dicho de otra forma, por el precio que puede costar la D300 más un objetivo de uso genérico, como el 18-200 mm, perfectamente te puedes pillar la D200 y un buen zoom de rango intermedio. Aunque, para serte completamente franco, si puedes permitirte la D300 y el zoom de rango intermedio, lánzate. Las prestaciones adicionales que tiene la D300 valen esos 500 € de más. Y, si prefieres invertir ese dinero en un viaje, siempre puedes ir a Andorra y pillarla allí, que por 1000 € la puedes encontrar. No es mal plan, ¿no? Fin de semana en Barcelona, paseo hasta Andorra con coche alquilado, y cámara cojonuda, por el mismo precio que te vendría costando en Las Palmas (siempre que esperes a alguna oferta en vuelos, claro).

domingo, 1 de marzo de 2009

'Príncipe de Persia'. Alquilar, no comprar.

Lamentablemente no puedo decir que no me haya decepcionado, un poco, el nuevo capítulo de la saga 'Príncipe de Persia'. Tenía grandes expectativas puestas en él. Nueva generación de consolas. Mejores motores gráficos. Estilo de juego preciosista. Buenos argumentos. Herencia de una de las mejores sagas de juegos, para mi gusto. Tener de referente a 'Las arenas del tiempo', uno de los mejores juegos de la generación de consolas anteriores, nuevamente para mi gusto. Muchos indicadores de que podría esperar un buen juego. De esos que marcan la diferencia.

Aunque en los últimos meses haya cometido en un par de ocasiones el mismo error, no suelo adquirir los títulos hasta pasado ya mucho tiempo, cuando el precio haya bajado significativamente. No ha sido así con el nuevo príncipe, de cuyo estilo gráfico me enamoré en cuanto vi el primer trailer. Lo pedí, y puse bastante alto, en mi C.R.M. (que estuvo mucho tiempo en el lateral derecho, para aquellos que prestaron algo de atención). Y el día de reyes lo conté entre los trofeos adquiridos por ser tan buena persona.

Desde mi punto de vista, el juego en cuestión redefine el concepto de arte en los videojuegos. Es, en una sola palabra, hermoso. Disfruté como un enano de los paisajes y la riqueza visual de todos los personajes. La banda sonora está muy bien, también. La historia está bien diseñada y es redonda, preparando la llegada de la segunda parte de esta nueva trilogía. En todos estos apartados el trabajo es digno de admiración, pudiendo decir poco más que se debe -e invito- experimentar por uno mismo.

Y hasta aquí lo bueno (que no es poco). Por desgracia, el juego es realmente monótono, que es al final lo importante. Da igual si el juego es una obra de arte pictórica que, si no es jugable o no consigue enganchar, da igual todo lo demás. Leí por alguna parte que lo calificaban de abierto. No estoy de acuerdo con ello. Para mí, abierto sería algo como GTA IV. En el príncipe tienes la posibilidad de desbloquear cuatro poderes de Elika, el personaje que te acompaña. Según el que elijas desbloquear cuando hayas recolectado la cantidad suficiente de semillas de luz, tendrás que liberar antes o después los diferentes terrenos fértiles, concepto con el que definen los puntos del universo del juego hasta los que tendrás que llegar para luchar contra el bicho chungo de final de fase y que, permitirá restablecer el equilibro orgánico-cósmico de esa zona. Y punto. Ahí acaba la libertad de elección en este juego.

Se han centrado mucho en las capacidades acrobáticas de los personajes, que dan saltitos y caminan por paredes y techos hasta dar la impresión que la gravedad no les afecta como al resto. Así que, para pasar de un desnivel a otro (no deja de ser un juego de plataformas) tienes que ir pulsando una serie de botones según en la situación en que te encuentres. Pero esa combinación es siempre la misma. Da igual las veces que pases por el mismo sitio, que para llegar al otro extremo de, pongamos por ejemplo, un pasillo, deberás pulsar siempre equis, equis, círculo, equis, círculo, círculo, triángulo, círculo, equis, equis... Siempre igual para el mismo par de puntos. Y mientras, ves al machango, muy bonito, eso sí, hacer sus acrobacias imposibles, agarrarse de anillas que no se sabe muy bien cómo acabaron ahí, o brincar, gracia a los poderes de la chica-compañía, igual de acróbata, de un lado a otro de un acantilado por arte de una magia mística muy chula, colorista y, en resumen, vistosa. Y se acabó.

El componente beat'em up o de lucha que había en títulos anteriores de la saga es casi nulo. De vez en cuando te tropiezas con un monstruito con muy mala baba que no cuesta demasiado vencer, nuevamente con efectos visuales espectaculares, eso sí, y a seguir con combinaciones de botones para alcanzar otra plataforma o superficie horizontal. A veces ni siquiera tienes que luchar. Basta con llegar a la plataforma antes de que se haya terminado de generar el ser maligno, salido de una suerte de agujero de gusano conectado con el infierno, para con, un simple certero golpe, hacerlo desvanecer completamente. Estos bichos únicamente aparecen en las fronteras entre dos zonas fértiles. Siempre que no la hayas regenerado ya. Así que, si no cuentas estos enemigos, que la mayoría de las veces eliminas antes de terminar de aparecer, las únicas peleas dignas de mención son con los antes mencionados enemigos finales de fase. Hay cuatro, uno por cada una de las cuatro zonas en las que se divide el mundo del juego.

En el apartado de los puzzles, salvo uno, que me tuvo un ratito pensando, el resto son de risa. Y en cuanto al problema de intentar averiguar por dónde ir, que en títulos anteriores podía ser un reto, resulta imposible perderse. Ahora le pides ayuda a Elika (pulsando triángulo) y ella te enseña, otra vez con efectos visuales preciosos, por dónde tienes que ir. Fácil. Eso sin contar que ya no puedes morir, por muy burro que quieras ser. Ella estará siempre ahí para recogerte y llevarte a la última plataforma horizontal sobre la que hubieras puesto el pie anteriormente.

En cuanto a duración, no llevé muy bien el control de tiempo, pero creo que no llegó a las diez horas acabarlo. Realmente poco. Poquísimo. Más aún para un juego que podía haber dado muchísimo más de sí. Una verdadera pena, porque el juego es toda una experiencia visual de principio a fin. Es un lujo disfrutar de los paisajes, aunque sepas que son totalmente sintéticos. Subir a los puntos más altos y asomarte y ver la cantidad de color y movimiento. Pero entre lo poco que dura y lo aburrido que resulta, acaba dejándote un regusto amargo.

Se ve que se han dado cuenta de tanta crítica en estos aspectos que han sacado un 'Epílogo' que podrás descargar en tu consola. Pasando por caja primero. Yo vendí mi copia nada más terminarlo (por unos asquerosos 26 €; aunque menos es nada). Sabía que no volvería a jugar. Tal vez, si el 'Epílogo' recibe buena crítica, y no se les va la olla con el precio, lo alquile por un fin de semana, compre y juegue ese extra. En cualquier caso ya se verá cuando llegue el momento.

En resumen: aburrido. Y, para no aburrirte más, comentarte que no merece la pena comprarlo -salvo que esté por debajo de 10 € cuando leas esto-, pero que, si tienes ganas de disfrutar de su apartado visual, lo que sí que recomiendo, siempre podrás alquilarlo.

El regusto amargo es doble, porque no puedo dejar de compararlo con 'Las arenas del tiempo'. Ese sí fue un grandísimo juego de la franquicia. Lamenté mucho deshacerme de él cuando vendí la PS2. Por cierto, leyendo un post relacionado con el origen de la saga, del amigo Adastra, y luego repasando el artículo de la Wikipedia que enlazo al principio, me entero y confirmo que habrá una película basada en dicho juego. Prevista, causa de demoras, para mediados del año que viene. Miedo me dan estas adaptaciones, pero habrá que ver cómo han adaptado a la gran pantalla la historia de esta maravilla de juego. Aunque viendo el trailer que hay en YouTube me parece que esperaré a que la saquen en el videoclub. No sea que entre la decepción de éste juego y la película, acabe odiando profundamente la existencia de toda forma de Príncipe de Persia.

viernes, 27 de febrero de 2009

Tardes de sofá: 'Criando malvas', primera temporada, muy recomendable

Hace ya unas cuantas semanas, meses tal vez, que terminé de ver la primera temporada de 'Criando malvas'. Recuerdo perfectamente que obtuve, siempre por medios legales, el primer capítulo de la serie porque la sinopsis resultaba curiosa, pero con la firme sospecha de que no pasaría de ahí. Como en muchas otras ocasiones, me equivoqué.

El regusto que dejó tras ver el primer capítulo de la serie fue muy parecido, salvando las debidas y prudenciales distancias, claro está, al que me dejó en su momento disfrutar de la genial película 'Big Fish', del irregular Tim Burton. Película que, por cierto, si no has visto, te recomiendo que lo hagas ya, sin demora. Está en formato Blu-Ray, si quieres más información inútil.

Una serie curiosa, volviendo al tema principal, cándida por momentos, con situaciones y diálogos entretenidos, y en ocasiones brillantes, con unos personas extraños y singulares, y aderezada con momentos de buen humor negro, ese que tanto me gusta.

Si eres una persona honrada, de esas pocas que hay que tanto aprecia el gobierno y los grupos de intereses contra las descargas legales y que representan a los pobres y desvalidos autores, deberías ir a tu proveedor habitual de material original y comprarla. No te supondrá un gran desembolso. Nueve episodios que te harán pasar un muy buen rato y que merecen la pena pagar por ellos. Ahora bien, si eres, como el resto del vulgo, vulgar, de ordinario algo irrespetuoso con la propiedad de otros, y de moral un tanto distraida, tienes a tu disposición multitud de fuentes, siempre alimentadas por las malignas mafias del pé-dos-pé, desde las que podrás obtener cada uno de los episodios, aún de forma legal, claro.

¡Hala! Ya tienes otra excusa para no dar ni palo otro fin de semana más. De seguro que las cucarachas, que se alimentan de los alimentos fosilisados que quedan después de comer en el sofá, ya habrán eregido un monumento a tu persoma. Al menos habrás hecho algo bueno por algún ser vivo. Aunque ese ser vivo no sea tu pareja (si aún te aguanta después de tanto tiempo de tocarte el ombligo).

Y si después del atracón de la primera temporada, no quieres esperar a que emitan la segunda temporada doblada al español, siempre puedes recurrir a las mismas redes de proveedores inmorales para hacerte con la versión original subtitulada. Que ya va por la decena de capítulos. O más.

Actualización: Comenta el amigo Sulaco que han cancelado la segunda temporada en el capítulo 10. Pues nada. Te sigue quedando los nueve de la primera temporada y los diez, tal vez trece, de la segunda. A disfrutarla.